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La 32ª edición de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Salamanca ya es historia antes de haber comenzado. La confirmación definitiva de la suspensión por parte del Ayuntamiento ha certificado la muerte anunciada de uno de los eventos culturales más emblemáticos y de mayor calidad del país.

Lo que durante más de tres décadas se erigió como un hito imprescindible en el corazón del ágora salmantina ha saltado por los aires tras un enfrentamiento frontal entre el equipo de Gobierno municipal y el Colectivo de Librerías Anticuarias Salmantinas.

Desde el mostrador de 'La Nave, Librería Anticuaria', en el número 14 de la monumental calle Compañía, Miguel Ángel Cortés y Sergio encarnan la indignación y la tristeza de todo un gremio.

Para ellos, no se ha tratado de una cuestión de terquedad ni de dinero, sino de la defensa firme de la dignidad de su oficio y del estatus cultural de la ciudad.

Miguel Ángel y Sergio, propietarios de la Librería anticuaria 'La Nave', en la mesa, el cartel para la recogida de firmas en defensa de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión. EE.

"A mediados de junio, el Ayuntamiento se puso en contacto con nosotros para comunicarnos su intención firme de reducir la feria de 16 días a nueve, o diez como mucho, si nos quedábamos en la Plaza Mayor. Si nos queríamos salir e irnos a la Plaza de los Bandos, nos mantenían los 16 días", detalla Miguel Ángel Cortés.

La propuesta municipal escondía, según los libreros, una trampa inviable para la supervivencia del evento.

Los Bandos ya se probó en los orígenes de la cita con resultados nefastos, hasta que la alcaldía de Julián Lanzarote decidió trasladarla al coso salmantino para consolidar su categoría, una senda que continuó Alfonso Fernández Mañueco reconociendo que era la actividad en la plaza con mayor respaldo ciudadano.

La trampa de las subvenciones y la pérdida de calidad

Ante la firme negativa de las 18 librerías tradicionales que participaban el año pasado, el Consistorio lanzó una primera convocatoria que fue un absoluto fracaso: solo se inscribieron seis participantes, de las cuales solo una era salmantina.

Para intentar frenar la sangría, el Ayuntamiento "se sacó de la manga" una rebaja del 50 % en el coste de las casetas, un gesto que lejos de calmar las aguas fue percibido como un insulto al problema de fondo.

"Subvencionar las casetas no es la forma correcta de resolver este conflicto", lamenta Cortés.

"Iban a terminar vendiendo un sucedáneo, un trampantojo de lo que fue. Venir desde Barcelona o Alicante para estar cinco o siete días no cubre los portes, el alojamiento ni la manutención. Para los compañeros de fuera es insostenible, palman dinero. Conseguir que vinieran a Salamanca librerías que hacen el Salón del Libro Antiguo de Madrid o de París era casi un milagro, y con esta medida se lo cargan todo".

"Para los compañeros de fuera, venir cinco o siete días es insostenible; es una locura pensar que se puede mantener una feria de calidad en esas condiciones"

En la misma línea se manifiesta Sergio, copropietario de 'La Nave', señalando la falta de realismo que muestra la administración hacia la logística de los profesionales de otras provincias.

"En otras ciudades como Santander o Valladolid están ampliando días de feria porque saben que funciona, y aquí la reducían hasta convertirla en la más corta de España. Si te envían a la esquina de los Bandos, la gente no cruza ni se mantiene la caja. Salir de tu tienda para no cubrir costes no tiene ningún sentido".

Modelos de ciudad: cultura o 'photocall'

Detrás de este desencuentro subyace un profundo debate sobre el modelo de ciudad y el uso de la Plaza Mayor. Los libreros sostienen que el Ayuntamiento ha decidido priorizar un turismo de masas de paso rápido, terrazas y eventos efímeros, desplazando a la cultura tradicional.

«Hay un giro en el equipo de gobierno hacia la obsesión por sacarnos de la plaza», sentencia Miguel Ángel Cortés.

Miguel Ángel Cortés propietario de la Librería anticuaria 'La Nave'. EE.

"Quienes quieren llenar la Plaza Mayor simplemente de turistas y terrazas y vaciarla de ciudadanos, como si fuese un photocall, defienden sin darse cuenta un turismo agorafóbico. Nuestra propuesta es un turismo agorafílico, que no destruya ni encarezca la vida de quienes vivimos en ella", señalan.

"Un visitante que viene a la feria del libro se queda tres o cuatro días, gasta en la ciudad y respeta el entorno. Las riadas de autobuses de 30.000 personas de golpe no dejan nada en los pequeños comercios y solo saturan el centro", añade Miguel Ángel.

"Defienden un turismo agorafóbico de photocall y terrazas; nosotros apostamos por un turismo que de verdad viva la cultura y respete a la ciudad"

Tampoco convencen al gremio las excusas sobre el presunto "impacto visual" o el espacio ocupado por las infraestructuras de la feria en el monumento. El colectivo llegó a presentar una alternativa técnica de rediseño que fue ignorada de plano por los responsables municipales.

"Les propusimos girar las casetas hacia fuera e instalarlas de forma convergente. Con eso se reducía a más de la mitad la superficie ocupada —más de 1.200 metros cuadrados menos— y se eliminaban las partes traseras que criticaban. Ni siquiera quisieron entrar a valorarlo", recrimina Cortés.

Resistencia frente a los gigantes del algoritmo

La suspensión de la cita salmantina no solo hiere la oferta cultural local, sino que asesta un duro golpe a la resistencia del comercio del libro de segunda mano frente a las plataformas digitales. Un mercado que, según advierten desde 'La Nave', atraviesa un momento crítico por la irrupción de macroalmacenes automatizados.

"El mercado del libro antiguo está acosado por empresas tipo Amazon que sustituyen trabajadores por robots que trepan por las paredes para coger un volumen", explica Miguel Ángel.

"Las ferias en la calle son uno de los pocos espacios de resistencia que nos quedan a las librerías físicas. 'La Nave' era la única feria que hacíamos en todo el año; nos tirábamos cuatro o cinco meses preparándola, seleccionando material exclusivo y decorando la caseta para estar a la altura del espacio. Que el propio Ayuntamiento decida destruirla por una mala apuesta política nos resulta inconcebible y tremendamente triste".

Con el respaldo de más de 60 librerías de toda España, miles de firmas ciudadanas y decenas de personalidades de la cultura, catedráticos y miembros de la Real Academia, las librerías anticuarias de Salamanca mantienen su dignidad intacta.

La 32ª Feria del Libro Antiguo no se celebrará este otoño, pero el debate sobre qué tipo de patrimonio y cultura quiere exhibir la capital del Tormes en su espacio más sagrado queda más abierto que nunca.