La Plaza Mayor de Salamanca se ha convertido este 8 de septiembre en el gran escenario de un pregón histórico para dar el pistoletazo de salida a las Ferias y Fiestas en honor a la Virgen de la Vega.
Tras la misa solemne en la Catedral, la polifacética actriz y cantante Guadalupe Lancho se ha reencontrado con sus paisanos desde el escenario para los conciertos y eventos de la feria, en lugar del tradicional balcón consistorial —como en anteriores ocasiones—, acompañado por la música de la Banda Municipal y un cuidado despliegue escenográfico.
Visiblemente conmovida en un día muy especial en el que celebraba además su santo, Lancho ha cambiado el tradicional balcón del Ayuntamiento para hablar a los salmantinos desde las tablas de la plaza, un lugar que ha calificado como "el espacio más hermoso al que puede aspirar un charro" y donde lo íntimo y lo colectivo se dan la mano.
En un emotivo discurso impregnado de metáforas sobre el arte, la familia y el retorno a las raíces, la artista se ha definido como "la manzana que cayó un poquito más lejos del árbol", recordando su decisión de volar fuera de las fronteras salmantinas para desplegar su carrera artística en los escenarios de media España y México.
Guadalupe Lancho junto al alcalde de Salamanca, Carlos García Carbayo y el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco.
Ante sus vecinos y su propia madre, Mari Cruz, 'Pupe' —como la siguen llamando con cariño sus amigos de la infancia en la capital— ha querido rendir un homenaje sincero a la primera generación de su clan, sus padres extremeños, quienes llegaron a Salamanca buscando un futuro de oportunidades para sus cuatro hijas.
Lancho ha dedicado palabras de profundo reconocimiento a las mujeres que la precedieron y al valor de las artes escénicas para revelar la vulnerabilidad humana, al tiempo que ha hecho un guiño a sus vivencias universitarias en la Pontificia, sus primeros pasos en las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús o sus recuerdos de juventud en rincones míticos como el Corrillo, la cueva del Jazz o el ambiente del Paseo del Rollo.
La pregonera ha reservado un espacio de su alocución para reinterpretar con un punto de humor y filosofía uno de los grandes símbolos de la ciudad, la emblemática rana de la fachada de la Universidad.
Para Lancho, la figura sobre la calavera no es solo una advertencia, sino la prueba de que nada hay más valioso que ser fiel a la propia naturaleza y transformarse sin miedo: "Una rana no se resiste a ser quien es; vive, deja vivir y canta, ¡siempre canta!".
Haciendo un encendido llamamiento a proteger el patrimonio cultural y la educación pública como los mayores tesoros de Salamanca, la artista ha defendido la alegría y la celebración como un derecho y una forma de "resistencia frente a la melancolía" en un mundo convulso, invitando a todos a "vivir" con mayúsculas antes de cerrar su pregón al grito emocionado de "¡Viva la Virgen de la Vega! y ¡Viva Salamanca!".
