El paisaje de Arribes del Duero impresiona a simple vista por la majestuosidad de sus tajos verticales y la serenidad del agua encajonada. Sin embargo, para la mirada de un geólogo, cada berrocal, cada encajonamiento y cada mole de granito es un libro abierto sobre la historia del planeta.
El divulgador y geólogo salmantino Daniel Hernández Barreña analiza las particularidades de un entorno que califica sin rodeos como "un paraíso geológico", siendo el único lugar de la provincia de Salamanca catalogado por su interés geológico de trascendencia internacional.
Uno de los fenómenos que más curiosidad despierta en la comarca se encuentra en Villarino de los Aires: la célebre 'Peña del Pendón'.
Daniel Hernández, geólogo, novelista y divulgador científico.
Situada en el Teso de San Cristóbal, esta gigantesca mole rocosa de unas 80 toneladas de peso destaca porque cualquier persona, incluso un anciano, puede hacerla oscilar con la simple fuerza de sus manos sin que abandone su posición.
La física tras la Peña del Pendón: Un "extraño equilibrio" con fecha de caducidad
Frente a las atribuciones mágicas o fantásticas que a menudo rodean a estas piedras caballeras, Hernández Barreña explica la estricta razón física que permite este movimiento.
"Son rocas muy llamativas porque impresiona que un volumen tan grande lo pueda mover cualquiera, pero se debe a un extraño equilibrio", señala el geólogo.
"La erosión ha actuado de tal forma que el centro de gravedad de la roca ha quedado situado muy cerca de su punto de apoyo en la base. Eso permite balancearla y que vuelva a su posición original".
Sin embargo, el especialista advierte de la fragilidad de este fenómeno natural. En el ámbito científico se considera una estructura en "equilibrio inestable" que desaparecerá con el tiempo.
"El mayor riesgo geológico en Arribes son los desprendimientos de picones. Cuando el agua de lluvia penetra y lubrica la base, o si los procesos erosivos desgastan un lado más que el otro, el centro de gravedad cambiará. En el momento en que se rompa ese equilibrio, la peña resbalará, caerá y no volverá a su sitio", advierte.
Del choque de continentes al "corte a cuchillo" de los lagos de la cuenca
Para entender el relieve actual de Arribes del Duero hay que retroceder unos 300 millones de años, momento en el que se constituyó el supercontinente 'Pangea'.
"La Península Ibérica fue el ombligo de Pangea. Durante las colisiones continentales, a gran profundidad —quizá a unos diez kilómetros—, la presión y la temperatura hicieron fundir las rocas y se formaron estos granitos", relata el experto.
A lo largo de los milenios, la erosión fue retirando los diez kilómetros de masa superior mientras el terreno se elevaba por compensación isostática, hasta hacer emerger el granito a la superficie.
Posteriormente, las grandes fracturas tectónicas orientadas de norte a sur dictaron el trazado del río.
El encajonamiento definitivo del Duero se produjo tras un evento dramático en el vaciado de la antigua cuenca lacustre de Castilla y León.
"Siempre pongo el ejemplo de cortar una piscina de plástico llena de agua con un cuchillo: el agua sale con una fuerza brutal. Eso hizo el Duero cuando encontró salida a los lagos continentales; cortó a cuchillo y el proceso erosivo posterior encajonó el río aprovechando las fracturas del granito", detalla Hernández Barreña.
Actualmente, los geólogos estudian los "meandros colgados" o abandonados en las paredes del cañón para corregir antiguas mediciones sobre la velocidad de incisión del río.
"Se llegó a estimar una tasa de encajonamiento de cuatro milímetros al año, lo cual es diez veces superior a lo normal y supondría 80 metros de erosión en apenas 2.000 años. Creemos que hubo un error metodológico en las dataciones originales y estamos trabajando para determinar la cifra real", aclara.
Geología frente a leyenda: Marmitas de gigante y falsas tumbas
El análisis técnico también permite desmontar viejos mitos populares sobre las formaciones rocosas de la zona. En cauces y laderas son frecuentes las llamadas "marmitas de gigante" u hoyas redondeadas, así como acanaladuras rectilíneas que en ocasiones la tradición local confunde con tumbas medievales o menhires prehispánicos.
"Cuando miras con ojos de geólogo, ves claramente los procesos naturales", afirma Hernández Barreña.
"Por ejemplo, en la bajada a la playa del Rostro en Aldeadávila, algunos vecinos veían tumbas en unas oquedades, pero en realidad son fracturas paralelas exactamente iguales a las que dieron origen al propio cañón, por donde penetra el agua y desgasta el bloque a pequeña escala".
La paradoja de la frontera: ¿Por qué Portugal es más verde que España?
Una de las observaciones más habituales de quienes contemplan Arribes es la clara diferencia entre la orilla española —más agreste, salvaje y ganadera— y la orilla portuguesa, tradicionalmente agrícola y aterrazada con cultivos de viñedo. La razón no es cultural, sino estrictamente geológica y astronómica.
"Las fracturas continentales heredadas de Pangea están orientadas ligeramente hacia el nordeste. Esto provoca que la ladera portuguesa esté orientada hacia el sureste, recibiendo luz solar durante casi todo el día, mientras que la ladera española mira hacia el noroeste y pasa muchas más horas en sombra", explica.
Esta disposición hace que la vertiente lusa disfrute de un microclima óptimo para la agricultura, mientras que la parte salmantina conserva un carácter de bosque autóctono y abrupto.
Literatura entre rocas: De las estructuras geológicas a las librerías
La vinculación de Daniel Hernández Barreña con Arribes del Duero no se limita al estudio de sus estratos. El geólogo ha volcado su pasión por el territorio en la literatura.
Tras escribir una novela histórica ambientada en un relevante suceso social de Aldeadávila cuya escena final transcurre en el imponente Picón de Felipe, el autor se encuentra actualmente en pleno lanzamiento de su nueva obra: Tras las huellas del tiempo.
"La geología es una ciencia muy literaria. Cuando los geólogos estudiamos las rocas, en realidad estamos leyendo la historia que la Tierra ha dejado escrita en ellas, como quien pasa las páginas de un libro", reflexiona.
En este nuevo libro de ciencia ficción, Hernández Barreña recurre a los viajes en el tiempo como metáfora del propio trabajo geológico para divulgar cómo se formaron parajes como Arribes.
La obra, ya disponible en librerías y plataformas digitales, tendrá su presentación oficial en la **Imprenta Municipal de Madrid el próximo 17 de septiembre**, en un acto en el que estará acompañado por uno de los divulgadores de ciencias de la Tierra más influyentes de España.
