El teatro no siempre se mide en grandes focos ni en los nombres que ocupan las enciclopedias, sino en la memoria de los invisibles. De esa convicción íntima nace 'LEO', la última creación de la compañía salmantina Teatro de Poniente, que el jueves 27 de agosto, a las 19:00 horas, desembarca en el Teatro Nuevo Fernando Arrabal de Ciudad Rodrigo.
La cita, enmarcada en la Feria de Teatro de Castilla y León, supone un hito clave para un montaje escrito y dirigido por Antonio Velasco, candidato al Premio MAX a la mejor autoría teatral en 2021, quien define esta cuarta participación en el certamen mirobrigense como "jugar en casa" ante el principal escaparate del mercado artístico del occidente peninsular.
Fruto de una coproducción impulsada por el Ayuntamiento de Salamanca, a través de la Fundación Salamanca 'Ciudad de Cultura y Saberes' y respaldada por la Junta de Castilla y León, 'LEO' llega a Ciudad Rodrigo tras su exitoso estreno en el Teatro Liceo en octubre de 2025.
Imágenes de la representación de la obra de teatro 'Leo'.
La obra, con unas 15 funciones a sus espaldas, encarna el talento escénico generado en la Comunidad con proyección nacional.
"En un mundo tan convulso como el actual, rodeado de guerras y conflictos, me preguntaba: ¿Qué puede hacer un teatrero de Castilla y León? La respuesta fue crear un personaje al que le diagnostican una 'enfermedad' llamada dignidad", explica Velasco.
Un 'cuento para adultos' con ritmo de cine negro
La obra se enmarca en 'Biografías imposibles', la trilogía con la que Teatro de Poniente rescata a los héroes olvidados de la historia.
El punto de partida es un detonante casi novelesco: la misteriosa desaparición de Leonardo Caruso Rosso, un anciano que se evapora junto a un lago alpino el mismo día en que cumple 100 años, coincidiendo con la euforia del Mundial de Fútbol de 2018.
A partir de ahí, dos investigadores suben a las tablas para desentrañar su vida en un formato que el propio Velasco define como "un cuento para adultos" y un "thriller con espíritu de película de las de antes".
El espectador acompaña al protagonista desde la inmigración italiana a la Nueva York de los años 20, pasando por el Berlín del ascenso nazi o la Resistencia en París:
"En las guerras nunca hay héroes ni villanos puros; hay una escala de grises. Habitar esa duda es lo que nos interpela como espectadores de hoy, lo que nos hace sentir vivos en la butaca y no como quien mira un cuadro en un museo".
Dos actores, 40 personajes y una 'máquina del tiempo' giratoria
Llevar 100 años de convulso siglo XX al escenario requiere una compleja ingeniería escénica y un nivel interpretativo de máxima altura.
Sobre las tablas, Jorge Varandela, quien compagina este montaje con El caballero de Olmedo de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y Raquel Espada, recientemente al frente del 'Hamlet' del Centro Dramático Galego, encarnan a más de 40 personajes.
El montaje cuenta además con un equipo técnico de primer nivel, capitaneado en la producción por Iratxe Jiménez y apoyado en el diseño sonoro e iluminación por creativos como 'Kike Mingo' o Juan Luis Moreno.
Imagen de la representación de la obra de teatro 'Leo'.
Para articular el frenético viaje temporal, el diseño escénico se apoya en un innovador pasillo giratorio central que muta en decenas de espacios distintos.
"Es un trabajo de equipo tremendo", reconoce el director salmantino, recordando que los reconocimientos —como su candidatura a los Premios MAX— son siempre un respaldo colectivo a la profesión.
Orgullo castellano y leonés frente a la pantalla
Cuestionado sobre los retos del sector en la región, Velasco reclama una mayor pedagogía y sentimiento de pertenencia hacia las compañías locales.
"Muchas veces pasa lo de 'en casa del herrero, cuchillo de palo' y se nos valora más fuera que dentro. Hace falta que los vecinos y las instituciones sientan ese orgullo por el teatro que hacemos en Castilla y León para que podamos competir en los grandes circuitos nacionales".
El director transmite, como mensaje final, lo que el centenario Leonardo Caruso Rosso le diría al espectador contemporáneo antes de bajar el telón:
"Apagad los móviles y venid a vivir esta aventura. La vida pasa volando y si la pasas mirando una pantalla, se te escapa. Hay que viajar, leer, amar, arriesgarse y disfrutar del teatro, porque ahí es donde reside el verdadero secreto de estar vivos".
