Iván Abásolo empieza el día pensando en el toro. A las ocho de la mañana ya ha pasado por la nave que le sirve de refugio y ruedo, un lugar de piedra donde el eco parece tener memoria. Afincado desde hace más de una década en Aldeadávila de la Ribera (Salamanca), al borde de las Arribes del Duero, uno de los dos últimos matadores de toros vascos en activo, divide su jornada entre el entrenamiento, las labores del campo y la convivencia con su familia. “No sé estar quieto”, confiesa.
Y por eso, cada día, repite el rito de citar y estoquear a su particular carretón —una réplica a escala real de un toro con un sistema hidráulico que simula la humillación de la cabeza del animal al cite del final de la lidia para la ejecución de la suerte suprema— regalado por su propia peña taurina.
Su origen, sin embargo, está a más de quinientos kilómetros: entre Orduña y Bilbao, donde aprendió que el toreo es persistencia y resistencia como escuela de vida. “El toro me enseñó a mirar de frente”, dice mientras señala un capote que conserva el polvo de muchas tardes.
Abásolo agradecido a su pueblo natal, Orduña (Vizcaya) y a su pueblo de residencia Aldeadávila de la Ribera (Salamanca), a los ganaderos que le acogen en los tentaderos y a todas aquellas personas que le han apoyado en su carrera, como a su peña taurina o a la asociación taurina de Aldeadávila.
Habla sin grandilocuencia, sin postureo, como los toreros entregados, de verdad. Piensa despacio. Cada frase suya suena a piedra y a campo, a verdad de arena y madera vieja de esas que aporrean para hacer melodía en las Vascongadas.
En él se cruzan tres vidas: la del niño que soñaba con dar un pase en Vista Alegre, la del hombre que sobrevivió a un toreo sin padrinos y la del vecino que en un pueblo de Salamanca encontró la admiración, el apoyo y la paz mental necesaria para afrontar la profesión.
Iván Abásolo
Pregunta: En tu tierra, el País Vasco, ¿cómo ves la afición taurina hoy?
Respuesta: En Vizcaya siempre ha habido muchísima afición. Yo creo que por temas políticos se está quebrantando cada vez más.
P-.: ¿Qué representa el toro en tu vida y en la cultura vasca?
R-.: El toro es al final la alegría de los pueblos, ¿no? Y tener una puntita de vacas y bueno, entre eso y que en mi pueblo hay una plaza de 110 años de antigüedad y que todos los años por mayo se hace un festejo taurino, pues ahí es donde nació un poquito mi afición por el mundo del toro.
P-.: ¿Crees que la tauromaquia en Euskadi tiene posibilidades de remontar?
R-.: A nivel general, yo pienso que ha habido una recuperación que todo el mundo ve con respecto a hace diez años. A nada que vayas a una plaza o lo que sea, siempre ves caras nuevas, sobre todo gente joven. Pero quizá se haya politizado lamentablemente. El toreo no es ni de izquierdas ni de derechas. El toreo es del pueblo.
P-.: Orduña tu pueblo y Carranza: dos de tus plazas más queridas
R-.: El año pasado en Carranza, se sacaron de la chistera hacer un referéndum que nadie había pedido para consultar la conformidad de la celebración de corridas de toros, dejando participar, incluso, a menores de 16 años. Aunque sea una zona ganadera, con mucha tradición taurina, el resultado salió en contra de la fiesta, un resultado vinculante a pesar de no haber alcanzado siquiera el 25% de participación.
P-.:Una maniobra de Bildu para acabar con la tauromaquia en Carranza, después de que en los años 2013 y 2018 ya plantearon referéndum similares con un resultado favorable a la celebración de las corridas de toros.
R-.: En Orduña también hemos sufrido mucho con los años de Bildu. Ahora, con el Partido Nacionalista Vasco (PNV), muy bien y estoy 'superagradecido', especialmente con el alcalde, una persona que me sigue allá donde toreo y que lo que prometió, lo cumplió.
P-.: ¿Y Bilbao, un escenario de peso que parece esquivo?
R-.: En Bilbao llevaba años en caída libre, pero este año se ha notado una recuperación. Me alegro muchísimo. Los taurinos deberíamos alegrarnos de que la gente siga asistiendo a los toros.
"Fandiño me ayudó muchísimo"
P-.: ¿Qué te ha enseñado cada paso en esta profesión?
R-.: Creo que llegar a ser matador de toros no está al alcance de muchos y, bueno, con persistencia, dedicación y entrega, se consiguen los objetivos.
P-.: Tu alternativa estuvo marcada por tu paisano de Orduña, el maestro Iván Fandiño. ¿Qué queda de esa etapa?
R-.: Fandiño fue una figura del toreo, mandó en el toreo y alabo su capacidad y entrega. Me ayudó muchísimo porque me ofrecieron otras alternativas, pero ninguna con el peso ni la repercusión que tuvo hacerlo con el maestro, le debo mucho.
P-.: ¿Has vivido la dureza del sistema taurino actual?
R-.: A mí me han pedido dinero por torear. Me ofrecieron algún festejo y me dijeron que si quería torear tenía 'que ayudar'. Pero no, yo no voy a trabajar ocho horas para dárselo a ganar a un hombre. No concibo poner dinero por torear. Existe y eso hace muchísimo daño a todos. Prefiero estar en el campo, en casa de unos amigos, disfrutando de un tentadero, antes que entrar en ese círculo vicioso. No le veo ninguna lógica ni sentido.
P-.: ¿Qué haces para mantenerte activo cuando no hay fechas? Esta temporada has aparecido en varios carteles como sobresaliente.
R-.: Yo sigo entrenando todos los días. Pienso que el traje de luces en el armario no pinta nada. La gente, si no te ve, se olvida de ti. No es lo que uno quiere, pero es eso o nada.
