San Esteban de la Sierra ha jugado hoy en una liga distinta. La localidad ha recibido la visita de once miembros de la comunidad china, un grupo de empresarios que ha recorrido el municipio con una idea clara: comprobar, sobre el terreno, si este rincón de la Sierra de Francia encaja en el mapa del turismo de calidad… y, de paso, tantear oportunidades vinculadas a la inversión.
El hilo conductor no podía ser otro que el vino. Después de conocer La Alberca y Mogarraz, la comitiva se trasladó hasta San Esteban de la Sierra para participar en una cata de cuatro vinos maridados con embutidos, quesos y miel. El escenario elegido fue Elyser (Elaboraciones y Servicios Vitivinícolas de la Sierra), donde se descorcharon referencias de las bodegas Pedro Martín, Perahigos, Dominio de la Sierra y Las Pamelas.
El vino como idioma común
La visita, acompañada por el diputado de Turismo, Juan Carlos Zaballos, y el alcalde, Antonio Labrador, se diseñó como un recorrido que utilizara el vino como puerta de entrada a todo lo demás: gastronomía, naturaleza, patrimonio y cultura. Y, sobre todo, una forma de explicar que la tradición vitivinícola aquí no es un adorno turístico, sino un elemento identitario con peso propio.
En la zona se contabilizan 17 bodegas, cuatro de ellas en el propio municipio. Un dato que, para un pueblo pequeño, funciona casi como una declaración de intenciones: hay una base productiva, hay saber hacer y hay relato. Y eso, cuando se habla de turismo experiencial, cuenta tanto como el paisaje.
Suelos distintos, vinos distintos
Parte del interés de la delegación china tiene que ver con las características de los vinos de San Esteban y su entorno. La explicación apunta a la materia prima y, en concreto, a los tipos de suelo que conviven en la zona: cuarzo, pizarra, granito y corneana. Esa mezcla, vinculada a la calidad de la uva, sirve para comprender por qué estos caldos han ido ganando prestigio fuera.
Pero hay otro detalle que suele impresionar cuando se ve de cerca: las viñas en bancales y laderas. La orografía convierte el trabajo en una carrera de fondo y añade dificultad a cada tarea. Aquí la expresión no es postureo: se habla de “cultivo heroico” porque, en muchos puntos, la pendiente manda y obliga a hacerlo todo con más esfuerzo, más tiempo y, también, más cuidado.
Una visita con lectura de futuro
Más allá del brindis, la jornada tenía una dimensión estratégica evidente. No se trataba solo de enseñar, sino de proyectar. En ese sentido, el alcalde, Antonio Labrador, subrayó el alcance simbólico de la visita: “Esta visita es de una gran importancia para nosotros ya que la proyección a nivel internacional de un pueblo de poco más de 350 habitantes como San Esteban, es una ventana a un futuro turístico prometedor. Hemos despertado el interés no solo por nuestra gastronomía, sino por todo lo que conforma nuestro patrimonio natural y cultural”.
El mensaje es claro: el municipio quiere jugar la carta del turismo de calidad, de la experiencia ligada al territorio y de un producto —el vino— que sirve como reclamo, pero también como marca.
El puente cultural: de Salamanca a la Sierra
La delegación china llegó de la mano de Xu Hongfei, el escultor que expuso sus obras en la Plaza Mayor de Salamanca. Un detalle nada menor: a veces el turismo —y más el internacional— se activa por conexiones culturales que, en apariencia, no tienen que ver con lo gastronómico, pero que terminan abriendo puertas.
Tras la visita y la cata, el grupo remató la jornada con una comida en uno de los establecimientos locales, donde pudo degustar productos típicos de la comarca. Una forma de cerrar el círculo: del vino al plato, del plato al paisaje, del paisaje a la idea de destino.
San Esteban de la Sierra no presume de tamaño, pero sí de personalidad. Y eso, cuando alguien viene de tan lejos a mirar con atención, suele ser el primer paso para que el mapa —el turístico y el económico— empiece a redibujarse.
