Publicada

Pedro de la Cruz fue, hace 40 años, un famoso novillero palentino que suma a sus espaldas más de un centenar de novilladas con y sin caballo, como confiesa en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Él y su mujer decidieron, hace algo más de cuatro años, dejar la capital palentina para recalar en Barrio de San Vicente y coger las riendas de La Cantina de Barrio, un establecimiento hostelero en el lugar, cercano al municipio de Alar del Rey.

Estamos muy contentos aquí. Lo dejamos todo para coger las riendas del local y dar un servicio indispensable a los vecinos del lugar. Vendemos sabrosas tortillas a 12 euros”, asegura la pareja.

Hablamos con ellos para conocer una historia que no tiene desperdicio.

La vida de Pedro y Milagros

Nos definimos como personas tolerantes, simpáticas y extrovertidas. En Palencia capital llegamos a tener dos bares, pero decidimos dar un giro a nuestra vida y venir a Barrio de San Vicente para coger las riendas del bar, que también es teleclub, y que se llama La Cantina de Barrio”, nos cuenta Pedro de la Cruz.

Él tiene 59 años. Nació en Palencia capital. Milagros Ruiz, su mujer, tiene 56 y lo hizo en la localidad de Alar del Rey. Él fue novillero hace 40 años y los dos suman una gran experiencia en el mundo de la hostelería. En concreto, él 38 años y ella 26. Como no podía ser de otra manera, Pedro es amante de los toros y Milagros del cine y el atletismo.

“Con la edad y cerca del remate laboral estamos muy bien en el Barrio de San Vicente, que está muy cerca de Alar del Rey. Vivimos aquí, pero nos desplazamos con frecuencia a la capital palentina”, añade Milagros.

Como señalan fuentes municipales en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León, Barrio de San Vicente pasa por ser un barrio de Alar del Rey, no es una entidad local menor. Alar cuenta, en la actualidad y según los datos del Instituto Nacional de Estadística, con una población de 910 habitantes.

La Cantina de Barrio

Hasta nuestro bar-teleclub llega gente de toda la comarca. Nosotros abrimos de jueves a domingo. Lunes, martes y miércoles descansamos. Llegamos aquí hace cuatro años. Llevábamos 20 con otro bar en Palencia y surgió la posibilidad de coger este y dimos el paso”, señala Pedro de la Cruz, novillero durante 13 años que suma un centenar a sus espaldas, con y sin caballos.

Interior de La Cantina de Barrio. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Milagros añade que el hombre que gestionaba dicho establecimiento hostelero “se jubiló” y tanto ella como su marido decidieron dar un cambio total a sus vidas para marcharse hasta Barrio de San Vicente.

“La Cantina de Barrio llevará unos 40 años abierta como bar. Antes eran las escuelas. En el año 2022, en Semana Santa, llegamos nosotros. Sumamos cuatro años y dos meses aquí y estamos muy felices”, afirma Pedro.

La pareja añade que “lo dejaron todo” para llegar a Barrio de San Vicente.

Sus tortillas y terraza

El establecimiento hostelero cuenta con unos 60 metros cuadrados de espacio y con una terraza muy amplia con un total de 40 sillas para los que quieran sentarse a disfrutar de un refresco y una buena charla.

Terraza de La Cantina de Barrio. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Estamos encantados también con los vecinos. El resto de los negocios de Palencia los tenemos en alquiler y estamos centrados en este”, afirma Milagros que añade que, además de su labor y la de su marido cuentan con un camarero que les ayuda los sábados y domingos, “cuando hay más jaleo”.

Además del servicio de hostelería, ofrecen raciones. En el lugar no hay menú ni carta, pero se puede disfrutar de calamares, tortillas de patatas, rabas, calamares, embutidos, gambas a la gabardina o ensaladas.

Vendemos sabrosas tortillas a 12 euros. También las hay de chorizo o de atún que valen uno o dos euros más. La gente también pide mucho nuestra ración de rabas”, añade Milagros a este periódico.

Se hace la boca agua solo de pensarlo.

Vivir del negocio

“Los vecinos están encantados con nuestra labor. Aquí se celebran varias partidas de mus o de tute. También sirve de lugar de reunión. Es un bar, un teleclub. Nuestro objetivo es conseguir que la gente se reúna y se lo pase bien aquí”, apunta Pedro.

La pareja afirma que su negocio “no deja mucho dinero” pero “pueden vivir de él”. “Nos da para cubrir gastos. No tenemos hijos ni hipotecas y podemos vivir de ello, si no, mal iríamos”, apuntan.

Ellos tienen que pagar sus gastos como autónomos, a los distribuidores, la luz, el agua y toda la maquinaria del lugar. No todo son beneficios.

Aún calculan que les quedan unos 10 años para afrontar la jubilación y apuestan por seguir dando el mejor trato y servicio a los clientes que se acerquen hasta La Cantina de Barrio.