Pablo Pastrana Santamarta, profesor de la Escuela de Ingeniería Agraria y Forestal (EIAF) de la Universidad de León (ULE) abordó la semana pasada la situación del Páramo Leonés en una conferencia en la que llevó a cabo un análisis de la zona vulnerable denominada ‘Páramos de León’, que abarca ocho municipios de la provincia: Bercianos del Páramo, Bustillo del Páramo, Laguna Dalga, Laguna de Negrillos, Pobladura de Pelayo García, Santa María del Páramo, Urdiales del Páramo y Zotes del Páramo.

Su ponencia se titulaba ‘Zona vulnerable a nitratos Páramos de León’ y estuvo dirigida a empresas del sector de la distribución de fertilizantes y fitosanitarios de la provincia de León, así como a alumnos del Grado de Ingeniería Agraria de la EIAF, que pudieron conocer la situación gracias a la retransmisión online.

Pastrana expuso el proceso desde que el 15 de julio de 2020 entró en vigor el Decreto 5/2020, por el que se designaron las zonas vulnerables a la contaminación de las aguas por nitratos procedentes de fuentes de origen agrícola y ganadero, y se aprobó el Código de Buenas Prácticas Agrarias.

UNA ZONA EN LA QUE SE HAN REALIZADO IMPORTANTES INVERSIONES



En los municipios de la zona vulnerable Páramos de León se ha modernizado en los últimos años su sistema de riego, desde el riego a manta al riego por presión, con importantes inversiones tanto públicas como privadas. Hay que señalar que el cultivo estrella es el maíz, que ocupa en todos más del 75% de la superficie agraria.

El profesor de la ULE explicó que “los 1.021 perceptores de ayudas PAC en 2019 de estos municipios ingresaron 14 millones de Euros (10,5 millones correspondientes al Pago básico y a las prácticas respetuosas con el medio ambiente)”.



En cuanto a la superficie de maíz en las últimas estadísticas municipalizadas, que son las de 2016, estaría en 15.000 ha (5% de la superficie sembrada a nivel nacional). “La producción, -apuntó Pastrana-, tiene un valor de 34 millones de Euros y en los últimos años ha ido en aumento (57.800 ha sembradas en León en 2016 y una estimación de 75.000 ha en 2018)”.

En este contexto, la declaración de zona vulnerable a la contaminación por nitratos ha introducido limitaciones en la aplicación de fertilizantes nitrogenados, tanto orgánicos como minerales, que son marcadas por el programa de actuación y que, hasta que no se publique el previsto para la segunda mitad de 2021, continuará en vigor el de 2019 (Orden MAM/2348/2009).

El Nitrógeno orgánico tiene asignado un límite de 170 kg N orgánico/ha anual, fijado directamente en la Directiva, que además debe de ser corregido en función de los abonados en años anteriores y del cultivo precedente. También se establecen distancias mínimas entre los cursos de agua, pozos de abastecimiento, y la aplicación de fertilizantes orgánicos como estiércoles o purines.

El punto más limitante del actual programa de actuación, para la zona Páramos de León, está en los aportes máximos de nitrógeno aplicables a los suelos agrícolas en función de los cultivos, que fija como aporte máximo 230 kg N/ha para el maíz.

El dilema que se le plantea a cualquier agricultor de este municipio está en que, tal y como explica Pastrana, “incumplir el límite supone poner en riesgo la percepción de los pagos de la PAC, y cumplirlo hace que sean inviables las producciones que se están alcanzando en las últimas campañas por parte de un número cada vez mayor de agricultores (por encima de 14 t/ha), ya que las necesidades del cultivo superan ese aporte máximo”.

EQUILIBRIO ENTRE RENTABILIDAD Y BUEN ESTADO DEL AGUA



“Lo que provoca contaminación no es distribuir más o menos cantidad de kilogramos de fertilizante por hectárea, sino que el abonado nitrogenado que el agricultor distribuye no sea aprovechado por el cultivo y termine siendo arrastrado a las aguas superficiales y subterráneas, ocasionando que se contaminen con los nitratos”.

En opinión de Pastrana, el sector y los agricultores de estos municipios deben estar atentos a que el nuevo programa de actuación recoja un aporte máximo de nitrógeno para el maíz que sea más acorde con los niveles de producción que se están alcanzando, y que abogue por adaptar ese valor en función de producción de cada explotación y del balance del nitrógeno en el suelo de cada parcela.

Esto permitirá mantener el equilibrio entre la rentabilidad de las explotaciones y el buen estado de las masas de agua, para que sea posible mantener la actividad económica principal en estos municipios.