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En un recorrido por la tierra donde la historia de Castilla comenzó a forjarse aparece Quintanilla de las Viñas, que pertenece a Mambrillas de Lara (Burgos). Una pequeña localidad que, de no ser por los apenas tres vecinos que viven de habitual, podría considerarse perfectamente un despoblado. Allí, lejos de ser un lugar inerte, todavía tienen el 'privilegio' de contar con uno de los servicios insustituibles para el desarrollo de una vida social. El bar.

Detrás de él está David Muñoz, un madrileño de 58 años que ha dedicado gran parte de su vida profesional al atrezo de rodajes de cine, televisión y publicidad, compaginándolo con etapas en la hostelería en las que llegó a montar sus propios proyectos en República Dominicana o Cádiz. No paga alquiler por la explotación de la cantina, como allí lo llaman, y cuenta con casa gratis.

"El que viene al bar, lo tiene para él solo. No es como una experiencia privada, exclusiva", relata en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León. La explotación de la cantina se trata de una iniciativa municipal para tratar de mantener vivo el pueblo, que surgió hace unos años y que busca paliar las idas y venidas en la gerencia del local desde hace un tiempo.

David es el encargado desde noviembre de 2024, aunque no fue hasta el invierno del siguiente año, tras ajustar el bar a su gusto, cuando abrió de continuo todos los fines de semana, tal y como exigen las condiciones del contrato. "Para nosotros es vital tener el bar abierto, es la forma de que algunos (vecinos) sigan viniendo los fines de semana porque tienen algo", apunta el alcalde pedáneo, Moisés Alegre.

Este madrileño no llegó a Quintanilla de las Viñas atraído por la oferta hostelera y habitacional, sino que antes de todo ello había adquirido una especie de "casita o pajar" a raíz de que un amigo había comprado una vivienda en Cuevas de San Clemente, un pueblo cercano.

"Como estaba un poco aburrido dije, pues ya tengo entretenimiento y me la voy haciendo poco a poco", recuerda. Tras ello, se enteró de que la cantina quedaba libre tras dejar de explotarla un joven asturiano que estuvo unos pocos meses y habló con Moisés para comenzar su nuevo proyecto personal, alejado del ajetreo de Madrid.

"Me advirtieron que me metía un poco en Mordor, que la situación estaba muy fea respecto a la afluencia de gente y a que el bar estaba olvidado por la comarca. Aun así, me gustan los retos y dije de intentarlo", añade.

Bajo el nombre de Taberna La Ermita, David lleva un año operando al 100%, abriendo todos los fines de semana y entre semana bajo reserva para los visitantes que así se lo solicitan en redes sociales (@tabernalaermitaquintanivinas en Instagram) o en el 947 56 93 42.

Sobre todo este tiempo, reconoce que es "difícil psicológicamente" porque al principio, durante la reforma y la decoración del bar, pasó el invierno "más o menos rápido". Luego llegó el verano, con mucha más actividad en el pueblo y son estos meses de diciembre, enero y febrero los primeros que vive realmente con la cantina en funcionamiento.

"El día es muy largo y no ves ni una rata por la calle. En invierno solo hay gatos. Hay veces que aturde, que da angustia", admite. Incluso llega a asegurar que para él ha sido una "sorpresa" no ver a gente. Sus expectativas, quizás, eran más altas en cuanto a afluencia, pero lo cierto es que por el momento David aguanta en la cantina.

Sobre su clientela, señala que principalmente son excursionistas y visitantes, que aprovechan el paso para parar a comer en Quintanilla de las Viñas o hacer alguna celebración. No comparte del todo la obligatoriedad de tener que abrir todos los fines de semana por contrato, aunque es un "negociado que no le veo mucho sentido", pero es consciente de que "aquí no se regala nada".

Sobre su oferta, se define como un "maníaco de la cocina". Entre sus elaboraciones estrella están una cazuela caliente cada fin de semana, hamburguesas, las cuales hace él desde cero, olla podrida o cocido madrileño en cocina de leña, de esas que "puedes tardar 5 horas en hacerlo".

"Luego aparte estoy dando arroces, de pulpo, sepia y gambones, o zamorano. También hay carnes como ossobuco al vino tinto y cítricos, pollo del corral o un solomillo de cerdo a la sidra natural", apunta.

Sabe que la experiencia en su cantina es como un evento "privado y exclusivo". "No es el típico sitio de entra uno y se levanta otro. La gente viene a las 14:30 y no se va hasta las 17:30 porque está de puta madre", asegura. También es un apasionado de la música y de vez en cuando monta algún espectáculo con sus instrumentos.

"Un aliciente"

Sobre la iniciativa de ofrecer la vivienda gratuita y la explotación de la cantina a coste cero, con el suministro de pellets para la estufa incluidos, Moisés Alegre explica que es un "aliciente para atraer a la gente". El alcalde pedáneo asume que "sería insostenible que una persona tenga que ir y venir todos los días para explotar el bar".

En este sentido, asegura que era la "única forma" y por eso decidieron arreglar la vivienda, que está justo encima del propio bar, para que estuviera "como cualquier piso de una ciudad".

Moisés señala que están "encantados de la vida" con David y esperan que dure en el tiempo porque "tenemos la suerte o la desgracia de que nos gusta el bar y cuando vamos, vamos a verle".