A apenas 38 kilómetros al noroeste de la ciudad de Burgos, se extiende un municipio que rompe con cualquier idea preconcebida sobre el tamaño de un pueblo castellano. Con 327,96 kilómetros cuadrados de superficie, Villadiego triplica el término municipal de Burgos, que apenas llega a los 107 km². Es el municipio más extenso de toda la provincia y uno de los más amplios de Castilla y León, aunque su población total apenas roza los 1.453 habitantes según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2025.
Esta enorme desproporción entre territorio y densidad de población −solo 4,43 habitantes por kilómetro cuadrado− dibuja un paisaje rural inmenso, casi vacío, donde los campos de cereal se pierden en el horizonte, los páramos calizos se elevan como mesetas infinitas y las pequeñas pedanías salpican el mapa como islas en un mar de tierra.
Un origen medieval
La fundación de Villadiego se remonta al siglo IX, en plena repoblación cristiana del norte peninsular tras la invasión musulmana. Fue el conde Diego Rodríguez Porcelos, segundo conde de Castilla y señor de Amaya, quien levantó la villa en el año 880 por mandato del rey Alfonso III el Magno. El objetivo era claro: crear un enclave estratégico que asegurara el control del territorio frente a los ataques del sur y facilitara la colonización de las tierras entre los ríos Pisuerga y Ebro.
Aquel núcleo inicial pronto creció hasta convertirse en un importante centro comercial y administrativo, cabeza de un extenso alfoz que incluía numerosas aldeas y villas dependientes. Durante la Edad Media, Villadiego fue un cruce de caminos en las rutas del cereal y la lana, lo que le valió prosperidad y relevancia. Entre 1785 y 1833 fue cabeza del partido judicial que llevaba su nombre y, según el Censo de Floridablanca de 1787, ya se describía como una villa con jurisdicción de señorío bajo el duque de Frías.
Un histórico refrán
Su trazado medieval se conserva casi intacto: calles empedradas, soportales en la Plaza Mayor y restos de la antigua muralla que rodeaba el núcleo. Precisamente esa muralla medieval dio origen al elemento más singular de su historia popular. La expresión "tomar las de Villadiego", que en todo el ámbito hispano significa huir precipitadamente o escapar a toda prisa, tiene su origen en esta villa burgalesa.
En el siglo XIII, el rey Fernando III el Santo concedió a la comunidad judía de Villadiego una serie de privilegios que la convertían en lugar de asilo seguro. Para poder acogerse a esa protección real, los judíos debían identificarse vistiendo calzas amarillas.
Así, cuando alguien necesitaba refugiarse en la villa, "tomaba las de Villadiego": se ponía esas calzas amarillas y corría hacia la seguridad del recinto amurallado.Aunque algunas versiones sitúan el origen en la huida de un caballero en el siglo XIV perseguido por sus deudas, la tradición más aceptada y documentada es la de los judíos protegidos.
La expresión llegó a ser tan popular que aparece mencionada incluso en El Quijote, de Miguel de Cervantes y se ha mantenido viva hasta nuestros días. Hoy, una placa en el Ayuntamiento recuerda ese episodio histórico y la figura del propio Villadiego, el conde fundador, aparece representada junto a San Pedro en el escudo municipal.
Conjunto histórico-artístico
En 1994, el núcleo urbano de Villadiego fue declarado Conjunto Histórico-Artístico, reconocimiento que protege su rico patrimonio arquitectónico. El acceso principal al casco antiguo se realiza a través del Arco de la Cárcel, la única puerta que se conserva de la antigua muralla medieval. Construida en piedra de sillería en el siglo XV, albergó durante siglos la prisión municipal y hoy acoge un pequeño museo pictórico. La Plaza Mayor, con sus soportales de madera y piedra, es el corazón vivo de la villa.
La Plaza Mayor de Villadiego
Cada lunes se celebra el mercado tradicional que atrae a vecinos de las pedanías y pueblos cercanos. En torno a la plaza se levantan algunos de los edificios civiles más destacados: el Palacio de los Velasco, del siglo XVI, con su fachada renacentista; la Casa de los Borja y varios palacetes señoriales que recuerdan la importancia que tuvo la villa entre los siglos XVI y XVIII.
Entre los monumentos religiosos sobresalen la iglesia parroquial de San Lorenzo, de transición del románico al gótico (siglo XIV), con su torre exenta y su portada de arquivoltas; y la iglesia de Santa María la Real, de estilo gótico tardío.
Ambas conservan retablos, imágenes y elementos artísticos de gran valor. Pero si algo distingue a Villadiego en el panorama cultural es su apuesta por los museos. El Centro de Recepción de Visitantes del Geoparque Las Loras, el Museo Etnográfico, el Museo de Pintura (con obras desde el siglo XVI hasta la actualidad), el Radio Museo, el Museo de Arte Sacro y el Centro de Interpretación del Cómic Fabulantis. Esta oferta cultural concentrada en un mismo núcleo permite al visitante recorrer siglos de historia y arte en apenas unas horas.
El Geoparque Las Loras
Desde 2017, Villadiego forma parte del Geoparque Mundial Unesco Las Loras, el primer geoparque de Castilla y León y uno de los más jóvenes de la red mundial. Este territorio abarca páramos calizos, cañones fluviales excavados por los ríos Ebro, Rudrón, Pisuerga y Odra, y formaciones kársticas de más de 250 millones de años de antigüedad. Los paisajes de Las Loras son espectaculares: hoces profundas, simas, cuevas, lenares y parameras que se extienden hasta donde alcanza la vista.
El Centro de Recepción de Visitantes del Geoparque, ubicado en el propio casco histórico de Villadiego, sirve como puerta de entrada al territorio y explica con detalle la geodiversidad de la zona. Desde aquí parten numerosas rutas de senderismo y ciclismo que permiten descubrir rincones como las hoces del Alto Ebro, el cañón del Rudrón o los paisajes lunares de los páramos.
El relieve variado —desde llanuras cerealistas hasta zonas montañosas— y la presencia de ríos como el Brullés, el Odra y el Pisuerga convierten a Villadiego en un punto de partida privilegiado para el turismo de naturaleza.
Fiestas y tradiciones
La vida cultural de Villadiego late con especial intensidad durante sus fiestas. Las patronales en honor a Nuestra Señora de la Asunción y San Roque, que se celebran a mediados de agosto, llenan las calles de verbenas, procesiones y actividades tradicionales. Pero la fiesta más singular y conocida es la Fiesta del Judas, declarada de Interés Turístico Regional de Castilla y León. Cada Sábado Santo, los vecinos representan un juicio popular al muñeco de Judas Iscariote, fabricado con paja y trapos.
El muñeco es acusado de todos los males del año −sequías, malas cosechas, desgracias familiares− y, tras un juicio teatral, termina condenado y quemado en una gran hoguera en la plaza Mayor. La tradición, recuperada en 2002 tras décadas de olvido, atrae cada año a cientos de visitantes y se ha convertido en uno de los actos más emblemáticos de la Semana Santa burgalesa.
En las más de treinta pedanías del municipio −Arenillas de Villadiego, Barrios de Villadiego, Boada de Villadiego, Villanueva de Odra, Villahizán de Treviño, entre otras− se mantienen vivas numerosas romerías y fiestas locales en honor a sus santos patronos, lo que contribuye a mantener la cohesión social en un territorio tan disperso.
Economía rural y despoblación
La economía de Villadiego se ha sostenido históricamente en la agricultura y la ganadería. El cereal domina el paisaje, junto a explotaciones de ovino y bovino. Como cabecera comarcal, la villa cuenta con un pequeño polígono industrial, servicios básicos y un mercado semanal que sigue siendo punto de encuentro para los vecinos de la zona.
En las últimas décadas, el turismo ha emergido como una nueva oportunidad. El Geoparque Las Loras, el patrimonio histórico y la oferta de alojamientos rurales han atraído a visitantes que buscan experiencias auténticas en la España vaciada. Proyectos como el complejo turístico de Villalibado o la reapertura de hoteles y casas rurales han contribuido a dinamizar la economía local y a frenar, aunque sea tímidamente, la sangría demográfica.
A pesar de los retos que enfrenta la España rural −envejecimiento poblacional, cierre de servicios y emigración juvenil−, Villadiego mantiene su identidad y su vitalidad.
Villadiego no es solo el pueblo más grande de Burgos en extensión: es un testimonio vivo de la Castilla profunda, donde la historia medieval, el paisaje geológico de millones de años y las tradiciones populares se entrelazan en un territorio inmenso y sorprendentemente acogedor. Quien lo visita entiende por qué, durante siglos, "tomar las de Villadiego" siempre ha significado encontrar un refugio seguro en medio de la inmensidad castellana.
