Ángel Arroyo Lanchas, el exciclista profesional, nacido en El Barraco en 1956 y que el pasado 2 de agosto cumplió 70 años, falleció la noche del domingo en el Complejo Asistencial de Ávila.
Allí permanecía ingresado desde hacía cerca de dos semanas. Arroyo afrontaba desde hacía aproximadamente medio año una grave enfermedad que finalmente no ha podido superar.
Con su muerte se marcha uno de los grandes referentes del ciclismo español de los años ochenta, una generación que abrió el camino a la posterior edad dorada de las dos ruedas en España.
Ángel Arroyo fue, además, uno de aquellos corredores que ayudaron a convertir a El Barraco en uno de los grandes viveros del ciclismo español.
De la localidad abulense también salieron Carlos Sastre, ganador del Tour de Francia en 2008; José María Jiménez, 'El Chava', una de las figuras más carismáticas que ha dado el ciclismo nacional; y Francisco Mancebo.
Una nómina extraordinaria para un pequeño municipio que encontró en la bicicleta una de sus grandes señas de identidad.
Como curiosidad, tras colgar la bicicleta, montó un negocio de lavado de coches en Segovia, Ávila y Collado Villalba.
Un nombre propio de los años ochenta
Arroyo vivió sus años de mayor esplendor en una década decisiva para el ciclismo español.
Vestido con los colores del mítico Reynolds, compartió carretera y equipo con corredores de la talla de Pedro Delgado y Rubén Gorospe, formando parte de una generación que comenzaba a cambiar la historia del ciclismo español.
En 1982 alcanzó uno de los momentos culminantes de su carrera al imponerse en la Vuelta Ciclista a España.
Sin embargo, aquella victoria quedó marcada por uno de los episodios más controvertidos de su trayectoria deportiva.
Tras dar positivo en un control antidopaje durante la decimoséptima etapa, fue sancionado con diez minutos y perdió el triunfo en la clasificación general, pasando a ocupar finalmente la decimotercera posición.
Fue una de esas páginas amargas que también forman parte de la historia del deporte y de la trayectoria de un corredor que, pese a aquel episodio, dejó su nombre inscrito entre los protagonistas de una época en la que el ciclismo español comenzaba a reclamar su espacio en las grandes carreras.
Arroyo permaneció en el profesionalismo hasta 1989, año en el que puso fin a una década sobre la bicicleta.
Por entonces, el ciclismo nacional empezaba a caminar hacia una nueva etapa, con Pedro Delgado como gran referente y, posteriormente, con la irrupción de Miguel Induráin y, muchos años después, Alberto Contador.
Ávila despide a uno de los suyos
La noticia de su fallecimiento ha causado pesar en Ávila. El Ayuntamiento de la capital abulense ha trasladado sus condolencias a familiares, amigos y allegados y ha querido reivindicar la figura de quien durante una década llevó el nombre de Ávila y de El Barraco por las carreteras españolas.
El alcalde de Ávila, Jesús Manuel Sánchez Cabrera, ha lamentado, en nombre de la Corporación municipal y de toda la ciudad, la pérdida de Arroyo, al que ha definido como un referente del ciclismo abulense y nacional.
Como muestra de reconocimiento, el regidor ha decretado dos días de luto oficial, durante los cuales la bandera de la ciudad ondeará a media asta.
La ciudad también acogerá este lunes la despedida del exciclista. La capilla ardiente quedará instalada al mediodía en el palacio de Superunda, un espacio cargado ya de memoria para el deporte abulense, pues allí se instaló también la capilla ardiente del mítico Julio Jiménez tras su fallecimiento en junio de 2022.
Será allí donde familiares, amigos, compañeros y aficionados podrán despedir a un corredor que formó parte de una generación irrepetible y que ayudó, desde El Barraco, a escribir las primeras páginas de una historia que después continuaron otros.
