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Es la jefa y con razón. Pocas personas conocemos que no sepan una canción de ella, y que además, no sientan admiración. Malú es mucha Malú y lo sigue demostrando en los conciertos que ofrece por toda España, ya que actualmente se encuentra de gira.

Ahora bien, en esta vida no todo es trabajar. Por eso, la artista madrileña también sabe dónde encontrar su particular refugio para desconectar. Es decir, para poder poner el modo avión en su vida.

Uno de esos rincones está en el sur de Ávila. La cantante ha estado vinculada en varias ocasiones a Arenas de San Pedro, un municipio enclavado en el Valle del Tiétar.

¿Por qué? Pues porque reúne buena parte de los ingredientes que uno busca cuando quiere escapar del ruido. Por ejemplo, naturaleza, agua, montaña y el ritmo pausado que en muchas ocasiones hay que ponerle a la vida.

La localidad, situada a los pies de la Sierra de Gredos, se ha convertido así en uno de esos lugares asociados a los veranos de la artista.

Malú atraviesa además un momento especialmente vinculado a la música. Después de años de importantes cambios en su vida personal y profesional, la artista ha vuelto a colocar su carrera en el centro con 'Quince'.

Estamos hablando de un disco muy personal en el que mira hacia atrás para repasar sus comienzos y todo lo ocurrido desde que empezó a cantar siendo todavía una adolescente.

El álbum reúne once canciones inéditas y ha dado nombre también a una nueva gira, 'Quince Tour', con la que está recorriendo distintos escenarios españoles.

Entre concierto y concierto, lugares como Arenas de San Pedro representan lo contrario al ritmo de una gira. Es decir, hay que disfrutar del silencio, como decían los Depeche Mode, de la naturaleza y del tiempo para desconectar. Volvemos a poner el modo off.

Un pueblo rodeado de agua y naturaleza

Arenas de San Pedro cuenta con 6.460 habitantes, según los datos del INE correspondientes a 2025, y ejerce como capital de su comarca.

El término municipal incluye también los núcleos de Ramacastañas, La Parra y Hontanares y buena parte de su territorio se encuentra dentro del espacio protegido de la Sierra de Gredos.

Desde las montañas descienden distintos cursos de agua, entre ellos los ríos Arenal, Arbillas, Riocuevas, Pelayo y Avellaneda, que atraviesan un paisaje de bosques, gargantas y formaciones graníticas.

En verano, además, algunos de estos rincones se convierten en auténticos puntos de encuentro para quienes buscan combatir el calor con un baño en plena naturaleza.

El ejemplo más conocido está a apenas un kilómetro del casco urbano.

Las piscinas naturales del río Arenal son uno de los grandes reclamos de Arenas de San Pedro. La zona de baño cuenta con espacios verdes y de recreo y se encuentra junto a la carretera del Hornillo. Una pequeña presa permite formar dos zonas diferenciadas, con una parte más profunda y otra adaptada para los más pequeños.

Agua, sombra, granito y montaña. No hace falta mucho más para entender por qué este rincón se convierte en uno de los planes estrella durante los meses de calor.

En dirección a Poyales del Hoyo aparecen otros dos lugares de baño muy conocidos: Pelayos, situado en la garganta del río del mismo nombre, y Arbillas, junto al río Arbillas.

Si la superficie de Arenas de San Pedro está marcada por el agua y la montaña, bajo tierra aguarda otra de sus grandes sorpresas.

En Ramacastañas, uno de los núcleos pertenecientes al municipio, se encuentran las Cuevas del Águila. Están situadas a unos nueve kilómetros de Arenas y constituyen uno de los grandes atractivos turísticos de la zona.

Descubiertas en 1963, las cuevas se encuentran a unos cincuenta metros de profundidad y esconden una espectacular sucesión de estalactitas, estalagmitas y coladas.

Un castillo, una condesa y mucha historia

Arenas tampoco se queda corta cuando toca hablar de patrimonio.

En pleno casco urbano aparece una de sus imágenes más reconocibles: el Castillo del Condestable Dávalos, conocido popularmente como el Castillo de la Triste Condesa, que fue construido entre los años 1395 y 1423 en el siglo XV

Su construcción está relacionada con Ruy López Dávalos, condestable de Castilla, después de que Enrique III concediera a Arenas el título de villa a finales del siglo XIV. La fortaleza, con su imponente torre del homenaje, recuerda la importancia que llegó a adquirir este enclave en plena Sierra de Gredos.

Muy cerca se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, de origen gótico y otro de los edificios que permiten recorrer la historia de la localidad prácticamente sin salir de sus calles.

Y todavía queda una parte de la identidad de Arenas que no se ve en los mapas. Su lema, 'Siempre incendiada y siempre fiel', recuerda dos episodios especialmente duros de su historia: el incendio sufrido en 1809 durante la Guerra de la Independencia y los daños provocados durante la Primera Guerra Carlista.

Las calles se llenan de visitantes, las terrazas prolongan las comidas y el río se convierte en uno de los grandes protagonistas cuando aprieta el calor. A los pies de Gredos, Arenas de San Pedro ha conseguido juntar patrimonio y naturaleza en un mismo escenario.

Un lugar donde, por unos días, como hace la jefa Malú, es ideal para perderse.