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La democracia interna del PSOE tiene sus reglamentos, sus asambleas y sus votaciones. Y también tiene a Ferraz.

Cuando las decisiones de la militancia no encajan con los planes de la dirección federal, la última palabra llega desde Madrid y las candidaturas pueden terminar convertidas en algo muy distinto de lo que habían decidido las agrupaciones provinciales.

Carlos Martínez, secretario general de los socialistas de Castilla y León, ha optado por no discutir esa jerarquía.

Lo que en Burgos y Palencia ha provocado malestar y reproches se queda, en su discurso, en una cuestión de procedimientos y en las inevitables fricciones de la vida orgánica.

El dirigente soriano ha asumido este sábado las modificaciones de las listas electorales ordenadas por la dirección federal del PSOE y ha evitado cualquier reproche público a Ferraz.

A su juicio, los cambios forman parte de la “normalidad total y absoluta” de un partido que cuenta con sus propias reglas.

Una explicación que encaja en el reglamento, pero que deja en segundo plano la pregunta incómoda: qué valor tiene la decisión de los militantes si los órganos superiores pueden sustituir a los candidatos que han elegido.

La Comisión Federal de Listas decidió el viernes apartar a Luis Tudanca de la cabeza de la candidatura al Senado por Burgos, pese a que su nombre había recibido el respaldo de la dirección provincial, y situar en ese puesto a Aitana Hernando, alcaldesa de Miranda de Ebro.

En Palencia, el mismo órgano desplazó a Álvaro Bilbao, elegido por las agrupaciones socialistas, para devolver el primer puesto al Congreso a Mari Luz Martínez Seijo, diputada desde 2016.

Dos provincias, dos candidatos apartados y una misma conclusión: la voluntad expresada en el ámbito provincial no garantiza que el resultado llegue intacto a las urnas.

El procedimiento permite a la dirección federal intervenir, pero la legalidad orgánica no disipa por sí sola el coste político de unas decisiones que alimentan la sensación de que las consultas a las bases cuentan mientras no contradigan los intereses de la cúpula.

Un reglamento como respuesta a la discrepancia

A la entrada del Comité Federal del PSOE, celebrado en Fuenlabrada, Martínez no quiso alimentar la polémica. Su argumento fue el de la arquitectura interna del partido, con sus distintos niveles de decisión y sus mecanismos de validación.

“Nosotros nos hemos dotado de una normativa, de un reglamento”, recordó, antes de explicar que existen procedimientos diferentes para elegir a los candidatos en función del cargo al que aspiran.

El líder autonómico distinguió entre las primarias para determinadas candidaturas, en las que el voto de la militancia tiene un papel central, y el procedimiento para elaborar las listas electorales, en el que las propuestas provinciales deben pasar por los órganos federales.

“En paralelo, tenemos un procedimiento en el que la escucha activa a la militancia a través de las agrupaciones locales confluye en una propuesta de la Ejecutiva Provincial que tiene que ser refrendada o modificada por parte de los órganos federales”, señaló.

El reglamento establece las competencias, pero no obliga a aceptar sin discusión política todas las consecuencias de su aplicación. Martínez, sin embargo, ha preferido detenerse en la primera cuestión y esquivar la segunda.

“Ayer se culminó todo ese trabajo con la aprobación en la Comisión Federal de Listas de unas candidaturas que tienen ciertas modificaciones”, resumió.

Una forma aséptica de describir una operación que, en Palencia, ha provocado un enfrentamiento abierto entre la dirección provincial y la cúpula nacional, y que en Burgos deja fuera de la carrera al Senado a quien fuera secretario general del PSOE de Castilla y León.

El dirigente autonómico admitió que elaborar las candidaturas nunca resulta sencillo. “La configuración de un equipo genera fricción y es un momento de dificultad para los responsables ejecutivos del partido, porque tienen que elegir entre compañeras y compañeros y eso nunca es fácil”, reconoció.

Palencia, una historia que se repite

Si en Burgos el relevo de Tudanca, que no quiere salir de la puerta giratoria, tiene una lectura vinculada a las tensiones acumuladas en el socialismo autonómico, en Palencia el problema tiene memoria.

La designación de Martínez Seijo vuelve a colocar a la provincia ante una dinámica que se arrastra desde 2015, cuando la dirección federal intervino para situarla al frente de la candidatura al Congreso, una posición que ha mantenido en sucesivas convocatorias.

La secretaria provincial del PSOE y alcaldesa de Palencia, Míriam Andrés, expresó su indignación con una frase que difícilmente puede interpretarse como una discrepancia menor: acusó a la dirección federal de haberse pasado “la voz de la militancia por el forro”.

Su reacción retrata una fractura que el discurso de la normalidad de Martínez no alcanza a cerrar.

De toda esta historia hay nombres que no salen muy bien parados. Por ejemplo, el secretario de Organización, Daniel De la Rosa, y la secretaria provincial del PSOE de Burgos, Esther Peña, que han visto el poco peso que tienen en las decisiones.

Cerrar filas antes de las elecciones

Martínez ha evitado situarse en el centro de esa disputa. Ni ha cuestionado la decisión de Ferraz ni ha entrado a rebatir públicamente a Míriam Andrés. Su mensaje ha sido otro: dar por cerrado el episodio y trasladar el foco a las elecciones generales del 29 de noviembre.

Una vez aprobadas las listas, sostuvo, reina la “normalidad total y absoluta”. El secretario general autonómico pidió a los socialistas concentrarse «en ganar las elecciones y en plantear un proyecto sólido que sea lo más amplio posible para poder entender que la ciudadanía tiene que votar futuro a través del PSOE”.

La consigna es conocida: superar las diferencias internas, cerrar filas y mirar hacia la campaña. Pero la unidad que se reclama después de una decisión controvertida no elimina el debate sobre cómo se ha tomado. Tampoco responde a la pregunta de por qué se consulta a la militancia para después modificar sus propuestas.

El PSOE afronta la cita electoral con la necesidad de presentar una imagen de cohesión.

En Castilla y León, sin embargo, la confección de las listas ha dejado al descubierto una tensión de fondo entre las organizaciones provinciales y la dirección federal. En Palencia, por la reiteración de los cambios; en Burgos, por la exclusión de Tudanca y las lecturas políticas que acompañan su salida.