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El exdiputado socialista Jesús Cuadrado, que durante más de una década compartió estructuras orgánicas y pasillos del Congreso con José Luis Rodríguez Zapatero, ha lanzado una de las descripciones más demoledoras que se recuerdan sobre la figura del expresidente.

Una voz referente del antiguo socialismo que pone el dedo en la llaga en varios de los aspectos que se están viviendo durante esta semana.

Como siempre, sin pelos en la lengua, quien fuera portavoz socialista de Defensa y Agricultura en el Congreso, miembro del Comité Federal del PSOE y dirigente histórico del partido en Castilla y León, dibuja a Zapatero como un dirigente “sin personalidad suficiente para ser el jefe”, “siempre en manos de otros”.

Y convertido, según sus palabras, en el producto político de una red de influencias que, a su juicio, todavía hoy sigue operando en la sombra.

De ahí que dude que pueda estar en lo más alto de la supuesta trama que se está investigando.

Las declaraciones en esta entrevista con EL ESPAÑOL Castilla y León llegan en un momento especialmente delicado para la izquierda española.

Y también para el entorno político de Zapatero a raíz de las investigaciones sobre redes de poder, sus vínculos internacionales, especialmente con Venezuela y más países, y las famosas joyas encontradas en su oficina de Ferraz.

Hacemos un poco de historia. Cuadrado sitúa el origen de su relación con Zapatero en los años ochenta, durante la consolidación autonómica de Castilla y León. Allí, según relata, comenzó a observar un patrón que, sostiene, acompañó al expresidente durante toda su carrera política.

“Yo lo que recuerdo de Zapatero es alguien que nunca daba la cara. Nadie sabía exactamente qué pensaba de esto o de lo otro”.

El exdirigente socialista insiste en que Zapatero “siempre estaba a la sombra de alguien”, especialmente del histórico dirigente leonés Jaime González, a quien define prácticamente como su “padre político”.

Para ilustrarlo, Cuadrado, que escribió columnas para este medio, relata una escena ocurrida en el Congreso Federal del PSOE del año 2000, el cónclave en el que Zapatero derrotó contra pronóstico a José Bono y se hizo con la Secretaría General del partido.

Según su testimonio, mientras el ambiente se inclinaba a favor del entonces diputado leonés, Jaime González, vicesecretario general del Partido desde el 7º Congreso, sustituyendo en el cartel electoral a Jesús Quijano, le iba indicando constantemente “qué tenía que hacer y qué tenía que decir”.

“Jaime González le estaba diciendo constantemente qué tenía que hacer, qué tenía que decir. Todo, absolutamente todo”.

Cuadrado recuerda incluso un momento de tensión cuando los aplausos del plenario comenzaron a convertir a Zapatero en favorito.

“Jaime le dice: ‘Levántate y saluda’. Y Zapatero le contesta enfadado: ‘Los tiempos los marco yo’. Después de ver todo lo que vi, pensé: ‘Será la primera vez que vas a marcar los tiempos’”.

De Felipe González a Rubalcaba

El exdiputado zamorano sostiene que esa dependencia política no desapareció ni siquiera cuando Zapatero llegó a La Moncloa en 2004. En su relato aparecen nombres clave del socialismo español como Felipe González, José Blanco o Alfredo Pérez Rubalcaba.

Cuadrado recuerda que Zapatero nombró jefe de gabinete a Enrique Serrano, histórico colaborador de Felipe González, y asegura que el expresidente sevillano mantenía una influencia directa sobre él.

“Felipe González le llamaba ‘Zapata’. Y él me decía: ‘Me llama Zapata’. En ese momento estaba en manos de Felipe”.

Más adelante, asegura, “pasó a estar en manos de Pepe Blanco” y posteriormente de Rubalcaba. “Siempre se pone en manos de alguien. Después de Rubalcaba, en manos de Susana. Después, en manos de Pedro Sánchez”.

La crítica de Cuadrado no solo es a su escaso liderazgo político, su diagnóstico es mucho más severo, ya que considera que Zapatero nunca tuvo verdadera autonomía de poder y que alrededor de él siempre existieron estructuras paralelas de influencia.

Venezuela

Cuadrado conecta el papel internacional de Zapatero con figuras como Baltasar Garzón y con el llamado Grupo de Puebla. El exdirigente socialista asegura haber seguido de cerca la relación de ambos en Venezuela y desliza dudas sobre quién mueve realmente los hilos.

“Estamos viendo un Estado dentro del Estado. Una estructura dentro del Estado”. Aunque evita afirmar directamente que Zapatero sea el máximo responsable de esa supuesta red, sí deja caer que sospecha de la existencia de actores con más peso detrás del expresidente.

“Tengo mis dudas de que Zapatero sea la cabeza de esa estructura, ha sido siempre muy mediocre para estar en la cúspide de algo”.

Cuadrado también cuestiona el silencio reciente de Baltasar Garzón, el exjuez inhabilitado. “¿Por qué está tan callado Baltasar Garzón, que siempre habla, no le veo en ninguna tertulia de LaSexta?”.

Y añade: “¿Alguien cree que es casualidad que Baltasar Garzón sea abogado de testaferros de Maduro?”.

Insiste en describir a ZP como un dirigente “mediocre”, incapaz de gestionar la crisis económica de 2008 y dependiente constantemente de otros centros de poder.

“La crisis económica acabó con Zapatero. Demostró una incapacidad absoluta”. Incluso cuestiona su papel como mediador internacional en Venezuela. “¿Cómo puedes poner a tus hijas a trabajar en un país donde supuestamente eres mediador entre la dictadura y la oposición?”.

Estructura delincuencial

Más allá de las acusaciones concretas, el zamorano refleja algo más profundo: el ajuste de cuentas de una vieja guardia socialista que considera que el PSOE ha dejado de representar los valores históricos de la Transición.

Cuadrado habla ya sin matices de “estructura delincuencial”, “bucaneros” y “corrupción que llega hasta el tuétano del Estado”, mezclando en un mismo discurso a Zapatero, Pedro Sánchez y distintos actores institucionales.

“La corrupción no solo se lleva dinero. Se lleva la confianza de los españoles”.

Elecciones

Considera que la situación actual exige una reacción inmediata de la oposición. En concreto, critica la actitud del Partido Popular y de su líder, Alberto Núñez Feijóo, a quienes acusa de actuar "con lentitud" ante el deterioro político e institucional.

Según sostiene, el PP debería presentar ya una moción de censura aunque no tenga garantizados los apoyos suficientes para ganarla.

A su juicio, "la iniciativa tendría un valor político y simbólico", al permitir ofrecer una alternativa y canalizar el descontento social. “Hoy la moción de censura no es un tema matemático o de cálculo de votos, es un tema de discurso ante la opinión pública”, afirma durante la conversación.

Cree además que el clima social está cambiando rápidamente y que la presión política irá en aumento en las próximas semanas.

Habla de una ciudadanía “harta, avergonzada y desconfiada” de los partidos políticos y asegura que muchos españoles depositan ahora más confianza en jueces, Guardia Civil y Policía que en el Parlamento.