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Del rojo al azul por "sentido común". El histórico dirigente socialista Jesús Cuadrado Bausela ha dado un paso que hace apenas unos años parecía impensable. Votará al Partido Popular en las próximas elecciones de Castilla y León. Lo dice sin tapujos y con argumentos.

Quien fuera secretario general del PSOE de Zamora, procurador en las Cortes autonómicas y diputado en el Congreso durante más de una década con un peso importante en la política nacional, sostiene ahora que “no hay alternativa real” al PP si se quiere “sacar a España del pozo”.

Su posicionamiento adquiere especial protagonismo en plena precampaña autonómica y en un contexto donde el voto socialista tradicional se encuentra tensionado por la política nacional y por la figura del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y concretamente del sanchismo, algo que Cuadrado ya denunció hace varios años en las columnas de EL ESPAÑOL.

Se encuentra lejos de los pensamientos de por ejemplo el líder socialista en Castilla y León, Carlos Martínez, que afirma que hay que votar al PSOE pase lo que pase.

Nacido en Castroverde de Campos (Zamora) en 1952, licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valladolid y profesor de secundaria hasta 2018, Cuadrado no solo ha sido una figura destacada del socialismo castellano y leonés también lo ha sido a nivel nacional.

Encabezó la lista del PSOE por Zamora en 1995, fue procurador en las Cortes de Castilla y León y, desde el año 2000, diputado en el Congreso en sucesivas legislaturas, donde ejerció como portavoz de Defensa (llevó el tema del Yak-42) y Agricultura del Grupo Socialista en la Cámara Baja. Una voz con peso dentro de la rosa que ahora se ha convertido en la más crítica.

Durante años formó parte del Comité Federal del PSOE y dirigió el partido en Zamora, por lo que sabe de lo que habla. Sin embargo, en 2020 decidió abandonar la formación. Hoy afirma que el PSOE “ha sido inutilizado como maquinaria política” y que el llamado “sanchismo” ha provocado un deterioro moral e institucional que, a su juicio, no tiene vuelta atrás.

“El daño que ha producido el sanchismo no es un daño de chapa y pintura; es un daño de motor”, sostiene.

Cuadrado respalda el diagnóstico del expresidente Felipe González, quien recientemente ha criticado con dureza la situación política del país y anunció que no votaría a Sánchez y que se mostró partidario de votar en blanco.

Para el exdiputado zamorano, ahí reside la discrepancia: “Votar en blanco es desentenderse”. En su opinión, la disyuntiva real no es entre PSOE y voto en blanco, sino entre Sánchez y Alberto Núñez Feijóo. “Felipe González ha llegado hasta la puerta, pero no ha querido pasar”, resume.

Cuadrado insiste en que la responsabilidad política obliga a elegir entre las dos únicas alternativas viables en el escenario actual. Y en ese marco, afirma sin ambages: “Yo voy a votar por Núñez Feijóo. No tengo ninguna duda”.

Dirigiéndose especialmente al electorado socialista tradicional, Cuadrado sostiene que el votante decisivo no es el “acérrimo” que votaría al PSOE “pase lo que pase”, sino el ciudadano de centroizquierda preocupado por la situación del país.

Jesús Cuadrado, junto a José Bono y a Ana Sánchez en una imagen de 2008 J. L. Leal / ICAL .

“Ese votante no se plantea cómo salvar al PSOE, se plantea cómo sacar a España del pozo”, afirma.

Según su análisis, el tablero político actual se ha polarizado hasta el punto de que no existe una tercera vía realista. Recuerda incluso su apoyo en su día a la propuesta de gran acuerdo nacional impulsada por Inés Arrimadas (Ciudadanos), hoy fuera de la primera línea política, como una oportunidad perdida para evitar la actual dinámica de bloques.

La batalla autonómica

La dimensión autonómica cobra más importancia en sus declaraciones. Para Cuadrado, las elecciones en Castilla y León del próximo 15 de marzo no pueden desligarse del contexto nacional. “Desgraciadamente, aquí también compiten Pedro Sánchez y Núñez Feijóo”, afirma.

En su opinión, el PSOE castellano y leonés está “absolutamente condicionado por la política de Pedro Sánchez” y no ha sabido marcar perfil propio. Considera que la candidatura socialista en la Comunidad “es más sanchista que el sanchismo” y que evita abordar cuestiones como la financiación autonómica diferenciada para Cataluña, que tendría implicaciones directas para regiones como Castilla y León, y que "es imposible de defender" en estas tierras.

En plena carrera hacia las elecciones en Castilla y León, su posicionamiento crea un debate incómodo para el socialismo de Carlos Martínez, que tendrá que ver en esta campaña cómo defiende los ataques que Castilla y León ha sufrido desde el Gobierno, en especial por el tema de la financiación.

Frente a ello, sostiene que el Ejecutivo autonómico que preside Alfonso Fernández Mañueco presenta indicadores “entre los mejores de España” en ámbitos como listas de espera sanitarias, dependencia o rendimiento educativo. “No puedes plantear que el estado del bienestar está en riesgo cuando tienes los mejores indicadores”, señala.

Por ello, el próximo 15 de marzo, Cuadrado no ve alternativa distinta al voto al PP.

La cuestión de Vox y el “frente antifascista”

El exdirigente socialista también aborda la relación entre el PP y Vox, admitiendo que es “complicada”, pero subrayando que los pactos son una consecuencia de lo que decidan los ciudadanos en las urnas.

Critica con dureza el uso del “frente antifascista” como argumento electoral por parte del PSOE. “Eso no funcionó en Extremadura ni en Aragón, y no va a funcionar en Castilla y León”, advierte, apelando al respeto hacia los votantes y rechazando análisis que, a su juicio, trasladan el debate político al clima de 1936.

Preguntado por la posibilidad de regresar al PSOE en el futuro, Cuadrado es tajante: “No”. A su juicio, el partido ha sufrido una degradación moral, intelectual y organizativa que lo ha dejado sin capacidad de reconstrucción. “No es un edificio que se pueda rehabilitar; solo admite derribo”, afirma con dureza.

Pese a ello, reivindica el balance positivo del PSOE durante la Transición, con luces y sombras, pero considera que a partir de 2004 (y especialmente desde 2008) se inició un proceso de "deterioro profundo". Por todo ello, del rojo al azul.