Sonia López Martín es una joven, de 34 años, que nació en Palencia, pero que en la actualidad vive en Mojácar (Almería) donde trabaja en una empresa dedicada a la rehabilitación y a la restauración.
Es licenciada en Historia, cuenta con un Máster en Profesorado y también es graduada en Conservación y Restauración de Bienes Culturales. Suma ocho años en el mundo de la restauración, cuatro trabajando y el mismo tiempo formándose.
Amante del deporte, de la naturaleza y del arte, la palentina defiende el valor de la restauración y ensalza, ahora desde la distancia, todo el poderío arquitectónico con el que cuenta Castilla y León, con templos, edificios y demás monumentos que merece la pena conservar y mantener.
“Los restauradores y conservadores somos los garantes de mantener el patrimonio en condiciones para que se perpetúe a lo largo del tiempo, pero nada tiene sentido si no hacemos protagonistas a las personas de lo que es suyo”, explica.
Charlamos con ella en esta entrevista.
La vida de Sonia
“Me defino como una persona en constante evolución. Siempre en movimiento y sedienta de aprender todo lo posible en este mundo que nos rodea. Soy curiosa, sensible y perfeccionista y me gusta implicarme al máximo en todo lo que me llama la atención. Cada día surgen nuevas oportunidades. Todo se basa en encontrar el camino y el equilibrio adecuado”, asegura Sonia López Martín, en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León.
Nuestra protagonista nació en Palencia hace 34 años y llegó a Valladolid cuando tenía 11. Ha pasado en la ciudad del Pisuerga 20 primaveras, ni más ni menos, y la recuerda con mucho cariño y nostalgia.
“Mi infancia fue muy feliz. Soy hija única y tuve la fortuna de pasar gran parte del tiempo en mi pueblo en Cantabria, con mi familia. Me considero una privilegiada por haber pasado mi infancia en un entorno natural rodeada de bosques y animales. Eso da vida y fomentó mi curiosidad por el mundo que me rodea”, explica.
La palentina soñaba con ser bióloga o veterinaria, con corta edad. Al ir creciendo y al trasladarse a Valladolid, cambió su mentalidad. Aquí estaba todo lleno de edificios monumentales, museos llenos de arte, escultura, arte mobiliar y eclesiástico y se dio cuenta de que “la trayectoria de las sociedades deja, a su paso, un reguero cultural y artístico que ha de ser conocido y valorado”.
Aquí nace su amor por la restauración.
La restauración llega a su vida
“Al terminar de estudiar mi primera carrera, la Licenciatura en Historia, sentía que mi proceso formativo no había llegado a su fin. Ansiaba algo más. Traté de buscar la combinación perfecta entre los conocimientos históricos, la sensibilidad cultural y la habilidad manual y llegó en forma de restauración”, apunta Sonia.
Licenciada en Historia, Máster en Profesorado y Graduada en Conservación y Restauración de Bienes Culturales. Eso es la palentina que compaginó estos estudios enfocados a la restauración con otros trabajos en el mundo de la hostelería y con el deporte como apoyo.
“Desde que comencé la carrera, busqué voluntariados que me permitieran comprender el sistema laboral de la restauración. En el Monasterio de la Santa Espina estuve participando en una campaña donde se intervenían piezas de patrimonio etnográfico. Eso, para una persona en formación, es un lujo”, explica ilusionada.
En el último curso de la carrera, además, tuvo la oportunidad de hacer sus prácticas en la Fundación de las Edades del Hombre. Con ellos continuó una vez finalizados sus estudios para completar una colección de relicarios que se estaban interviniendo por aquel entonces.
Su trayectoria en Castilla y León, en lo que a la restauración se refiere, se centra en esa etapa formativa donde pudo tener acceso a diversas obras de imaginería religiosa en madera policromada para ser intervenidas en la Escuela de Arte.
Después llegó esa etapa de las Edades del Hombre que guarda con “especial cariño” porque fue donde tuvo su “primer contacto con la vida laboral en la restauración” y donde conoció “a verdaderos profesionales de los que aprendió mucho”.
De Castilla y León a Almería
“Castilla y León es una de las regiones con más patrimonio histórico de toda Europa. Es una responsabilidad de toda la sociedad cuidar y proteger el patrimonio para que, cuando nosotros ya no estemos, siga siendo testigo de lo que hemos creado”, argumenta con acierto.
Tras nacer en Palencia, pasar por Valladolid, completar sus estudios en Castilla y León y disfrutar de las tierras cántabras, Sonia tomó la decisión de marcharse a vivir a Almería, en una idea tomada desde hace tiempo.
“La posibilidad surgió en un momento en el que estaba dispuesta a dar un giro a mi vida. No sé estar quieta. Siempre ando buscando nuevos objetivos. Este es un ejemplo claro. Mi pareja era de allí y las posibilidades laborales me empujaron a tomar la decisión”, asegura.
Desde que llegó a Mojácar (Almería), a finales de 2022, trabaja en una empresa dedicada a la rehabilitación y restauración donde ha aprendido a trabajar con obra de gran formato y con patrimonio inmueble.
“Es una auténtica maravilla. Los trabajos son a gran escala y la mentalidad tiene que cambiar, pensar de otra manera. Es la capacidad de adaptarse a la nueva realidad la que te permite disfrutar de este mundo, porque la restauración está constantemente cambiando y en evolución. Tú, como restauradora, tienes que adaptarte a las características de la obra que estás restaurando”, argumenta.
Trabajos de suma importancia
Desde que llegó a Almería, hace ya casi cuatro años, ha tenido la fortuna de trabajar en Bienes de Interés Cultural. Ha accedido a conjuntos monumentales como la Alcazaba de Almería, donde destaca las labores desarrolladas en la Torre del Homenaje o en los Baños de la Tropa.
A la Muralla del Cerro de San Cristóbal, en Almería capital, o al Castillo de Vélez Blanco y, también, a los palacios modernistas almerienses, como El Cortijo Fischer de Almería o el Palacio Figueras de Cuevas del Almanzora.
“Es un privilegio y una responsabilidad enorme. Lo que tú estás tocando, tienes que respetarlo y cuidarlo por encima de todo”, afirma añadiendo que “sería imposible elegir un único escenario con el que quedarse”.
Salarios
“Dependiendo de la cantidad de trabajo y de la responsabilidad que tienes que asumir, el salario es oscilante. Lo normal es estar entre los 1.500 y los 2.000 euros mensuales, pero depende de muchos factores. A más responsabilidad, mayor sueldo”, argumenta.
Ella es feliz con lo que hace. Cuando uno apuesta por lo que realmente le gusta, tarde o temprano llegan los resultados.
“No es cuestión de suerte. La clave es el trabajo, el esfuerzo y la perseverancia. Si tu parte la haces bien, los resultados llegan. Apostar por uno mismo termina siendo una apuesta segura”, añade.
En la actualidad se encuentra terminando una intervención en las pinturas murales de un palacio, que no nos puede decir cuál es. El cierre de un proyecto se entremezcla con el inicio de otro y eso llena a la palentina.
Un sector sacrificado y el futuro
“Este es un mundo muy sacrificado. Generalmente estás sujeto a tener que desplazarte. Las obras y los bienes materiales no te llaman a casa, eres tú el que tienes que ir donde ellos estén. Cada vez vivimos más en un mundo donde la comodidad impera. Queremos todo ya, nuevo, bonito, ahora y a mano”, explica Sonia.
Añade que la restauración es “todo lo contrario”. Consiste en acercarse a lo que está “prácticamente destruido, apreciar su belleza, estudiar su pasado y tratarlo con cariño, respeto para pasar mil horas curando sus heridas”. Después, se vuelve a ver bonito.
“Quiero continuar creciendo y avanzando. Seguir trabajando y tener la oportunidad de estar frente a más obras para aprender de cada una de ellas. La fortuna de trabajar en lo que te gusta es que sientes que siempre tienes espacio para la mejora. Creo que yo no he hecho más que iniciar mi camino”, finaliza.
