Cuando hablamos de despoblación –palabra tan de moda y en este lado de la frontera la España ‘vaciada’- siempre se explica por la marcha de los jóvenes del mundo rural en búsqueda de nuevos horizontes laborales y personales. Pero existen excepciones y, además, se viven de la mejor manera. Es el caso de Daniel Martins, un joven de 34 años, que decidió emprender en las tierras transmontanas de Alfândega da Fé con la producción de un aceite especial, aunque se podría llamar biológico o ecológico, que parte del cultivo de olivos transmontanos. Es el conocido y reconocido aceite ‘Facetas Daniel Martins'. Puro zumo de aceituna producido con los más altos parámetros de calidad.

Daniel Martins es mucho más que productor de aceite biológica, continuador de una saga que lleva ya tres generaciones elaborando este ‘oro líquido’. Es el amante perfecto del terreno que cultiva, del espacio natural en que vive y desarrolla su experiencia natural de convivencia con la ruralidad más sentida, no por esnobismo, sino por decisión y creencia.

Es que Daniel, al margen de su sencillez, bondad, amistad y servicio, es un alma inquieta y viajera. Estudió Ingeniería Medioambiental que desarrolló laboralmente durante un año. Pero se dio cuenta que ‘lo suyo’ era vivir por cuenta propia y desarrollar su “gusto” por la naturaleza, con la que siempre mantuvo una gran ligazón.

Con su sonrisa permanente, su gorra campestre transmontana muy al gusto rural portugués y la sencillez, explica cómo decidió, a su regreso al campo, explotar los olivares que “felizmente nunca fueron vendidos por su familia” y valorizar el aceite producido con la ayuda de sus padres. Deja bien claro, en un paseo por sus predios cuando el sol cae por las colinas de la sierra de Bornes, y un gallo eleva su quiquiriquí cuando ronda a las gallinas que sueltas pican y pican los bichejos que asoman entre la seca hierba, que siempre tuvo el objetivo “de preservación del medioambiente”. Para ello se forma en agricultura biológica y formas de obtener un producto de calidad superior. Y lo consiguió.

El viajero recorre los olivares guiado por la erudita explicación de Daniel, quien presenta olivos con más de 100 años de antigüedad, ya que fueron registrados en 1903. Otros, más jóvenes, también poseen la friolera de 40 años, “teniendo en cuenta la larga vida de una oliva, están aún en su infancia”.  Además, su plan de plantación sigue su camino.

Arte, hasta en la botella

Daniel es innovación que va de la mano con el arte en su etiquetado. Con exportaciones a muchos países del orbe –desde Dinamarca a Francia, pasando también por Bélgica, Suecia, Suiza llegando hasta Taiwan- busca la distinción. Sentado en su taller de embalaje todo lo etiqueta a mano en una artesanía minuciosa. La botella lleva unos colores con un diseño inspirado en el azulejo portugués. Un elemento típico de la construcción lusa conocido en todo el mundo por sus expresiones artísticas.

Además, su cara va también impresa en el etiquetado de manera vertical. De ahí el nombre de su marca, ‘Facetas’ –caras-, que busca unir al productor con el consumidor, para que tenga en cuenta que “no se trata de una gran compañía, solamente yo, produciendo aceite para él”.

No son grandes producciones de aceite, sino series limitadas con destino final también muy selectivo y fijo. Por eso, la historia de Daniel Martins es la película del joven emprendedor afincado en un mundo que languidece por falta de juventud y longevidad de sus habitantes.

Daniel es feliz en sus tierras de Alfândega da Fé. Rodeado de sus perros, gallinas, gallos, pavos y olivos. Pero también ciruelos y perales, cerezos y manzanos. Es la vida de un joven bien formado que busca la plenitud de la vida en el medio natural que heredó de sus antepasados. Es la continuación de una saga de aceiteros que se niega a morir.

Daniel Martins es afortunado de compartir con sus amigos –muchos- y paisanos las vivencias que produce convivir con una tierra hermosa y fructífera. El viajero pudo compartir esos momentos de plenitud con Daniel y su amigo Pedro por su Quinta da Terrinha. Es el regreso a la tierra y al terruño, a la vida natural y al emprendimiento. Son jóvenes para quienes el valor del territorio está por encima de otras banalidades de esta sociedad urbanícola. Es la esperanza de un mañana mejor que se vive catando un aceite especial, saboreando un trozo de queso y una miaja de ‘chouriça’ y también el gusto del buen vino y el trabajo que ennoblece.

A esta zona la llaman el ‘Vale do Nilo Portugués’. Es el silencio y la paz en un paisaje idílico que ya descubrieron los árabes. Es la agroalimentación con productos de primera calidad… es la armonía que produce la naturaleza en estado inmaculado.

Cuando el viajero abandona la Quinta camino de Alfândega da Fé, con el sol ya casi dormido y los colores rojos del atardecer expandiendo su cromatismo por todo el Vale da Vilariça, el gallo levanta su cántico para decir todos tus sueños pueden hacerse realidad si tienes el coraje de perseguirlos, y, ciertamente, que Daniel Martins con su aceite ‘Facetas’ los persigue, ay!

REPORTAJE GRÁFICO LUIS FALCÃO