Mucho se está hablando y cada vez más se hará de famosos casos de corrupción, en definitiva, de la comisión, siempre presunta claro, de delitos de diversa índole y que afectan a personajes públicos o notoriamente conocidos cuando no famosos.

Naturalmente siempre se utiliza el "burladero", como lo denomina el jurista y expolítico, Andrés Ollero de la famosa y constitucional "presunción de inocencia" para muchas veces escurrir el bulto.

Sin embargo, también los maestros del derecho romano utilizaron un aserto latino que viene al caso de lo que está sucediendo, y que puede decirse que siempre viene ocurriendo ya que llueve sobre mojado y que dice "cui bono" o "Cui prodest", o sea, a quién beneficia un hecho delictivo para conocer su autor y que siempre es utilizado por la ciencia criminalista en las investigaciones policiales o judiciales.

No siempre es así de simple pero indudablemente quien se beneficia de las consecuencias de un hecho suele tener algo o bastante que ver con su comisión. Ya lo dijo Seneca: "Aquel a quien aprovecha el crimen es quien lo ha cometido " (Medea).

Pues bien, si aplicamos este proverbio a los casos famosos que conocemos día a día es fácil deducir a quién o a quiénes benefician y, por ello, concluir quién o quiénes son sus autores directos o indirectos, o, en su caso, inductores, cómplices o encubridores como señala nuestro Código Penal, o sea, que, en definitiva, cada palo que aguante su vela.

Mucho habrá que investigar, probar y acreditar para llegar a conclusiones o hechos probados de una sentencia y que esta sea firme, pero, este a veces largo e interminable proceso, nunca mejor dicho, deberá concluir algún día, pero, mientras tanto el punto de partida está o debe estar claro y este no es otro que el famoso "cui prodest".