El discurso de Pedro Sánchez en la reciente Asamblea General de la ONU, difundido por su diario “gubernamental”, tuvo los consabidos latiguillos sobre cuestiones ya sabidas, pacifismo, multilateralismo, medio ambiente, etc…, pero hubo, sin embargo, un apartado central en lo que yo llamaría feminismo universal.

En efecto, Sánchez se centró de forma relevante en proponer que el próximo secretario general de la ONU fuera una mujer y además latinoamericana, argumentando que hasta ahora todos los secretarios generales de la organización habían sido hombres y que había llegado la hora del cambio, lo que sin duda parece plausible.

Por cierto, ya hay candidatas bien situadas, aunque no sean latinas, punto este último sobre el que no dio argumento alguno para apoyarlo.

Pues bien, además, invocó una referencia española poniendo como ejemplo el de Clara Campoamor, dos veces citada y que reflejó paradigmáticamente.

El ejemplo de Campoamor es motivo de orgullo para nosotros, pero habría que precisar que su lucha en el parlamento como diputada fue para conseguir que la mujer pudiera votar igual que el hombre, lo que se logró en las Elecciones Generales de noviembre de 1933.

Ahora la situación, casi cíen años después, es distinta, ya que, salvo contados países, la mujer está equiparada al hombre y no hay en principio apenas diferencias. Pero claro, el recurso dialéctico que le venía bien a Sánchez se le volvió, a mi juicio, en contra.

Esto es, cayó en su propia trampa al invocar fundamentalmente el argumento numérico de ambos.

Veamos, en España ha habido desde que tenemos democracia siete presidentes del Gobierno, a saber; Suárez, Calvo Sotelo, Felipe González, Aznar, Zapatero, Rajoy y el propio Sánchez, o sea, todos hombres y, ante ello, este se sigue postulando para seguir siendo presidente.

Por lo que habría que preguntarle ¿Por qué no se aplica su teoría feminista y cede la candidatura a una mujer, como sería lo coherente?

De no hacerlo así, como no lo está haciendo, habría que recordarle aquello que dijo Séneca de “hacer lo que digo, pero no lo que hago”.