Hay disputas y guerras civiles que se libran bajo banderas diferentes y hay otras, más íntimas –cuerpo a cuerpo– y por ello más sabrosas, que se libran con estatutos en ristre como la quijada cainita. La que sostienen Javier Alfonso Cendón, secretario general del PSOE de León, y José Antonio Diez, alcalde de la ciudad y militante socialista, pertenece a esta segunda estirpe, la de las trifulcas de familia que se dirimen a puerta cerrada y acaban, inevitablemente, entre las paredes de un patio de vecindad o de una castiza corrala.
El argumento es de una sencillez minimalista, como la decoración ahora en boga. Diez quiere repetir como candidato a la alcaldía de la ciudad de León en los próximos comicios municipales y ha tenido el arrebato de sinceridad de anunciarlo a su riesgo y ventura, sin someterse al trámite de consultar al "aparato" de su partido. Más todavía: ha amagado que, si el PSOE no le deja concurrir bajo el paraguas de sus siglas, buscará otras. Díez ha escenificado ser más "leonesista" que la UPL. Quizá piense llamar a su puerta como un ánima en pena, cuando Cendón lo fulmine con la furia del rayo flamígero.
Cendón, que preferiría que el futuro de León lo decidiera el PSOE y no su alcalde por aclamación "propia", ha respondido algo similar a la frase tan repetida en el castellano viejo: "Dijo la sartén al cazo: ¡Apártate, que me tiznas!". Cendón afirma contundente que Diez "vive de la política" y se presentará "por cualquier sigla" con tal de seguir viviendo de ella. El "compañero" secretario general ve la paja en el ojo del prójimo. Una inmensa mayoría de la clase política española cobra sus emolumentos del erario público. Sin valorar ninguna clase de merecimientos, pues la meritocracia queda como terreno de juego de la ciudadanía –los soldados rasos– y no de la política.
Viniendo de un correligionario, el diagnóstico tiene su enjundia; viniendo de la boca de quien comparte cargos públicos y partido, tiene además su comicidad. Conviene saborear la ironía involuntaria del reproche. Recriminar a un político –del nivel representativo del primer edil de una ciudad como León– de vivir de la política es como afirmar que todos los días sale el sol, o sea una evidencia. Cendón lo sabe, y por eso no se ha conformado con la acusación: ha añadido que Diez "abandonó el PSOE hace mucho tiempo", que no participa en sus órganos, que no sigue sus programas electorales, y además que si tanto sufre en las filas socialistas, tiene la puerta abierta. Es la fórmula clásica del repudio finolis y con modales: no te echo, pero por favor, no vuelvas a casa por Navidad, como los turrones de "El Almendro".
El alcalde, mientras tanto, ha preferido la estrategia del hecho consumado, que en la política de aparato suele rendir más que cualquier argumento. La Ejecutiva Municipal del PSOE de León –la agrupación más numerosa de nuestra Comunidad, detalle que José Antonio Díez no deja de recordar como quien exhibe una Grandeza de España– respaldó su candidatura por unanimidad, es decir en "aclamación a la búlgara".
Cendón, fiel a su papel de "apparátchik", ha puesto en entredicho hasta el propio acto de respaldo, reclamando el acta de la reunión porque, según le trasladan, no hubo votación formal, de ahí la elección "a la búlgara".
Hay, además, algo del viejo vicio del cainismo español en todo esto. Cendón esgrime los estatutos como quien blande una espada; Diez enarbola el respaldo de las bases como quien muestra un trofeo de caza. Con su cinismo habitual el eterno político italiano Giulio Andreotti, clasificaba con sarcasmo cruel a los seres humanos: "En la vida hay amigos, conocidos, adversarios, enemigos y compañeros de partido". Cendón y Diez están en la última cita de la clasificación.
Ferraz, entretanto, observa desde la distancia con la flema de quien ha visto ya demasiadas guerras de provincias como para intervenir antes de que la pugna se apague solita como una pavesa, al menos antes de que la trifulca amenace con salpicar al aparato central del PSOE, que es cuando de verdad aflorarían los nervios.
Queda por ver si habrá primarias en la agrupación socialista de León para designar candidato a la alcaldía, si aparecerá el acta perdida y si Diez cumplirá su amago de buscar otras siglas si las suyas cerrasen la puerta.
Lo que ya no admite discusión es que León asiste, entre la fascinación y el tedio a este culebrón. Diez va camino del estrellato mediático. Lo conseguirá como el alcalde Juan Morano cuando abandone el Ayuntamiento de León con bata y pijama, tras la teatralización de una "mini" huelga de hambre. De momento Diez se jacta de "leonesista" como Morano. De ahí al batín solo queda un corto trecho.
