La crisis nacional abierta por la invasión de Ceuta por decenas de miles de inmigrantes ha puesto a Pedro Sánchez contra las cuerdas. Mucho más que todos los frentes que tiene abiertos por presunta corrupción, que son casi tantos como los de Alemania en los finales de la Segunda Guerra Mundial.
La vulneración de la soberanía territorial española ha despertado la conciencia nacional – entendida por tal el sentimiento de pertenencia a la nación de España- de millones de ciudadanos que parecían dormitar sin fin como los “Amantes de Teruel”.
Ceuta es el iceberg que ha impactado contra el casco del gobierno de Sánchez y sus socios, y como el “Titanic” el barco se puede ir irremediablemente a pique. Por más que la orquesta de algunos de sus ministros sigan tocando en cubierta como si nada pasase.
Margarita Robles es la solista a la que no aplauden ni siquiera desde la “clá”.
Ruge hasta el felino rampante de la bandera de León. En las filas del socialismo se atisba toda una rebelión municipal. Una decena de sus alcaldes, repartidos por cuatro territorios autónomos, han roto el silencio impuesto a fuego por el PSOE.
El alcalde de León, José Antonio Díez, ha desafiado de nuevo las directrices de Ferraz. Díez, como otros regidores socialistas, estará hoy en las manifestaciones de apoyo a Ceuta.
Díez en León, Rodríguez Osuna en Mérida – que ha convocado su propia manifestación- o el propio PSOE ceutí se desmarcan notoriamente de la “natación sincronizada” de Ferraz. En las filas socialistas se sabe que el sanchismo está ya agotado.
La crisis de soberanía nacional abierta por la invasión de Ceuta no ha creado la fractura del socialismo, sino simplemente ha causado su afloramiento a superficie.
El “sálvese quien pueda” no ha comenzado en Ceuta. Insignes históricos del socialismo español han calificado al gobierno de Sánchez como “agónico”. Tan moribundo asemeja hallarse, que en su desesperación ha lanzado artillería pesada contra la Corona.
El “espíritu de la Transición” es un cadáver que recorre las tierras de España como un ánima en pena, como la “Santa compaña” gallega o “La Estantigua” de Castilla y León.
De “versos libres” ha calificado Montse Minguez – portavoz del PSOE– a los alcaldes “rebeldes” como Díez. El alcalde de León pone nombre a la desobediencia de las directrices de Ferraz. La rebelión municipal es un síntoma, no una anécdota.
El origen no está en Castilla y León sino en Sevilla. Cristina Los Arcos, en Espartinas, convocó para hoy una “manifa” de solidaridad con Ceuta, lo que desmonta la idea de que se trata tan solo de un capricho “leonesista” de Díez.
Se barrunta un fenómeno horizontal y espontáneo, pero los díscolos se blindan por si acaso. Visten el muñeco de la decisión de sumarse a las manifestaciones como “realidad estrictamente local” y que no “supone discrepancia” con la dirección del PSOE.
El alcalde leonés ha dejado clarito que se suma a un sentimiento de la sociedad civil y no a una convocatoria de los partidos de la oposición. Por si acaso hubiera posterior “vendetta”.
La coartada de los “versos libres” socialistas es casi idéntica. Aparenta la existencia de un guion tácito: desobedecer sin decir que se desobedece. El detalle es jugoso, los alcaldes del PSOE ni tan siquiera se atreven a plantear una ruptura formal.
Otros alcaldes han calculado su propia “fórmula”. Se hacen juegos malabares como en el “Circo Price”. La primera edil palentina Miriam Andrés no acudirá a la concentración como Díez, pero tampoco obedece ciegamente el veto de Ferraz.
El ayuntamiento de Palencia presentará su “propia declaración de apoyo a Ceuta” al margen de las manifestaciones de esta tarde.
El gobierno de España está perdiendo el relato de la invasión de Ceuta. Se ha quedado solo con el estribillo de “crisis humanitaria” – que lo es – y su munición retórica confirma que actúa con desasosiego. Sánchez utiliza un lenguaje defensivo.
Ha perdido el “relato” incluso con sus propios socios de la izquierda política y los independentistas.
Con Ceuta asaltada, los españoles han redescubierto el sentimiento de nación. El estallido de banderas de España y orgullo colectivo traspasa – ¡oh sorpresa! - acontecimientos deportivos como el pasado Mundial de Fútbol 2026.
El deporte del balompié convirtió la bandera en fiesta; Ceuta está transmutando la enseña rojigualda en un símbolo de la resistencia ante la maniobra invasiva que muchos analistas achacan a directamente a Rabat.
Idéntica en su manipulación de masas como la perpetrada en 1975 por Hassan II con la “Marcha Verde”, que precipitó el deshonroso abandono del Sáhara español.
Sánchez ha optado por evadir sus deberes y en vez de asumir su responsabilidad política directa, intenta desviar hacia la Corona el desgaste de la invasión de Ceuta.
El norte de África es el gran “talón de Aquiles” de la nación española desde el siglo XIX. Las renovadas reivindicaciones de Marruecos sobre Ceuta y Melilla han vuelto a poner de manifiesto esa vulnerabilidad.
En los peñascos del Rif se abren las grietas por donde siempre respira la afligida zozobra de España.
