Hemos entrado en “agostasía”, término así acuñado por los profesionales de los medios de comunicación para definir la escasez de noticias relevantes en el mes de agosto.

Eso era antes, en los tiempos de periodismo “clásico”. Su primera semana nos mantiene en vilo, con la gran avalancha de migrantes ilegales a Ceuta.

Hay “madera” informativa para rato con la crisis – de Estado, pues no puede denominarse con diminutivos- que ha supuesto el asalto de más de cincuenta mil inmigrantes marroquíes y subsaharianos a la ciudad española de Ceuta.

Pedro Sánchez se ha ido de vacaciones a La Mareta – residencia real, perteneciente a Patrimonio Nacional – en una operación que tiene un tufo de marketing que encubre un descarnado engaño.

Los socialistas sanchistas escriben en redes sociales que el presidente del gobierno español tiene las “bolas” muy grandes - dicho así por excusar el término más coloquial usado para definir los testes masculinos – por “haber resuelto la crisis de Ceuta en cuarenta y ocho horas y comenzar sus vacaciones”.

Sánchez lo que tiene muy grande es la cara y dura como el cemento. Es más viejo que el hilo negro en el marketing político tratar de aparentar normalidad cuando los pilares de la soberanía nacional se han agrietado en la crisis ceutí hasta acercar a España al abismo del “Estado fallido”.

El vicepresidente de la Junta de Castilla y León, Carlos Pollán, en consonancia con las tesis de su partido Vox, ha solicitado “deportaciones masivas” tras la llegada de decenas de miles de inmigrantes ilegales a Ceuta.

Sánchez puede tumbarse a la bartola a tomar el sol en una hamaca de la piscina de La Mareta, pero no podrá evitar que el asalto perpetrado – por el régimen de Marruecos- contra la soberanía nacional española sea gasolina electoral para el partido de Abascal.

Los sucesos de Ceuta son un auténtico drama, no solo en términos políticos, sino para las personas y las vidas. No se puede obviar ni olvidar los ochenta y ocho fallecidos que han perdido la vida en su “aventura” de acceder a España.

Con una cifra de cadáveres como esa, algún gobierno de la Europa democrática ya habría caído.

Abascal, jefe de filas de Carlos Pollán, ha pedido militarizar la frontera de Ceuta con el reino alauita toda vez que los recientes sucesos suponen un “acto de guerra promovido por Marruecos”.

Su portavoz en el Congreso, Pepa Millán, ha declarado que no estamos solo ante una crisis migratoria sino ante un “arma geopolítica”.

Mohamed VI ha utilizado la misma estrategia que el fallecido Hassan II con la Marcha verde, una multitud de casi trescientas cincuenta mil marroquíes que invadió el Sáhara español y provocó una salida vergonzante de nuestro país sin cumplir los acuerdos de descolonización acordados por la ONU.

Irene Carvajal, primera teniente de alcalde de Valladolid, también ha reforzado la ofensiva de Vox y ha lanzado un obús verbal contra el ministro Albares.

“Estás mintiendo”, respondió Carvajal a los mensajes de Albares en la red X que aseguraban que la “práctica totalidad de quienes entraron en Ceuta han vuelto ya a Marruecos”.

Es un clamor que el ministro de Asuntos Exteriores es una calamidad para la diplomacia española, una de las mejores y más prestigiosas del mundo.

El Partido Popular de Castilla y León y Vox mantienen posturas desiguales en materia de inmigración.

Alfonso Fernández Mañueco ha defendido reiteradamente que la comunidad autónoma que preside ha de ser “solidaria con Canarias, con Ceuta y con las personas que están sufriendo”, a la vez que recuerda que “a veces se nos olvida que son personas, que son niños y niñas”.

Castilla y León ha acogido a inmigrantes menores no acompañados – conocidos como MENAS- lo que ha provocado serias fricciones con Vox.

Con la última crisis de Ceuta, España se ha convertido en la “malquerida” de Europa. Sánchez puede tomarse un 'Bloody Mary' contemplando el atardecer lanzaroteño en La Mareta, pero nada lo librará de haberse convertido en el paria de la Europa democrática.

No solo la Italia de Meloni, sino una buena parte de los aliados de España -entre los que se encuentran sólidas democracias europeas- han rechazado de plano la actitud pasiva del gobierno de Sánchez ante la avalancha humana que accedió ilegalmente a Ceuta.

Pollán no va a solucionar con sus requerimientos verbales el mayúsculo problema de las ciudades autónomas españolas de Ceuta o Melilla. Sánchez no va a mover ni un ápice su postura. Es un presidente genuflexo ante el rey de Marruecos.

Mohamed VI sabe demasiado sobre Pedro Sánchez y el socialismo sanchista. Señor Pollán, todo comenzó con el escándalo de espionaje 'Pegasus'.

Mohamed VI tiene atrapado a Sánchez por las “bolas”, esas de entre los adentros de la horcajadura misma que jalean al buen tuntún sus seguidores.