Ignacio Dancausa, nuevo líder de las juventudes del Partido Popular, afirmó el pasado fin de semana :“Fachadolid será el inicio de la edad dorada de Nuevas Generaciones”. La irreflexión, la impetuosidad, la improvisación en el verbo jugaron a Dancausa una mala pasada. Y vuelta otra vez la burra al trigo, a un término más sobado que el pico de una plancha.
Hay meteduras de gamba que se curan leyendo, o mordiendo los labios ¿Sabía Dancausa el origen de la palabreja “Fachadolid”? Quizá sí, concedamos el beneficio de la duda. “Fachadolid” es desde el punto de vista lingüístico un acrónimo que une el mote de “facha” – por fascista- y el topónimo Valladolid. Alguien debiera haber aconsejado al nuevo líder de las Nuevas Generaciones del PP que la política debe gestionarse con las tres pes de paciencia, prudencia y perseverancia. En el inicio de su mandato Dancausa ya engulló con buen apetito la pe de prudencia. Y se metió en un jardín, sin la umbría romántica del Campo Grande. Está más acostumbrado al Parque del Retiro.
El dichoso acrónimo de “Fachadolid” es una falsa moneda, un bulo, una trola, una leyenda urbana, que no responde a la realidad social ni política de la capital castellana. Dancausa no está muy puesto sobre la autoría intelectual y nacimiento del agravio a la ciudadanía vallisoletana. Conviene recordarlo, porque es memoria y no siempre debemos pacer en la “desmemoria histórica” y menos en el PP. El improperio nació en letra impresa en 1981, publicado en la portada de la revista “Interviú” que combinaba en su línea editorial periodismo de investigación, denuncia social y erotismo. Bastante “amarillismo” periodístico y señoras en paños menores.
Una ola de violencia callejera protagonizada por grupúsculos de extrema derecha que sufrió la ciudad vallisoletana a finales de los 70 y principios de los 80, sirvió para que el mordaz periodista Fernando Valiño - bajo seudónimo de Nicanor Sánchez- acuñase para “Interviú” el sambenito de “Fachadolid”. Nació un cliché tan pegadizo como falso como un mulo. Lo malo es que caló como una frase publicitaria de éxito, pero sin justificación alguna.
Lo más extraño no es que la izquierda utilice el vituperio, sino que Dancausa con tamaña ligereza lo haya usado, dando por asentado que “Fachadolid” no es una solamente una entelequia, sino que existe en la realidad. Algo no funciona en la comunicación del Partido Popular cuando algunos de sus líderes con verbo ligero, ponen una y otra vez a su partido a las patas de los caballos.
“Fachadolid”, señor Dancausa, es una bufonada que no se sostiene con un análisis serio de la realidad de la capital del Pisuerga. Valladolid es una ciudad que ha gozado durante décadas de una alternancia democrática ejemplar entre gobiernos municipales del PSOE y del Partido Popular. Si en Castilla y León hay que buscar un bastión histórico del “movimiento obrero”, necesariamente hay que volver la vista hacia Valladolid.
La ciudad fue cuna de CCOO y foco activo de la “resistencia obrera”- intitulación que se atribuyeron a sí mismos los sindicatos de clase- en los últimos años del franquismo. Los trabajadores de FASA-Renault pusieron en jaque a varios gobiernos del Régimen. Y los estudiantes agitaron su histórica universidad hasta que el ministro Martínez Esteruelas cerró sus aulas.
Valladolid contó y cuenta con barrios “combativos” – que también votaron en su día a la derecha y al imbatible candidato municipal de los populares Javier León- como Delicias, Pajarillos o Rondilla. La izquierda ha gobernado el consistorio vallisoletano durante veinticuatro años, con los alcaldes socialistas Rodríguez Bolaños y Puente. Un cincuenta por ciento de la etapa democrática desde los inicios de la Transición española.
La capital del Pisuerga no es una ciudad reaccionaria, de lo contrario no contaría con eventos como la SEMINCI – que ya desde el franquismo fue una ventana abierta al cine social, de autor, libre y vanguardista, que lograba burlar la censura- o el “Teatro de calle” poliédrico y alternativo a la cultura convencional.
Dancausa ha puesto en un brete al alcalde Jesús Julio Carnero. Óscar Puente, ministro del gobierno de Pedro Sánchez y ex regidor de Valladolid ha exigido a Carnero que rechace se etiquete a la ciudad como “Fachadolid”. Afirman en esta vieja Castilla que “cada palo aguante su vela”. No es Jesús Julio Carnero, sino Ignacio Dancausa quien tiene que encender un velón a Nuestra Señora de San Lorenzo y encomendarse a su intercesión para que la patrona de Valladolid aconseje contener sus ligerezas verbales al reciente líder de Nuevas Generaciones.
No malgaste tan pronto la vela, señor Dancausa, si quiere que su “romería” sea larga. Podía haber adornado su discurso con citas de Zorrilla, Delibes o Rosa Chacel o incluso parafrasear al resolutivo Ciutti de don Juan Tenorio. Cayó en la simpleza de volver a citar el manido “Fachadolid”. Ahora aguante el chaparrón. Sepa que en la ciudad del Pisuerga la gracieta que soltó ya huele a caldo de puchero de enfermo. Es una falsa caricatura, un pasquín de brocha gorda.
