Alumbró Despeñaperros. La criatura –carita de rosa de té del Parque de María Luisa- nació escasa de peso. En la romana tendría que haber alcanzado la muesca del número 55, pero el fiel se atascó en el 53. Juanma Moreno bordó una gran “faena”, digna de La Maestranza.

Consolida el “giro a destra” –como exclamaban los italianos en los tiempos en los que la Democracia Cristiana era hegemónica en “Il bel paese”- pero sin alcanzar la mayoría absoluta en el parlamento andaluz, que ansiaba el Partido Popular.

Moreno “toreó” como Curro Romero, pero marró con la espada. ¡Estocada caída! clamaron los aficionados del tendido uno. En la noche electoral, Juanma perdió los trofeos y hubo de contentarse con una merecidísima vuelta al ruedo.

En el palacio de La Asunción, el presidente de los populares de Castilla y León esperó paciente el veredicto de las urnas de la convocatoria electoral andaluza. Tiene pendiente someterse a debate de investidura en el parlamento regional. Mañueco maneja los tiempos con gelidez. Para no enturbiar la campaña de las elecciones autonómicas en Andalucía ha esperado con pasmosa lentitud.

La estrategia de los populares se avistaba desde la lejanía, no era menester ser demasiado sagaz. Fernández Mañueco no ha querido fijar la postura resultante de las negociaciones con VOX, por si perjudicaba las aspiraciones de Moreno.

Es demasiado complejo cuantificar si la situación actual de la política autonómica de Castilla y León ha influido en los resultados de los comicios andaluces. Probablemente no ha condicionado en nada de nada.

Juanma Moreno obtuvo el domingo una victoria rotunda e incontestable, pero se quedó con la miel en los labios, como reza la expresión popular. El Partido Popular puede valorar los resultados con sentido de la realidad o con disimulo, o sea silbando para otro lado.

El PP está en racha de triunfos electorales, pero no corona la cima de las mayorías absolutas. Para prueba Aragón, Extremadura, Castilla y León y ahora Andalucía.

El comportamiento del voto en las urnas andaluzas ha experimentado un cambio radical. En Andalucía, el PSOE fue partido hegemónico durante más de cuarenta años. Las recientes elecciones permiten concluir que el electorado de este territorio se ha derechizado. La suma de los votos obtenidos por Partido Popular y Vox es abrumadora.

Moreno tendrá que gobernar con la anuencia de VOX. Suena a predictivo de lo que podrá acontecer después de las elecciones generales próximas. Cada vez tiene más peso la opinión que sostiene que VOX tiene que olvidar su aspiración de conseguir el “sorpasso” sobre el PP. Abascal tiene que pensar necesariamente que su partido ha entrado conceptualmente en lo que ciencia política denomina “partidos bisagra”.

El fenómeno está muy estudiado en las democracias liberales occidentales. La co-gobernanza con otro partido con mayores apoyos de votantes es siempre arriesgada.

Muchos de los “partidos bisagra” europeos han sufrido el denominado “abrazo del oso”. En román paladino, el pez grande se acaba comiendo al chico. VOX tiene que hilar fino si quiere evitarlo.

Las elecciones autonómicas de todos estos meses muestran con claridad que Sánchez conduce al PSOE al precipicio. Quizá no le importe dejar tras de sí el espacio ideológico socialista como un erial de tierra quemada y sal. Solo está preocupado por su supervivencia política hasta los comicios electorales próximos.

Puede ser que no sean tan abultadamente desastrosos para el PSOE nacional como lo han sido en Andalucía para la candidata María Jesús Montero.

Montero, adalid del sanchismo más ortodoxo, necesitaba una dosis de humildad a gritos. Empoderada, prepotente, histriónica, lenguaraz, será recordada como el paradigma de la soberbia.

Nadie en la historia del parlamentarismo español habrá expresado tamañas muecas de rostro y corporales. Ni siquiera el conde de Romanones, de quien Francesc Cambó afirmaba: “Cada gesto de su cara es un delito”.

Si no merecieran tanto respeto los payasos Gabi, Fofó y Miliki, habría que decir que María Jesús Montero ha creído que en el palacio de la Carrera de San Jerónimo se representaban funciones de “Había una vez un circo”.

En las urnas andaluzas, los votantes suavizaron su agreste talante dejando al PSOE con el menor apoyo electoral de la historia de la democracia del 78.

Resuelta, o casi resuelta la incógnita sobre la identidad del inquilino del palacio de San Telmo tras los comicios de mayo, Fernández Mañueco tiene que presentar los “platos” en las Cortes y a la opinión pública.

El puchero se está enfriando. O Abascal añade unas brasas a la lumbre o no se cocerán los garbanzos. VOX decide si bulle o deja de borbotar la olla. A ver quién es el guapo que digiere unos “gabrieles” duros como balines.