Ha pasado el Primero de Mayo y ha quedado claro que los sindicatos mayoritarios UGT y Comisiones Obreras, han cambiado drásticamente de actitud, y de la belicosidad de antaño ya no queda nada.

Ahora con el poder político son dóciles hasta el extremo que en su manifestación obrerista van miembros del Gobierno y candidatos afines, como se ha visto en la marcha de Málaga coincidente con la campaña andaluza en ciernes; dando la impresión de apoyo a las candidaturas análogas y concordantes.

Uno que ya tiene años para ello recuerda las huelgas generales que se le hicieron al Gobierno socialista de Felipe González, precisamente por un sindicato teóricamente coincidente como era UGT, hermano del PSOE desde su conjunta fundación.

Recuerdo también que el secretario general de UGT era en un principio miembro nato de la ejecutiva federal del Partido Socialista hasta que en concreto Nicolás Redondo, líder del sindicato ugetista, renunció a dicho puesto para reivindicar su independencia y su autonomía frente a un PSOE que iba a ser pronto partido de gobierno.

Precisamente en el Congreso de Suresnes de 1974, en el que fue elegido primer secretario Felipe González, tuve ocasión de escuchar a Nicolás Redondo que un amplio sector socialista le había ofrecido ese puesto; pero él renunció al mismo con un argumento decisivo: “El líder del PSOE puede ser pronto presidente del Gobierno de España y yo no me considero capacitado para dicho puesto”.

Sin embargo, y a pesar de esta equidistancia, Nicolás Redondo continuó siendo un compañero querido y respetado por todos los miembros del PSOE que, no obstante las discrepancias que por razones obvias existían, daban una imagen de alejamiento.

Alejamiento que fue creciendo con el tiempo, pero como dijo recientemente Felipe González, con motivo de la expulsión de Joaquín Leguina, por sus críticas a Pedro Sánchez, ello no motivó que se adoptara ninguna medida contra los ugetistas discrepantes que, a pesar de todo, seguían siendo militantes del PSOE.

No obstante ello, la separación era clara y nítida y los objetivos sindicales no coincidían ni mucho menos con los del gobierno socialista, y de ahí las huelgas generales que ponían de manifiesto las diferencias existentes sobre cuestiones salariales y reivindicativas.

Recuerdo igualmente que hasta los abogados socialistas éramos ugetistas y pertenecíamos a la Federación de Trabajadores del Derecho FETRADE, que posteriormente fue disuelta, con lo que el propio Felipe Gonzales, Gregorio Peces Barba, José Federico de Carvajal, Leopoldo Torres y yo mismo, quedamos fuera de la UGT.

Hoy en día vemos como tanto UGT como Comisiones Obreras son dóciles con el Gobierno, me imagino que por intereses y alianzas no siempre conocidas.

Tanto es así que algunas leyes, como la reforma laboral, se han aprobado en consenso con los sindicatos, lo que ha evitado la más mínima discrepancia.

En definitiva, esta empatía sindical-política que evita tensiones y discrepancias, ha convertido las relaciones gobierno-sindicatos en una clara luna de miel.

Esperemos que sea para bien, aunque llame la atención tanta docilidad y aparente sumisión que, aunque muy útil para el Gobierno, da una imagen poco ilusionante y realista.