Echa chispas la polémica desatada por la pretensión del Gobierno vasco de que el cuadro de Picasso denominado Guernica, sea trasladado a Bilbao para instalarse con carácter temporal en el museo Guggenheim.
Aunque la respuesta del Gobierno español ha sido negativa, alegando la fragilidad del cuadro incompatible con su transporte, ello ha servido para resucitar viejas polémicas.
Una de ellas es la antigua cuestión de si el cuadro se hizo por Picasso para recordar el trágico bombardeo de Guernica por la legión Cóndor o, por el contrario, por la muerte del torero y literato Ignacio Sánchez Mejías, amigo del pintor. No parece que esta última tesis tenga sustento suficiente, pues por muy importante que era el torero escritor, ello no justificaría una obra de tal calado aunque aparezcan motivos taurinos en la obra como la cabeza de un toro de forma preeminente.
En fin, sea lo que sea, la realidad es que el famoso cuadro está unido en su bautismo y significado al histórico bombardeo del que el año próximo se cumplirán 90 años, cuya conmemoración ha justificado la petición del Gobierno vasco.
Es evidente que lo mejor es no mover el cuadro, pero no olvidemos el dicho de que “lo mejor es enemigo de lo bueno” y podría argumentarse, seguro que el Gobierno vasco lo hará, que el Guernica ha sido un cuadro viajero; según Antonio Lucas (El Mundo, 14/04/26) lo ha hecho hasta 11 veces en que visitó otros tantos países y fue parte de nada menos que 40 exposiciones y ya de regreso de Nueva York a España, Madrid, del Casón del Buen Retiro - Museo del Prado, pasó al Museo Reina Sofía, donde está ahora desde 1992.
Esto es, por mucho que se quiera, técnicamente no sería imposible su traslado a Bilbao y regreso a Madrid. Sería increíble que ahora que se puede circunvalar la Luna no se pueda realizar este traslado con todas las garantías de seguridad.
Pero bueno, también se me ocurre que hay otra solución que podría satisfacer a los vascos y es realizar una copia del original que resultaría ser un Guernica bis, como se hace con tantas obras de arte.
La fotografía que ilustra este artículo refleja el Guernica que Rafael Vera y José Barrionuevo pintaron durante su estancia en la cárcel de Guadalajara y que tuve el gusto de visitarlos con motivo del indulto que les pedí y gestioné junto con los compañeros socialistas de Ciudad Rodrigo y gracia que les fue concedida por el Gobierno de Aznar.
La obra como se ve es perfecta y ambos autores ni eran ni son profesionales de la pintura, salvo la condición de aparejador de Vera con conocimientos de dibujo técnico. Ello demuestra que la reproducción del Guernica es no solo viable sino muy posible y de limitado coste.
Si se abriera una suscripción popular seguro que se cubriría con creces el presupuesto de este Guernica bis, por lo que animo al Gobierno vasco a que la convoque, ya que seguro que costaría menos que el traslado de ida y vuelta y seguros del original y, además, ya quedaría como obra permanente en el referido museo bilbaíno.
Volviendo al dicho anterior, creo que es una buena solución, aunque no sea la mejor. Así pues, manos a la obra.
