Ya sabemos la cantidad, ríos de tinta se decía antes, que la guerra de Irán o mejor dicho contra Irán está provocando en los medios de comunicación y ya sabemos también la destrucción, muertos y, directamente para todos nosotros, incremento de precios y previsiones de escasez en combustibles y energéticos.
También conocemos el famoso eslogan del 'no a la guerra' que se está utilizando, o mejor dicho comercializando, a efectos de captación electoral.
Nada que decir al respecto, sino que, frente a dicho eslogan, que es de cajón, según mi opinión es mucho más efectivo y constructivo a todos los efectos el de “sí a la paz”, que es, a mi juicio, más acorde con los deseos de la mayoría, aunque no tenga la captación mediática que su contrario citado.
Puede decirse por tanto que la paz es el horizonte al que siempre debe llegarse, ya lo dijo Indira Gandhi: “No hay camino para la paz, la paz es el camino”.
Este camino es el que debe andarse siempre, puesto que solo así obtendremos un saldo positivo y no negativo, como siempre produce la guerra, ya sea ilegal o no.
Precisamente sobre esto último se habla mucho, del carácter ilegal de la guerra, como si hubiera guerras legales, aunque con el tan manoseado derecho internacional en cuestión, la guerra si es ilegal para los que la inician, se supone que no lo será para el que la contrarresta.
Esto es, si la guerra de Irán es ilegal y sin duda lo es para el agresor, o sea Estados Unidos e Israel, será legal para Irán, lo que no deja de ser chocante la respuesta desproporcionada que este país está aplicando al agredir a terceros países que no son los que le agreden. En fin, el caos más evidente.
Pero volvamos al sí a la paz y citemos a Benito Juárez, que dijo aquello de que “el respeto al derecho ajeno es la paz”, y esta debe ser la cuestión que nos ocupe y no otra. ¿Se está respetando el derecho ajeno?
Entiendo que según quien lo afirme se estará violando o no ese derecho, ya que Israel y sobre todo USA, entienden que el régimen iraní con armas nucleares pone en peligro a la comunidad internacional y a su derecho a la paz. Una tesis muy discutible, pero origen de todo el conflicto.
Por ello, hay que citar también a Martin Luther King cuando dijo aquello de que “la paz no es solo una meta lejana que buscamos, sino un medio por el cual llegamos a esa meta”. Y tiene razón este mártir negro, que sufrió con su vida la defensa de la justicia, la libertad y la paz para todos los de color.
¿Y qué puede decirse ante esta escalada que, aunque tenga los días contados, es de imprevisibles consecuencias? Nelson Mandela, otro genio de la paz, dijo también que “si quieres hacer las paces con tu enemigo, tienes que trabajar con él. Entonces se convierte en tu socio”.
Y no olvidemos que Mandela en su toma de posesión como presidente de Sudáfrica, le manifestó a Juan Jose Laborda que la transición española les había servido de modelo. Algo que no debemos olvidar, porque precisamente el éxito de dicha transición fue dejar a un lado a los enemigos y convertirse todos en socios de la pacificación.
¿Podrán Trump y Netanyahu tomar nota de todo ello y dialogar con Irán? Para hacer bueno lo que dijo John Lenon:“Lo único que decimos es que hay que darle una oportunidad a la paz”. Aunque esta, como también dijo Albert Einstein, “la paz no se puede mantener por la fuerza, solo se puede lograr mediante el entendimiento”.
En fin, como se ve, hay consejos de sobra para encauzar este conflicto bélico. Uno más en la historia de nuestra humanidad y que pone en evidencia la necesidad del derecho como principio básico.
Y como decía el jurisconsulto romano Ulpiano: “Los tres principios básicos del derecho son tres: vivir honestamente, no dañar al otro y dar a cada uno lo suyo”, como nos recuerda el catedrático catalán Víctor Ferreres en su reciente y brillante obra Elogio del derecho. (Arpa & Alfil Editores S.L. Barcelona, febrero 2026).
Y añade Víctor Ferreres: “¿Y qué significa vivir honestamente?” Pues bien, citando a Kant, señala que “no te conviertas en un simple medio para los demás, sino se para ellos a la vez un fin”, es decir, la persona debe de hacerse respetar y debe ejercer sus derechos frente a los demás hasta el extremo.
Sigue Ferreres citando a Ihering, de que “los ciudadanos haciéndose respetar formarán la fuerza que haga posible que el Estado se haga respetar en la esfera internacional en sus relaciones con otros Estados”.
En definitiva, como dice André Guide “es más fácil incitar a los hombres al combate avivando sus pasiones que contenerlos y dirigirlos hacia las pacientes labores de la paz”. Es evidente que todos debemos buscar la paz y el entendimiento mutuo.
Por ello, me reafirmo una vez más en el “sí a la paz”, que no es solo ausencia de guerra, como ya decíamos los ahora mayores en la época del franquismo cuando se conmemoraron los famosos “25 años de paz”, ya que había paz, pero no libertad, y son dos valores, a mi juicio, inseparables.
Esperemos que Trump en su Casa Blanca, que debe seguir siendo símbolo de la paz, como así nos recordaron a todos los que la visitamos y Netanyahu en su Jerusalén, también ciudad simbólica del mensaje evangélico, se percaten de que solo la paz puede hacer felices a sus pueblos.
