Hace tiempo que el Congreso de los Diputados se convirtió para Pedro Sánchez en una mera caja de resonancia. El presidente se cree erigido en poseedor de la soberanía nacional, que constitucionalmente reside en el pueblo.
En la mañana de ayer, Sánchez utilizó de nuevo la fórmula de la alocución directa a los españolitos para comunicar que había hecho “cacharritos” con Donald Trump. Mensajes de este calado deberían pronunciarse en sede parlamentaria, pero ya sabemos que Sánchez es un forofo de la fórmula “Aló presidente”, programa televisivo donde la dictadura bolivariana venezolana adoctrinaba a la ciudadanía. Comunismo puro.
La interlocución directa entre poder público y ciudadanos – cuando son considerados súbditos- es más propio de las repúblicas “bananeras” dictatoriales. En la Europa de las democracias liberales solo se utilizan las alocuciones de los máximos responsables de los gobiernos para asuntos de urgencia o suma trascendencia nacional.
En países con tradición democrática, los gobernantes acuden a los parlamentos donde además sus señorías pueden replicar. Sánchez – tan laico – gusta de ese final ritual “Amén Jesús”. Y si la oposición o la prensa quiere saber, que acudan a Salamanca.
Sin pretenderlo de forma directa, la declaración del presidente Sánchez llega como el maná al PSOE de Castilla y León en plena campaña electoral para los comicios autonómicos del quince de marzo.
Para Martínez, las altisonancias de Sánchez, autoerigido el líder mundial que se “atreve” – el entrecomillado quiere resaltar la fanfarronería de su discurso- a contrariar a Trump, son para el alcalde-candidato como el zapatito que el príncipe acomoda gentilmente en el pie de Cenicienta. Precisamente, cuando las encuestas no prevén para el PSOE castellano y leonés un resultado cañón.
El último “Aló presidente” sanchista no tiene como fin último influir en los resultados electorales de su partido en los comicios autonómicos de Castilla y León, pero Martínez ha visto abiertos los cielos. El PSOE viene transitando a trancas y barrancas en los últimos comicios autonómicos de Extremadura y Aragón por una “vía dolorosa” que barrunta la llegada de un inexorable calvario.
Al socialismo español le quedan pocos trucos en su chistera, sus magias no cuelan. Para paliar la debacle electoral que se vislumbra en las próximas elecciones generales, intenta por todos los medios fagocitar los votos de la izquierda radical y trasvasarlos a las alforjas socialistas.
La extrema izquierda española – y la de Castilla y León- está en pleno proceso de contienda cainita. Nada nuevo, solo tenemos que observar la historia mundial para aseverar las escisiones, refundaciones, fulanismos y transformismos con los que la ideología comunista se ha revestido desde la revolución bolchevique rusa.
Pedro Sánchez quiere almorzar el “jamón-jamón” de Podemos, IU-Sumar y otras izquierdas radicales. Pero, aunque el pernil está ya en el hueso todo es bueno para hacer caldo en el convento de Ferraz.
El “No a la guerra” que ayer rescató Sánchez, de soslayo beneficiará a Carlos Martínez en los comicios de Castilla y León. Una parte de la izquierda radical – muy pacifista de pico, pero no de pala si quien ejerce la violencia o represión es una dictadura comunista – puede volver la vista hacia el socialismo y votar Martínez.
Tras la célebre foto de las islas Azores con Aznar respaldando la intervención del presidente Bush Jr. en Irak, la izquierda española rentabilizó aquel error – abultado error- del entonces presidente del Gobierno de España.
El 'No a la guerra' lo suscriben sin reserva millones de españoles, de todo el espectro ideológico. Puesto en boca de Sánchez, el eslogan tiene menos credibilidad que un delincuente convicto en un juicio.
Cuando el socialismo español condene con tanta contundencia muchas de las dictaduras del mundo – la de Venezuela, la cubana o la deriva de Claudia Sheinbaum en México -, existirá concordancia con el autoproclamado pacifismo socialista. Ahora Sánchez solo regala pirotecnia y mascletá.
Carlos Martínez se frotará las manos, el conflicto EEUU-Israel contra la teocracia iraní -uno de los regímenes políticos más crueles del orbe- removerá emocionalmente a la izquierda española.
Votantes que ya tendrían decidido abstenerse en las urnas del 15-M en Castilla y León, o quienes optarían por depositar en las urnas papeletas para la izquierda radical, podrían regresar al socialismo. Mientras misiles caen y planean drones en Oriente Medio, Martínez se ha hecho forofo del refranero: “No hay mal que por bien no venga”.
