El politólogo francés Pascal Perrineau, acuñó el término “gaucho-lepenismo” (izquierdo -lepenismo) para denominar a una parte del electorado ideológicamente de izquierda, que desarrolló en nuestro país vecino un rechazo a la inmigración y a las ideas “progresistas” que defendía la izquierda tradicional gala.

Esos votantes – que en Francia suman un grupo considerable- optaron en su día por apoyar en las urnas al Frente Nacional, que muchos años lideró Jean-Maríe Le Pen.

Si se toma como aproximación -sin ánimo de causar pasmo en nadie- que en España las posiciones de Vox coinciden en bastantes términos con el “lepenismo” o los postulados del Partido por la Libertad de los Países Bajos, “Ley y Justicia” de Polonia, la “Unión Cívica Húngara” y más novedosamente con los de la italiana Meloni, nos lleva a pensar que no es descabellado acuñar el término “izquierdo-voxismo”.

Algunos fieles al partido de Santiago Abascal pueden darse por ofendidos, pero voces muy respetadas de la ciencia política europea estudian con rigor a las derechas populistas desde los años noventa.

Quizá les produzca repulsión pensar que Vox viene recogiendo adhesiones electorales de votantes que antes apoyaron a la izquierda, incluso a la más radical que había permanecido en los “caladeros” de votantes de IU-Sumar o Podemos. Es una falsedad sociológica sostener que Vox es el partido de los pudientes y los “señoritos”.

Se van conociendo las primeras encuestas demoscópicas de intención de voto para las elecciones autonómicas de Castilla y León. La mayor parte de ellas – excepto el CIS que es una máquina de mentir – trazan un escenario donde los populares de Fernández Mañueco obtendrían un crecimiento ligero respecto a los anteriores comicios, los socialistas de Martínez un decrecimiento- sin tintes de debacle- y un aumento del apoyo a Vox.

La izquierda radical obtendría un resultado simbólico y los partidos como UPL, Por Ávila y Soria ¡Ya! conseguirían escaños en sus circunscripciones de arraigo. El resto, condenados a la hambruna -de votos- como Carpanta.

A falta de una segmentación empírica del perfil de los votantes de cada formación política – hoy analizaremos solo a Vox- no es descabellado trasladar el término “gaucho-lepenisme” de los franceses al partido de Abascal. El “izquierdo-voxismo” no es ningún desdoro – algunos fieles de Vox se pueden ofender- sino la constatación de una realidad demoscópica. La captación de votantes de izquierdas por parte de Vox es un fenómeno sociológico tan serio como el investigado por Perrineau en Francia.

El CIS que es como el ministerio de Propaganda que creó Franco y no estudia a los politólogos franceses, porque es una maquinaría más de los argumentarios sincronizados de Sánchez; afirmó en un estudio de 2023 que el perfil socio-económico del votante de Vox se encuadra en la clase alta y media-alta. Tezanos ha dicho y hecho bastantes majaderías.

El trasvase del electorado “obrero” a la derecha populista no es únicamente un fenómeno particular francés, sino de varios países de Europa. Ian Buruma, ensayista de los Países Bajos nominó a estos movimientos como “nueva izquierda”.

En España hay segmentos de población trabajadora y reivindicación “obrerista” que siguen con preocupación la competencia que en el mercado de trabajo supone la mano de obra inmigrante. Ahí pesca Vox.

Francia, país donde se acuña el “izquierdo-lepenismo”, está aquejada de conflictos sociales y de seguridad por no haber trazado un plan para la integración de la inmigración que proviene de países de religión islámica. Es reprobable toda xenofobia, pero en España también existe inquietud con este asunto. Ahí, pesca Vox.

Los populares de Castilla y León están desasosegados por lo que pueda ocurrir en las elecciones autonómicas con el voto rural y con la opción que en las urnas tomen los agricultores y ganaderos.

El PP ha lanzado un spot con una orquestada caravana donde se incluye una furgoneta – como guiño a los trabajadores autónomos, que han de “currar” como leones para llevan al pan a sus casas- o un tractor para hacer las paces con los agricultores de las “tractoradas”. ¡Ay Mercosur! ahí también puede pescar Vox. La cesta para clasificar en lotes las sardinas, los anchoas o los jureles se destapa el 15-M.