Fernández Mañueco firmó este lunes el decreto de convocatoria de elecciones autonómicas. La legislatura que finaliza estuvo marcada por un inicial acuerdo de gobierno de coalición entre Partido Popular y Vox. El partido de Abascal trajo no pocos quebraderos de cabeza al presidente Mañueco. El máximo representante de la formación de derecha populista en Castilla y León, Juan García-Gallardo, estaba alineado con la facción más ultramontana de Vox.
Gallardo tenía un punto de ‘Pepito Grillo’ y no son pocos los que piensan que es una acentuada inmadurez política. Se retiró del gobierno de coalición castellano y leonés tras la decisión de Abascal de ruptura de los acuerdos de gobierno que mantenía con el PP en varias comunidades autónomas. Seguro que Mañueco respiró al salir tan puntiaguda piedra de su zapato.
En la legislatura en la que hubo de cerrar acuerdos con Ciudadanos, se encontró con otro político singular, con grandes aristas. Francisco Igea se enfrascó en la gestión de la pandemia de la Covid 19 en Castilla y León. Se convirtió en el sheriff antipático de la ‘película’. Enfureció a los hosteleros y a los comerciantes, con unas restricciones durísimas que causaron graves daños a la actividad económica.
Su partido quedó reducido a cenizas en el siguiente proceso electoral, con una única representación en las Cortes autonómicas, la del propio Igea. Ni siquiera salvó los muebles la que fuera consejera de Sanidad Verónica Casado, la mejor médico de familia del mundo según ‘World Organization of Family Doctor’. La doctora acabó en el ostracismo, con su premio en una vitrina.
Según los sondeos sociométricos, Mañueco no alcanzará la mayoría absoluta. Si no hay mayoría popular, la salida al bloqueo no será otra sino la reconciliación con Vox. Abascal ha pasado de dar calabazas al PP a no hacer ascos a formar gobiernos de coalición. Aquella decisión de romper acuerdos en los gobiernos autonómicos ha resultado ser una jugada maestra. Vox ha marcado diferencias con el PP y crece en todos los sondeos de forma abultada.
El PP de Castilla y León da síntomas de agotamiento tras casi cuarenta años en el poder. La estructura de los cargos de segundo nivel de las distintas consejerías es demasiado redundante. Si se rastrea nombre a nombre de viceconsejeros, secretarios y directores generales – y algún consejero- se denota un preocupante enquistamiento. Fueron nombrados altos cargos por Lucas, Herrera y después Mañueco. Las pilas de la ilusión, las ideas, los proyectos o las estrategias se gastan, no son una energía eterna. En la gestión de las grandes empresas privadas se producen periódicamente terremotos en el ‘cuore’ de directivos, para marcar nuevos objetivos. En el argot empresarial se denomina ‘renovación de sangre’. El PP de Castilla y León necesita una transfusión, hierro y vitamina B12.
El PP y la mayoría de los partidos españoles, son desgraciadamente un férreo ‘politburó’. Las listas de los populares para las elecciones de nuestra comunidad serán, como de costumbre, herméticamente endogámicas y ajenas a las sensibilidades de la sociedad civil. Los votantes populares, hastiados, se entregan a Abascal. Sin hurgar tampoco demasiado, pues aflorarían mañas de férreo verticalismo en Vox. Los populares deben entregarse a la autocrítica. Es sanador.
El PSOE no parece ahora una alternativa, perdió su momento en el auge del sanchismo. Los socialistas están en caída libre. Cuando suelten el lastre de Sánchez, podrán empezar a remontar. Al PSOE esperan momentos de ‘sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor’, en términos del gran Churchill. No hay partido que resista cuarenta años en la oposición. El desánimo se cronifica entre sus cuadros. No reconfortan el aliento ni tomando Prozac.
En Castilla y León se barruntan tiempos de matrimonio de conveniencia entre PP y Vox. Abascal ha puesto de vuelta y media a Feijoó y sus populares. Pero la ‘erótica del poder’ – que diría Emilio Romero- es seductora. PP y Vox son novios que no se quieren, pero compartirán techo. Ya preparan arras y tul ilusión.
