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La calidad del aire interior se ha convertido en una cuestión cada vez más relevante para la salud y el bienestar.

Aunque hasta ahora la conversación sobre contaminación se ha centrado principalmente en el tráfico, la industria y las emisiones urbanas, las personas pasan la mayor parte de su tiempo en espacios cerrados.

Durante cuatro años, el proyecto europeo KHEALTHinAIR ha estudiado cómo evoluciona la calidad del aire en espacios interiores de uso cotidiano y qué herramientas pueden ayudar a evaluarla y mejorarla.

La investigación se ha desarrollado en hospitales, viviendas, centros educativos, residencias, comedores, mercados y estaciones de metro de distintos países europeos, combinando la monitorización continua con técnicas específicas de muestreo, análisis de datos y estudios relacionados con la salud.

El proyecto entra ahora en su fase final con un conocimiento más preciso sobre los factores que condicionan la calidad del aire en cada tipo de espacio.

En estos escenarios pueden acumularse contaminantes procedentes de los materiales de construcción, el mobiliario, los productos de limpieza, los sistemas de climatización o la propia actividad humana.

A su interpretación se suman variables ambientales, cuya influencia varía según las características y el uso de cada espacio.

Sus resultados muestran que no basta con instalar sensores y acumular mediciones: es necesario seleccionar los indicadores adecuados, interpretar los datos teniendo en cuenta la ocupación, la ventilación, las actividades desarrolladas y las condiciones exteriores.

También, convertir esa información en decisiones preventivas adaptadas a cada entorno, apoyándose en herramientas intuitivas y accesibles que faciliten su uso por parte de distintos perfiles de usuario.

Escenarios reales para comprender un problema complejo

KHEALTHinAIR combina la monitorización continua mediante sensores con campañas específicas de muestreo y análisis para estudiar los contaminantes presentes, identificar sus posibles fuentes y determinantes y evaluar su relación con la salud.

El proyecto se ha desarrollado en escenarios reales de varios países europeos.

En Barcelona se han estudiado distintas áreas del Hospital Clínic, una estación de metro y un mercado municipal, y se ha llevado a cabo un seguimiento específico de pacientes con enfermedades respiratorias en sus viviendas.

En Rotterdam se ha trabajado con personas mayores y pacientes ambulatorios, y en Noruega se han analizado residencias de estudiantes, comedores universitarios y aulas. En Polonia y Austria, escuelas y viviendas.

Sensor para medir la calidad del aire utilizado en el proyecto K-HEALTHinAIR. Fotografía: Cartif.

Esta diversidad de escenarios ha permitido comparar espacios con características y necesidades muy diferentes.

Mientras un hospital exige un control más estricto por la vulnerabilidad de sus pacientes, en las aulas el principal reto suele ser la ocupación prolongada.

En comedores, mercados o viviendas, el cocinado y la limpieza pueden generar emisiones puntuales y en las estaciones de metro cobra importancia el flujo de aire exterior y de viajeros.

Los resultados muestran que no existe una solución universal.

El dióxido de carbono es un buen indicador de la ventilación respecto a la ocupación, pero debe interpretarse junto a contaminantes como partículas, compuestos orgánicos volátiles o formaldehído y variables como la temperatura, la humedad o las condiciones exteriores.

Convertir los datos en decisiones

Uno de los principales avances de KHEALTHinAIR ha sido desarrollar herramientas capaces de integrar, visualizar e interpretar toda la información obtenida en los diferentes pilotos.

El objetivo es transformar grandes volúmenes de datos ambientales en información comprensible y útil para responsables de edificios, centros sanitarios, instituciones educativas, administraciones públicas y otros usuarios.

La monitorización continua permite identificar patrones que de otro modo pasarían inadvertidos: aumentos asociados a determinadas actividades, periodos en los que la ventilación resulta insuficiente, entrada de contaminación desde el exterior o diferencias entre zonas de un mismo edificio.

Esta información puede apoyar decisiones como adaptar la ventilación a la ocupación real, mejorar el mantenimiento de los sistemas de climatización, controlar determinadas fuentes de emisión o programar actuaciones específicas en los momentos más adecuados.

El interés práctico de esta aproximación puede observarse en uno de los escenarios del proyecto piloto.

El Hospital Clínic de Barcelona ha ampliado con financiación propia el número de sensores instalados, dando continuidad al trabajo iniciado dentro del proyecto.

En un entorno sanitario, disponer de información continuada puede ayudar a evaluar el funcionamiento de la ventilación, detectar situaciones anómalas y orientar decisiones preventivas en espacios con necesidades muy diferentes.

Más allá del ámbito hospitalario, los resultados subrayan la necesidad de adaptar soluciones a cada contexto. En las viviendas, actividades cotidianas como cocinar, limpiar, fumar o ventilar influyen significativamente en la calidad del aire.

En escuelas, aulas universitarias y residencias, la relación entre ocupación y renovación del aire resulta especialmente relevante, mientras que, en mercados y estaciones de metro, esta calidad está condicionada por los horarios, los flujos de personas, la ventilación y el ambiente exterior.

Estudio de la calidad del aire. Fotografía: Cartif.

Un congreso internacional con participación vallisoletana

Los resultados del proyecto se presentaron los días 22 y 23 de junio en la Real Academia de Medicina y Cirugía de Valladolid, durante el congreso internacional Healthy Indoors: Innovation and Research in Air Quality.

El encuentro reunió a investigadores, profesionales sanitarios, responsables políticos y otros agentes para debatir sobre monitorización, contaminantes, efectos sobre la salud, inteligencia artificial y políticas públicas de calidad del aire interior.

El encuentro contó además con una destacada participación local. Investigadores de la Universidad de Valladolid y del Hospital Universitario Río Hortega presentaron trabajos relacionados con la calidad ambiental interior, mientras que estudiantes de los institutos Condesa Eylo Alfonso y Emilio Ferrari compartieron sus propios estudios sobre la calidad del aire en las aulas.

Hacia una gestión preventiva en los edificios

Las tecnologías de monitorización ofrecen nuevas posibilidades para gestionar los espacios interiores, pero no sustituyen la necesidad de actuar sobre las causas de la contaminación.

Reducir o eliminar fuentes de emisión, seleccionar materiales y productos menos contaminantes, mantener adecuadamente los sistemas de climatización y aplicar estrategias de ventilación adaptadas a cada situación siguen siendo medidas fundamentales.

A estas actuaciones dentro de los edificios se suma la necesidad de mejorar la calidad del aire exterior, que puede influir de manera importante en las concentraciones registradas en el interior y debe tenerse en cuenta al definir las estrategias de ventilación.

La investigación liderada por Cartif ha mostrado que conocer exactamente qué se respira en hospitales, escuelas, viviendas, mercados, transportes o comedores es un paso necesario para reducir riesgos y mejorar el bienestar.

En un contexto en el que la salud, la eficiencia y la tecnología convergen cada vez más en los espacios construidos, medir la calidad de aire interior deja de ser una práctica experimental para convertirse en una herramienta útil para tomar mejores decisiones.