En un momento en el que la transición energética ha dejado de ser un horizonte lejano para convertirse en una exigencia inmediata, las pequeñas y medianas empresas se enfrentan a un desafío complejo: reducir su consumo energético, adaptarse a un entorno regulatorio cada vez más exigente y hacerlo sin perder competitividad. En este contexto comienzan a cobrar protagonismo herramientas que permiten transformar la eficiencia energética en una ventaja económica tangible.
Una de ellas son los Certificados de Ahorro Energético (CAEs), un mecanismo que abre la puerta a que las inversiones destinadas a reducir el consumo de energía no solo se traduzcan en una menor factura, sino también en un retorno económico adicional. Se trata de un documento electrónico que acredita que, tras la implantación de una medida de eficiencia energética –ya sean cambios de equipos o mejoras de aislamiento-, se ha logrado un ahorro de energía final. Cada CAE obtenido equivale a un kilovatio hora (kWh) ahorrado. Esto, lejos de plantearse como una obligación más, introduce un cambio de enfoque: el ahorro energético pasa a convertirse en un activo, una oportunidad económica real.
Para muchas pymes industriales, el sistema CAE supone un cambio de enfoque significativo y un punto de inflexión. Las inversiones en eficiencia energética dejan de ser un gasto o una exigencia normativa para convertirse en una fuente de ingresos adicional. De esta manera, a la reducción del consumo energético y de la factura, se suma la posibilidad de monetizar los ahorros generados mediante la venta de CAE, lo que acelera la toma de decisiones, favorece la inversión en tecnologías más eficientes y se convierte en una palanca para mejorar su competitividad.
El sistema CAE permite abordar tanto actuaciones habituales, ya recogidas en los catálogos oficiales, como proyectos más singulares y adaptados a la realidad de cada empresa. En estos últimos, especialmente relevantes en el ámbito industrial, entran en juego soluciones tecnológicas avanzadas, procesos de digitalización y sistemas de control y monitorización, que amplían el potencial de ahorro y facilitan su verificación a lo largo del tiempo.
En este contexto, el papel de los centros tecnológicos, como CARTIF, resulta clave. Actúa como aliado estratégico, facilitando el acceso al sistema CAE y reduciendo las barreras técnicas y administrativas. Su labor abarca desde el desarrollo e integración de tecnologías de eficiencia energética hasta el asesoramiento y acompañamiento durante todo el proceso.
El equipo investigador de la División de Energía de CARTIF trabaja en soluciones de monitorización a tiempo real, control avanzado, digitalización, análisis de datos e inteligencia artificial aplicadas a la optimización de procesos industriales. Estas tecnologías permiten no solo reducir el consumo energético, sino también garantizar que los ahorros sean medibles, verificables y sostenidos en el tiempo.
Más allá del asesoramiento y acompañamiento, CARTIF está desarrollando una serie de jornadas de divulgación en Castilla y León en colaboración con las principales administraciones públicas y asociaciones del sector energético nacional, orientadas al público industrial, precisamente para dar visibilidad al sistema CAE, sus mecanismos, oportunidades y retos.
Tras una primera sesión celebrada en noviembre en León, junto con la Asociación de Empresas de Eficiencia Energética (A3e), el calendario continúa en los próximos meses en distintas ciudades de la comunidad, consolidando un espacio de encuentro entre industria, tecnología y administración. La próxima, este jueves día 5 en Valladolid en el Palacio de Congresos Conde Ansúrez, y continuarán en Zamora, Salamanca o Burgos. Un paso más para que la eficiencia energética deje de percibirse como una carga y se entienda, cada vez más, como una oportunidad real de crecimiento y competitividad para las pymes.
