Publicada

Francisco José González García es un vallisoletano de 47 años que lo dejó todo para dedicarse a la apicultura. Es profesional del sector desde el 17 de febrero del año 2020 y ama lo que hace.

En la actualidad cuenta con 400 colmenas de abejas repartidas entre la provincia de Valladolid, Zamora y Palencia y en el año 2020 creó la marca Mielegante, en la localidad vallisoletana de Torrelobatón. Distintivo comercial con el que vende su miel.

“Desde hace seis años y, a día de hoy, vivo de esto. Vendo mi propia miel natural a precios que van de los 10 a los 12 euros”, afirma nuestro entrevistado en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Un hombre que quiere “seguir como hasta ahora” y continuar viviendo de un trabajo que para él es su “hobby”.

Su vida

“Me defino como una persona perfeccionista y trabajadora. También como un amigo de mis amigos. Me encanta la caza, el campo y nadar. Y, sobre todo, pasar tiempo con mi familia y amigos”, asegura Francisco José González García, en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Nuestro protagonista nació en Valladolid, pero su familia, por parte de padre, es de Torrelobatón, una pequeña localidad de la provincia a la que todos los veranos iba y que ahora tiene más relevancia aún al instalar su negocio en el lugar.

“Cuando era pequeño, durante el año, iba al Colegio San Agustín de Valladolid. Todos los fines de semana venía al pueblo para disfrutar con mi familia y amigos. Llegaba el verano y me quedaba con mi abuela en Torrelobatón”, explica nuestro entrevistado.

De pequeño recuerda que “quería ser veterinario” o “algo que estuviera relacionado con los animales”. Afirma que “cuenta con una finca de más de 4.000 metros cuadrados con diferentes animales en la actualidad”.

“Era jefe de obra de instalaciones. Dejé mi trabajo de 20 años para ser apicultor. Comencé en el año 2016 pero, de forma profesional y exclusiva, me di de alta el 17 de febrero de 2020. Hace seis años que me dedico en cuerpo y alma a ello”, explica el apicultor de 47 años.

Francisco José González García, que cuenta con estudios de Formación Profesional en Informática completados es un apicultor que vive de ello y que disfruta trabajando.

Apicultor

Como apicultor comencé de cero. También con mi proyecto Mielegante que engloba los productos de mi pequeña explotación apícola formada por varios colmenares repartidos por diferentes zonas de Castilla y León de los que se obtienen varios tipos de mieles que son extraídas y envasadas por mí mismo”, asegura nuestro protagonista.

Otra imagen de Francisco José González. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Su centro neurálgico y la sede de Mielegante está, como él mismo nos confiesa, en “Torrelobatón, su pueblo”. En verano y los fines de semana está allí, el resto de los días en Valladolid. Pero se desplaza desde la ciudad del Pisuerga para atender su negocio físico y las diferentes colmenas con las que cuenta.

“Tengo unas 400 colmenas de abejas en la provincia de Valladolid, Palencia y Zamora. En Torrelobatón cuento con un par de colmenares de los 15 en total en estos territorios. Toda la miel que produzco es de mis explotaciones. Voy por los colmenares, recojo la miel y la envaso en Torrelobatón bajo la marca de Mielegante”, nos explica.

La miel pasa de las colmenas a la nave con la que cuenta nuestro entrevistado en la localidad vallisoletana. Allí cuenta con un obrador para extraer la miel, otra zona de envasado y etiquetado y una sala donde almacena el producto terminado para su venta.

Su producto y beneficio

“Extraigo diferentes productos de mis colmenas. Miel de diferentes tipos. Suelo tener miel de flores, una más clara y otra más oscura. También de lavanda, de los campos cercanos, de castaño y de brezo. De vez en cuando también elaboro miel batida de flores o lavanda. Poca cantidad porque es especial”, explica el apicultor.

Fran, que es el trabajador único de la empresa, añade que “comercializa también la miel en panal, o el licor de miel, mezclando el orujo con la miel” y que apuesta por la “venta directa y por los pequeños comercios con 20 puntos que venden sus productos”.

“Desde el año 2020 y hasta el día de hoy, vivo de esto. Todo pasa por mí. El beneficio que da es para mí. Vendo mi propia miel natural a precios que van de los 10 a los 12 euros. No es igual una miel de flores que una de brezo, que me conlleva más gasto a la hora de producirla”, señala.

Imagen de alguna de las colmenas. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Sobre los beneficios que le proporciona su negocio afirma que “le llega para comer y darse cuatro caprichos” para sacarse un sueldo, aunque hace mención a “los gastos de gasóleo, la nave de Torrelobatón, gastos corrientes, tarros, etiquetas, colmenas, o cajas de núcleos para reproducciones” que le generan un “gran desembolso”.

Problemas

Hace unos días, el consejero de Agricultura, Ganadería, Medio Rural y Política Ambiental, Joaquín Antonio Pino, aseguraba que la apicultura pasaba por una situación “especialmente difícil”.

“Normalmente, cuando se habla de apicultura, se hace de la que es a gran escala con más de 1.000 colmenas. En casos como el mío contamos con problemas como que se nos mueren colmenas, el precio y otro factor muy importante es la climatología. Necesitamos que llueva en primavera y algo en verano”, afirma nuestro entrevistado.

La Junta de Castilla y León abordaba con las opas medidas para mejorar la rentabilidad del sector apícola en una campaña marcada por la sequía y las elevadas temperaturas. También se anunciaba la revisión de los baremos de indemnización por los daños causados por el oso para adecuarlos a la realidad de las pérdidas sufridas por los profesionales.

Son medidas que me parecen acertadas. Yo no he sufrido ataques reseñables de oso y tampoco de la avispa asiática, pero me parece acertado actuar y ayudar a los que sí que se han visto afectados por ello”, afirma Francisco José González García.

El futuro

Mirando al futuro, el apicultor nos confiesa que para él su trabajo es un “hobby”. Trabaja en lo que le gusta y disfruta de ello. Echa muchas horas, eso sí, pero no le importa porque ama su profesión.

Creo que estos oficios van a desaparecer. La juventud no quiere ser apicultor, por ejemplo. Son trabajos muy sacrificados con una rentabilidad básica. Con el tiempo, pasará a la historia”, señala.

Francisco José quiere “seguir como está ahora”. Con eso le vale. Para continuar, cada mañana, atendiendo a sus abejas y hacer una miel natural de gran valor que enamore a todo el que la pruebe.