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En el silencio del Valle Amblés, en pleno corazón de Ávila, yace un lugar donde el tiempo parece haberse detenido y, al mismo tiempo, haberse superpuesto en capas imposibles. Allí, en el término municipal de Niharra, los arqueólogos acaban de sacar a la luz uno de los hallazgos más sorprendentes de los últimos años en la arqueología de Castilla y León: un cementerio medieval de 68 enterramientos construido directamente sobre los restos espectaculares de una villa romana de época imperial y tardorromana.

El equipo del proyecto de arqueología en comunidad Terra Levis ha trabajado durante los últimos años en este enclave conocido desde hace décadas como Pared de los Moros. El nombre ya era sugestivo: esas paredes que los lugareños veían desde niños, muros de hormigón romano que se alzan todavía hasta casi dos metros de altura en algunos tramos, como si desafiaran al olvido.

Lo que nadie esperaba era encontrar, justo encima de aquellas habitaciones pavimentadas con mosaicos casi borrados y junto a lo que probablemente fueron unas termas de lujo, un camposanto completo de la Alta Edad Media. Un total de 68 tumbas, la mayoría excavadas en fosa simple, orientadas de manera ritual, muchas de ellas con los cuerpos depositados en posición decúbito supino. Un cementerio cristiano primitivo datado en el siglo VII, cuando la península ibérica aún se reorganizaba tras el colapso del mundo romano.

La recuperación del yacimiento

El arqueólogo Juan Pablo López, coordinador de Terra Levis y codirector de las excavaciones, atiende a EL ESPAÑOL de Castilla y León para explicar las claves del hallazgo en un sitio arqueológico que ya fue excavado en la década de los 70 pero que llevaba unos años abandonado, aunque nunca dejó de despertar interés entre la población del territorio.

López recuerda que, ante esa inquietud, Terra Levis, que se gestiona a partir de la Asociación Cultural Abulaga, de la que forman parte vecinas y vecinos de las comarcas de la Sierra de Ávila y el Valle Amblés, en alianza con una asociación de empresarios de la zona, impulsaron una visita guiada al sitio arqueológico para ver el interés que despertaba entre la gente. "Organizamos una visita en 2021, funcionó muy bien y la gente mostró mucho interés por ese espacio", señala.

El codirector de las excavaciones apunta que, a partir de ese interés de la gente, organizaron un evento para acercar la arqueología a modo de actividad participativa y que ese fue el detonante de la investigación. "La gente pensaba que estaría bien la puesta en valor de cara al territorio e iniciamos una investigación arqueológica que comenzó con una prospección física con georadar para conocer el potencial y vimos que era mucho lo que aún se desconocía del espacio", asegura.

Un puente entre dos mundos

En los siglos IV y V, familias acomodadas de la Hispania romana disfrutaban en este enclave de la tranquilidad del campo, de aguas termales canalizadas, de patios porticados y de la seguridad que ofrecía una villa bien construida en un valle fértil. Luego llegó el silencio. Las tejas cayeron, las paredes se agrietaron, las termas dejaron de humear.

Y sin embargo, siglos después, cuando ya nadie recordaba los nombres de los antiguos propietarios, otras personas volvieron al mismo lugar. No para vivir entre los escombros, sino para convertirlo en sagrado.¿Por qué aquí? Esa es una de las grandes preguntas que ahora se abren.

López recuerda que, después de dos campañas explorando el subsuelo en este enclave, el equipo de Terra Levis descubrió esta importante necrópolis. "Lo más importante de todo esto es conocer la villa romana con un enfoque mucho más amplio y más allá del espacio monumental. Conocer como la vida de la villa va evolucionando porque el yacimiento es extraordinariamente complejo y es un palimpsesto de toda la gente que ha estado en el sitio.", comenta.

El yacimiento de Pared de los Moros Terra Levis

Y apunta que "primero fue una villa nobiliaria y luego hubo un reaprovechamiento para, finalmente, convertirse en un cementerio". "La villa se abandona y pierde su uso suntuario y primero se reocupa para luego pasar a ser un cementerio entre los siglos VI y VII", detalla.

El anillo de bronce

Algunos investigadores creen que las ruinas romanas, todavía visibles y monumentales, pudieron ser percibidas como un lugar de poder antiguo, casi mágico. Otros apuntan a la posibilidad de que existiera una pequeña comunidad rural o un núcleo monástico temprano que eligió el sitio por su posición estratégica, su cercanía al agua y, tal vez, por la memoria de un pasado glorioso que aún se respiraba entre las piedras. Tesoros pequeños, historias grandes. Hasta el momento, los arqueólogos han excavado con extremo cuidado dos de las 68 tumbas.

En una de ellas apareció un hallazgo aparentemente modesto pero cargado de significado: un anillo de bronce, de diseño sencillo, datado preliminarmente en el siglo VII. El anillo, aunque oxidado, conserva aún su forma y muestra una pequeña decoración geométrica. No es una joya de rey visigodo, pero precisamente por su humildad habla de gente real: campesinos, artesanos, tal vez algún pequeño propietario que quiso llevar consigo al más allá un objeto querido. "El anillo nos habla de esos ajuares sencillos", añade López.

Otros enterramientos muestran esqueletos en buen estado de conservación, lo que permitirá realizar estudios antropológicos, paleopatológicos e incluso análisis de ADN que podrían revelar parentescos, enfermedades, dietas y, quién sabe, hasta orígenes étnicos de aquellas personas que eligieron este rincón para descansar eternamente.

Reconstruir el puzzle

El arqueólogo y coordinador de Terra Levis, Juan Pablo López, señala a EL ESPAÑOL de Castilla y León que su equipo no solo trabaja en esa espacio sino que se encuentra excavando varios contextos de época altomedieval "para ir reconstruyendo el puzzle desde el mundo antiguo hasta la época medieval".

"Hay una época muy poco conocida que es la mal llamada Época Oscura, que va desde el colapso del mundo urbano romano hasta la llegada de los pueblos cristianos. Contextos como este nos permiten reconstruir lo que pasaba en este periodo, como había una serie de comunidades eminentemente campesinas independientes de un poder central, que reocupan espacios como el de la villa romana de la Pared de los Moros", señala.

Una de las tumbas del cementerio medieval Terra Levis

Además, hace hincapié en que estos hallazgos permiten también como eran estas comunidades. "Nuestra compañera Laura Garrido, de la Universidad de Burgos, ha hecho un análisis antropológico y vemos el estrés físico al que estaban sometidas estas poblaciones y las enfermedades que llegaron a sufrir, desde tuberculosis a enfermedades infecciosas", apunta.

El codirector de las excavaciones recuerda que en ese emplazamiento han encontrado también lo que han identificado como el espacio terminal y asegura que van a seguir "ampliando" la excavación. Además, destaca el gran potencial del espacio en cuanto a su musealización. 

"Se conservan potencias arqueológicas y muros que superan el metro y medio e incluso en algunos casos los dos metros que es algo muy interesante para contextos de época romana en los que muchas veces se conservan solo los cimientos. Será muy interesante seguir profundizando y convertirlo en un elemento de valor para el territorio", asegura.

Un yacimiento sorprendente

Pared de los Moros no es un descubrimiento reciente. Ya fue identificado en la década de 1970 y desde entonces ha sido visitado y estudiado de forma intermitente. Pero las excavaciones sistemáticas de los últimos años han ampliado de forma drástica su historia. Hoy sabemos que el lugar estuvo ocupado desde la Edad del Bronce, hace más de 4.000 años, que tuvo un momento de esplendor romano entre los siglos I y V, y que, contra todo pronóstico, siguió siendo relevante en plena Alta Edad Media.

¿Quiénes eran aquellas 68 personas? Esa es la pregunta que más intriga a los investigadores y que, probablemente, tardará años en responderse por completo. ¿Descendientes de las familias romanas que habitaron la villa siglos antes? ¿Nuevos pobladores llegados con las migraciones visigodas? ¿Comunidades campesinas que buscaban refugio en un paisaje ya semidesierto? ¿O tal vez una mezcla de todo ello?

Los análisis que se realizarán en los próximos meses, desde isótopos estables hasta estudio de patologías o reconstrucción de perfiles biológicos, entre otros, prometen arrojar luz sobre la vida cotidiana en un periodo histórico que sigue siendo uno de los más oscuros y fascinantes de la península: esos siglos en los que la Hispania romana se transformó lentamente en la Hispania medieval.

El anillo de bronce encontrado en Pared de los Moros Terra Levis

Per las aspiraciones de Terra Levis van más allá. Juan Pablo López asegura que su equipo va a excavar también en otro contexto arqueológico muy próximo, la Cabeza de Navasangil, un yacimiento de época visigoda que también forma parte de esos eslabones que van a permitir reconstruir la historia del paisaje cultural del Valle Amblés.

"Es un paisaje muy interesante con castillos de primera generación de la Alta Edad Media y acabamos de terminar una campaña con resultados extraordinarios. Hemos excavado la dependencia de un edificio de recaudación y hemos encontrado pizarras inscritas con inscripciones de conteo del cereal que entraba", señala.

Un lugar para soñar

Mientras tanto, Pared de los Moros sigue allí, en medio del Valle Amblés, con sus muros romanos recortados contra el cielo de Castilla y sus tumbas medievales ocultas bajo la tierra. Es un lugar que habla de continuidad más que de rupturas, de memoria más que de olvido.

Para quienes aman la historia, Niharra se ha convertido en un destino casi obligado. No es Pompeya ni Tarraco; no hay columnas majestuosas ni teatros de mármol. Pero hay algo mucho más íntimo y conmovedor: la certeza de que, durante siglos, diferentes pueblos decidieron que este mismo trozo de suelo merecía ser habitado, disfrutado y, finalmente, recordado en la muerte.

Las piedras de Pared de los Moros no solo guardan restos arqueológicos. Guardan historias de imperios que se desvanecieron, de vidas que continuaron, de manos que construyeron, de otras que cavaron tumbas, y de un anillo de bronce que alguien llevó puesto hasta el último día. Y ahora, gracias a un grupo de arqueólogos que no se conformó con mirar el pasado de lejos, esas historias están volviendo a hablar.

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