Hasta hace ahora un año, cuando Blas Cantó fue seleccionado nuevamente por RTVE para representar a España en el Festival de Eurovisión tras la cancelación de la edición de 2020 por la pandemia del COVID, Raphael era el único cantante español que había sido nuestro representante durante dos años consecutivos, 1966 y 1967. 

A pesar de no ganar, fue el mejor puesto de nuestro país en el certamen y sentó las bases para la victoria de Massiel un año después. Una participación, la de la madrileña, que podría no haberse producido si el de Linares hubiera aceptado ir una tercera vez. "¿Por qué no hubo una tercera? Desde la segunda vez dije que no a la tercera porque ya tenía planteada una gira y no me pillaba en España. Pero, si me lo hubieran pedido y hubiera podido, lo hubiera hecho igual. El no ganar Eurovisión me ha ido muy bien", confesaba el cantante durante la presentación de Raphaelismo, el ambicioso documental de cuatro episodios que estrena Movistar este jueves. 

"A raíz del primer resultado, me pidieron volver. Fue una conmoción en Europa y que no me dieran el premio, más. En aquel momento fue una suerte porque yo al día siguiente estaba en todas las televisiones de Europa. Y me llamaron Tom Jones, Petula Clark... Si hubiera ganado, todo eso hubiese pasado desapercibido", añadía el artista, que obtuvo una séptima posición con Yo soy aquél y una sexta con Hablemos del amor.

Tras aquello, Raphael ganó fama internacional y empezó a recorrer el mundo, cantando en escenarios memorables. "La vida me ha regalado momentos inolvidables. Recuerdo la primera vez en el Carneggie Hall de Nueva York compartiendo cartel con la Caballé y Rostropóvich. O cuando fui a la Ópera de Sidney. O mi presentación en San Petersburgo, que costó mucho trabajo porque España no tenía relaciones diplomáticas con la URSS, así que yo estuviese allí significaba muchas cosas, con Breznev (secretario general del Partido Comunista) entre el público", recordó.

Raphaelismo.

Todo ello se podrá ver en la producción creada y dirigida por Charlie Arnaiz y Alberto Ortega, de Dadá Films & Entertainment, donde se podrá ver abundante material personal como las grabaciones domésticas que su hijo mayor, Jacobo, acumuló durante años tras la estela de su padre. "No tengo que inventarme ninguna película, porque mi vida lo es desde que empezó".

Definido por sus creadores como "el documental definitivo de un artista pionero en la música moderna en español durante 60 años en los que nadie ha pisado como él los escenarios", en él sólo ha habido una única "línea roja": explayarse en los días de su trasplante de hígado. "No hay tabús en el documental. Lo único que no ha sido agradable fue hablar del trasplante, pero yo me obligo a hacerlo hasta que pueda", reconoció él.
Preguntado si divisa el final de su carrera, el cantante de éxito como Digan lo que digan confiesa que eso está muy lejos o y que "no habrá una gira de despedida. No podría. Empezaría a llorar y será una despedida muy amarga. Cuando me llegue, llamaré a la oficina y diré que no cuenten conmigo. Habrá un Raphaelismo 2 e incluso 3".
En paralelo al estreno del documental, la Fundación Telefónica abrió las puertas de una pequeña exposición que recoge material emblemático de su carrera, como carteles o discos, pero sobre todo algunas de las piezas más icónicas de su vestuario, como los trajes de lentejuelas de los musicales Billy the liar Pippin.

Quienes la visiten, podrán interpretar en el karaoke alguno de sus numerosos éxitos, de Yo soy aquel a Escándalo, y posar junto al disco de uranio que recibió en 1980 al traspasar los 50 millones de discos vendidos, a pesar de lo cual, su carrera aún siguió buscando techo.

Raphaelismo.

Los cuatro episodios

Episodio 1 - De la niñez a los asuntos

Raphael debuta en el Teatro de la Zarzuela y lo hace a su manera, generando un tsunami en la historia de la música en España. Acaba de nacer el artista con “ph”, el que dignifica definitivamente la profesión. En este capítulo, Raphael rememora, además, sus orígenes humildes, sus inicios como cantante, el triunfo en el festival de Benidorm, la tournée del hambre y el Tamborilero para cerrar a punto de emprender su primera aventura en Eurovisión

Episodio 2 - Viva Raphael 

Raphael aparece en el Festival de Eurovisión en dos ocasiones y eso provoca un efecto boomerang en toda Europa. En este capítulo seremos testigos de la escalada del éxito en el Olympia de París, su triunfo en Latinoamérica, Londres, Nueva York, el show de Ed Sullivan… Y cuando parece que Raphael no tiene límite, se encuentra con su primera crisis tras los conciertos de Las Vegas. En este capítulo conoce a Natalia Figueroa, su gran amor, y el lado profesional y personal le empiezan a sonreír de nuevo. Sin embargo, los años 80 y el cambio social, político y musical que se avecina vuelven a hacer que Raphael tenga que luchar, de nuevo, contra la adversidad.

Episodio 3 - Que sabe nadie 

Los años 80 han provocado una explosión contracultural que lleva a muchos artistas que han sido mainstream durante las décadas anteriores a centrarse en nuevos mercados. Sin embargo, la carrera de Raphael sigue su curso. Nunca se detiene. Cuando algunos piensan que está acabado, lanza una serie de éxitos rotundos (Qué sabe nadie, Estar enamorado, En carne viva…) que culminan con un multitudinario concierto en el Santiago Bernabéu. En este capítulo, Raphael muestra además su faceta más íntima y personal de la mano de su familia. Rememora sus problemas con el alcohol, la enfermedad y el trasplante de hígado para renacer de nuevo en el Teatro de la Zarzuela.

Episodio 4 - Infinitos bailes

Llega el siglo XXI y Raphael se sigue adaptando a los nuevos tiempos. Es un artista que no ha cambiado, pero sí evolucionado. Regresa al cine de la mano de Álex de la Iglesia, se convierte en un referente para el público indie participando en festivales como Sonorama y se abre a colaborar con jóvenes talentos del mundo de la música. Leyenda viva y, al mismo tiempo, icono de la modernidad. En este último episodio, se analiza, además, el fenómeno “phan” con especial mención a su gira por Rusia, para terminar con la eterna pregunta de: “Y mañana… ¿qué?”.

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