En los días previos a la emisión de Rocío, contar la verdad para seguir viva, Jorge Javier Vázquez mostró varias veces sus dudas sobre cómo definir el producto de La Fábrica de la Tele: docuserie, documental, serie documental. No era baladí. Aunque lo primordial era el testimonio inédito de la protagonista, Rocío Carrasco, el tipo de envoltorio era indispensable. Cadena y productora necesitaban reforzar el testimonio y llevar al espectador a su terreno. 

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Y qué mejor que dotar a ese revelador discurso de un envoltorio serio, intentando alejarse lo máximo posible del show, para que todo en su conjunto fuera lo más creíble posible. Rocío necesitaba esa serenidad, ese sitio seguro para contar su verdad, y La Fábrica de la Tele se lo brindó. 

A todo ello había que añadir que la persona que se encontraba enfrente de Rocío, la que le miraba a los ojos para preguntarle por cuestiones tan dolorosas, era una mujer, la excelente Ana Isabel Peces, alguien con la que la hija de la más grande pudiera sentirse segura.

A partir de ahí sólo era cuestión de dejar hablar a Rocío, dejar contarle por primera vez en televisión, y en prime time, la historia de una mujer destrozada por haber perdido lo peor que puede perder una madre: sus hijos. Un testimonio terrenal, un testimonio con el que muchas madres pudieran sentirse identificadas. 

Y todo ello acompañado de una música desgarradora como el Tout l’univers del eurovisivo Gjon’s Tears, melodías que recordaban a formatos de true crime que reforzaban la cara más cruel de Antonio David, e imágenes del pasado que crearan un vínculo emocional entre el espectador y la protagonista del documental o que hiciesen hincapié en el perfil que se estaba dando del que "desgraciadamente es el padre de mis hijos".

Rocío, contar la verdad para seguir viva

Así se explica, por ejemplo, que en los primeros minutos del episodio 0 se viera a alguien tan familiar y querida como su madre, Rocío Jurado, cantando una canción dedicada a su pequeña del alma. El espectador ya estaba dentro. Y Rocío afligida al ver a su madre para así romperse al contar su verdad.

Sólo unos minutos después llegaba uno de los momentos cruciales de este episodio 0: las imágenes de distintos colaboradores y presentadores de Telecinco tachando a Rocío de ser una mala madre y la sobreimpresión de estas palabras sobre la propia Rocío. Ella en el centro de todo, martirizada, ajusticiada. Shame, shame. Ya era difícil no creerse su testimonio.

La Fábrica de la Tele y sus responsables tomaron dos importantes decisiones más: comenzar por el final para entender el principio con un testimonio tan desgarrador, y acompañar la docuserie con un debate. Lo primero de ello porque, visto el episodio 1, éste no tenía la fuerza del 0 y porque se necesitaba explicar por qué Rocío había accedido por fin a sentarse frente a una cámara. 

Lo segundo porque era vital dotar a la emisión de ese carácter de evento y darle al espectador un debate en el que sentir que lo que está opinando en casa lo legitima alguien desde plató. Inteligentísimo ese momento en el que, tras la emisión del episodio 0, todos guardaron silencio para mostrar esa misma congoja que se estaba sintiendo desde el sofá de casa. Televisión en estado puro. 

Rocío Carrasco.

Y de ahí la elección de alguien familiar como Belén Esteban, por una parte, que representará el sentir de la calle; pero también la de un experto en comunicación como Euprepio Padula o una periodista seria como Ana Pardo de Vera, por otra, con opiniones con una mirada más analítica. 

Un árduo trabajo para posicionar al espectador donde se quería en el que no se entendió cómo nadie frenó la vergonzosa idea de introducir un concurso en el que se sorteaban 12.000 euros, sólo minutos después de poner en pantalla el número de teléfono para denunciar la violencia como genera. 

Sea como fuera, no es de extrañar que tras la emisión de Rocío, contar la verdad para seguir viva, se abra una gran oportunidad para La Fábrica de la Tele para patentar este tipo de formatos más allá de Telecinco en plataformas necesitadas de encontrar un vínculo emocional con el espectador.

Eso sí, este 'posicionamiento' del lado de la víctima deja a Telecinco en una gran encrucijada: no puedes seguir teniendo en nómina a su verdugo. De lo contrario estarás equiparando ambas versiones única y exclusivamente en favor del show y la audiencia.