Ibai Llanos ha sido el último personaje público en pasar por Lo de Évole. En su encuentro con el periodista de LaSexta, esta celebridad ha repasado su trayectoria, se ha pronunciado sobre temas polémicos y ha intentado introducir a Jordi Évole en el mundo del streaming.

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Esta entrevista, que para parte de la audiencia pasará desapercibida más allá de lo anecdótico, ha conseguido retratar parte de los profundos cambios socioculturales que estamos experimentando en la actualidad. Retazos de una realidad que es invisible a los ojos de gran parte de la población adulta, pero que determinará la forma de ver el mundo de la sociedad del mañana.

La valiosa curiosidad de Jordi Évole

Jordi Évole comenzó preguntando a Ibai Llanos a qué se dedicaba exactamente. Era la forma obvia de iniciar la conversación, pero resultaba ineludible. "Yo soy streamer, creador de contenido", aseveró Ibai para después explicar brevemente cómo funciona su sector.

Tras esta primera aproximación, el periodista fue poco a poco desgranando el trabajo de este icono del mundo gamer. Más allá de la definición y las características del oficio de Ibai, que es profundamente complejo, lo que llamaba la atención era la actitud de Évole como entrevistador. Durante casi toda la hora que duró el encuentro, el comunicador encarnó a ese sector de la sociedad que no comprende las nuevas fórmulas de consumo de contenidos que sus hijos, sobrinos o nietos siguen con auténtico fervor.

Sin embargo, hay una profunda diferencia entre Jordi Évole y parte de la población adulta española. El presentador se mostró abierto a conocer el trabajo de Ibai Llanos y el auge de los streamers, incluso intentado implicarse activamente. Mientras tanto, otros se limitan a observar con indiferencia o criticar sin filtro algo que no entienden ni se han molestado en entender.

La magia de Ibai Llanos

Lo de Évole también dejó claro que las estrellas del mundo del streaming de hoy formarán parte de los referentes del mañana. Un tweet publicado de forma simultánea por Ibai y Jordi fue un excelente ejemplo práctico para comprobar que el impacto en redes sociales de algunos rostros de internet es muy superior al de los comunicadores tradicionales.

A pesar de que las cifras estén ahí, habrá gente que se empeñe en omitir lo evidente. Lo preocupante es que entre los negacionistas de esta revolución se encuentran algunos profesionales de los medios de comunicación. Resulta duro aceptar que, tal y como relató el propio Ibai, un chaval entre cuatro paredes consiga considerables cifras de audiencia que le reportan abundantes beneficios económicos. El golpe se vuelve aún más demoledor cuando muchos de estos chicos ni siquiera cuentan con una formación específica, pero son capaces de encandilar al espectador con una telegenia innata que no se aprende estudiando Periodismo.

El simple hecho de que Ibai se plantase ante la cámara en pijama, algo que de primeras puede resultar baladí, es un perfecto ejemplo de su habilidad para conectar con la audiencia. El streamer compartió vestuario con el espectador que visionó Lo de Évole desde el sofá un domingo por la noche. Es ahí, en esos insights, donde se forja una conexión emocional con el espectador.

Lo que termina de encumbrar a Llanos es que aprovecha esas ventanas para predicar valores positivos. También lo hizo en el programa, donde animó a los jóvenes que quieren seguir sus pasos a estudiar y a labrarse un futuro mientras intentan alcanzar su sueño. Además, sin moralinas ni medias tintas, dejó claro que él no quiere marcharse a Andorra y que entiende que si gana más, tiene que pagar más impuestos.

La necesidad de conocer esta nueva realidad

Más allá de todo lo señalado anteriormente, esta entrega de Lo de Évole pone de manifiesto la insondable brecha generacional entre los nativos digitales y aquellos que crecieron sin un smartphone como parte de su anatomía. Esta división no se limita únicamente a los hábitos de consumo, sino que se extiende a la forma de ver la vida.

El auge del streaming no deja de ser una manifestación más de la cultura popular con la que los niños y niñas españoles, y de otras muchas partes del mundo, están creciendo. Una cultura popular que no solo sirve como entretenimiento, ya que supone un medio de difusión de ideas, valores y mensajes que, ya sea por repetición o imitación, acaban calando en el inconsciente colectivo de un grupo de personas que conciben las pantallas como una extensión de su propio cuerpo.

Un mayor esfuerzo por entender a los jóvenes, que vaya más allá de su afición a Twitch, sería tremendamente beneficioso para una sociedad en la que imperan lo impersonal y lo polar. A lo mejor, tras visionar esta entrevista, algún padre o madre queda impregnado por el espíritu de Jordi Évole y se acerca a sus retoños con la misma dulce ingenuidad con la que el periodista se aproximó a Ibai Llanos. Así, puede que terminen empapándose de la realidad líquida en la que vivimos. Un mundo en el que Concha Velasco no cantaría Mamá, quiero ser artista, sino Mamá, quiero ser streamer.