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Como madera de boj

Sigmund Freud.

Sigmund Freud.

“Dime con quien andas y te diré quien eres” es un viejo refrán que nunca comprendí. Andamos y anduvimos con amigos, pero poco nos parecemos a ellos. Muchos solo perviven en anécdotas casi siempre frívolas. Salvamos afinidades. Mas no coinciden gran cosa con quienes nos acompañaron durante años.

Somo seres únicos y cualquier dependencia es un lastre. A mi juicio, la peor dependencia no es la económica, sino la psíquica. Esto enfurece a quienes poseen mucho dinero, influencia y poder. Nos quieren como a ellos les convenga. Para conseguirlo, intentan privarnos de libertad y como esta depende en gran parte de la propiedad, nos suben los impuestos, nos confinan y nos aturden con propaganda que, en nombre de la evidencia científica, se nos aplica para nuestro bien.  Aún así, no es lo peor. Pretenden modificar nuestra naturaleza. Un ejemplo antiguo, muy citado, es el psicoanálisis de Freud. Como es sabido, inventó un aparato psíquico que le permitió explicar las angustias, ansiedades e histerias de la gente (el ello, el ego, el superego, el inconsciente, el subconsciente, etc.). La dinámica de los trastornos emocionales de la sexualidad.

Sin embargo, Sigmund Freud fue poco original. Derivó el oscuro artificio de la Filosofía del Inconsciente (1869) de Eduard von Hartmann y de la complicación sexual de Charcot (1825-1913). Con ello, consiguió quitarle clientela a los frailes. Quien se moleste en hacer un seguimiento de estos asuntos, al final comprobará que el diván de Freud fue menos eficaz que el confesionario del cura. A estas alturas, ¿quién no tiene nostalgia del bendito pecado? Hay una película admirable al respecto de Alfred Hitchcock: Yo confieso. 

También se intenta sexualizar a los místicos españoles. Los éxtasis serían algo parecido a los orgasmos. Pura secuela freudiana. En el fondo hay algo que los enemigos de la Iglesia católica no soportan. Que Teresa y Juan de la Cruz, una, escribiendo y fundando conventos, y el otro con la poesía más sublime que jamás nadie imaginó, permanezcan frescos en la memoria del arte. Santa Teresa y San Juan, desde sus prisiones místicas, fueron perseguidos por la propia Iglesia porque no admitía la independencia ni la libertad con que llevaban a cabo sus obras. La intervención del Papa salvó sus vidas.

El poeta brinda por el coraje de los místicos españoles que, como fray Luis de León, no se doblegaron, vibraron como una blima, como la blima de la madera de boj.

COMO MADERA DE BOJ

¿Del viejo refrán, qué fue?:
dime con quien andas
y quien eres te diré.

¿Y si ocurriera al revés,
y por andar con quien andas
te vas cerrando en banda
a quien te mira y no ve?

¡Oh, filosofía del ser!
donde la vida se envuelve
y el camino la disuelve
sin apenas hacer pie.

"Yo soy yo y mi circunstancia",
escribió Ortega y Gasset,
pésalos en la balanza:
¿cuánto de cada tú ves?

La verdad de la medida
si no es exacta ¿cuál es?,
más útil es la mentira
que preguntarse por qué.

Y si dudas y no sabes
interroga a quien ya vino,
el azar en los afanes
son las piedras del camino.

Son las piedras de un camino,
que no existe en tu interior,
conversar contigo mismo
tiene un eco hecho por dos.

El recuerdo es soledad
que después de recorrido
no devuelve lo perdido
pues del todo no se va.

Mas no está dentro de ti,
en tu tiempo confundido,
es su manera de ir
hacia el valle del olvido.

Mi canto más predilecto
no aconseja, ni es voz alta,
es un eco que resalta
su condición, por defecto.

La división de las artes
se unen en el exterior
con unas manos de amor
que sin saberlo compartes.

El corazón del reloj
del metal no hay quien lo libre,
el tuyo en mis cantos vibre
como madera de boj.