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El colmo de la democracia representativa

Ursula von der Leyen en el Parlamento el día de su elección

Ursula von der Leyen en el Parlamento el día de su elección Reuters

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La idea básica de la democracia es la elección de un determinado candidato, a un puesto, a través de los votos expresados por los participantes en un censo o agrupación, así es desde el caso de una modesta comunidad de vecinos para designar a su presidente, pasando por un club deportivo o asociación, hasta llegar a las más altas instancias de la política, se trate de presidentes de gobierno o primeros ministros, e incluso de presidentes de naciones.



Sin embargo ese primer concepto democrático, que prevalece desde los tiempos de la Grecia clásica, ha llegado hasta nuestros días matizado, añadiendo al sustantivo de la palabra democracia, el adjetivo de representativa… ¿qué se quiere decir con ello?.



La respuesta a la pregunta anterior tiene que ver con que los electores optan por una determinada candidatura, más allá de quien encabece la lista a la que deciden otorgar su confianza, y que esos representantes elegidos, junto con los electos de las otras opciones, se constituyen en una asamblea (Parlamento, Congreso, Senado, Cámara de Representantes, etc…) y son ellos quienes optan por la elección definitiva, pudiendo recaer la designación en personas distintas a quienes hubieran concitado el apoyo de los votantes, aún siendo mayoritario.



¿Piensan que exagero?, pues tenemos un ejemplo bien cercano. Hace dos meses, en toda Europa se realizaron las votaciones al Parlamento Europeo en la campaña de las cuales se repitió el mensaje de que se trataba de unos comicios que señalaban la posibilidad de elegir, por parte de los europeos, al nuevo/a presidente de la Comisión, primer cargo ejecutivo de la Unión Europea, concitando el apoyo de las opciones mayoritarias, respectivamente, Frans Timmermans (Socialistas y Demócratas -S&D-) candidato en Holanda y Manfred Weber (Partido Popular Europeo -EPP-) candidato en Alemania. 



Ambos ganaron la confianza de sus conciudadanos en sus respectivos países (Holanda y Alemania), aún con resultados irregulares, y a nivel agregado de toda Europa fue la opción del Partido Popular Europeo (EPP) quien consiguió más apoyos, sin embargo ni Mr. Weber ha sido investido como presidente de la Comisión, ni tampoco Mr. Timmermans que parecía tener un acuerdo previo en torno a él, incluso con apoyos de opciones políticas distintas de la que él representaba.



Finalmente el proceso de elección en el que participaron el 50,62% de los europeos con sus votos, uno a uno, se subliminó en un conciliábulo de tres personas que decidieron a quién dirigirá los designios ejecutivos de la Comisión Europea hasta 2024, como resultado de unas negociaciones, excesivamente opacas, entre los líderes que representaban a las tres opciones políticas mayoritarias presentes en el Parlamento: Angela Merkel (EPP), Pedro Sánchez (S&D) y Emmanuel Macron (REG), reseñados en ese orden en función del número de europarlamentarios de cada grupo; cuya decisión pasó por acordar como sucesora de Jean-Claude Juncker a Ursula von der Leyen, hasta entonces ministra de Defensa de Alemania y cercana colaboradora de Merkel, quién ni se presentó a los comicios europeos, ni era persona especialmente conocida, ni tuvo opción de defender sus ideas ante la ciudadanía de Europa, lo cual abrió la espita para que Macron barriera para su propia casa (Francia) consiguiendo la presidencia del Banco Central Europeo para Christine Lagard, quien ya estaba en el periodo final de su segundo mandato en el FMI, y Pedro Sánchez, finalmente, consiguiera para España la jefatura de la diplomacia europea en la persona de Josep Borrell.



Si los programas electorales de los distintos partidos nunca llegan a ser llevados a la realidad y tampoco los líderes a los que se votan son los que llegan a gobernar …¿la democracia es un sistema político o un simple entretenimiento?.



Más allá de las cualidades de los candidatos elegidos, y de sus bonanzas, no parece que una manipulación tan torticera de los sistemas de elección que deberían emanar desde la ciudadanía acerque, e implique, a ésta en un proyecto como el europeo, sino más bien al contrario.



Claro que por la senda que va la política, europea y española, quien sabe si en un día, no muy lejano, tengamos que presenciar que los parlamentarios elegidos con nuestros votos en el Congreso de los Diputados terminan por designar como presidente del Gobierno a una persona acordada por una pequeña parte de los líderes del momento, políticos y no, que a pesar de no ser parte de quienes allí ocupan un escaño, ni haberse sometido a plebiscito ante los ciudadanos, sí llegase a ocupar el palacio de la Moncloa. 



Puede sonar raro, pero quizás no estemos tan lejos de ello, ¡ah! y recuerden sería un proceso totalmente democrático. Cosas de la democracia representativa