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Albert Rivera, durante la rueda de prensa tras la moción de censura.

Albert Rivera, durante la rueda de prensa tras la moción de censura. Efe

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400 metros lisos hacia la Moncloa. Dos equipos: el primero arco iris y el segundo naranja. El primer corredor del “Equipo arco iris” va de azul y corre sus 200 metros.  Llega a la entrega del testigo casi cayéndose al de rojo-verde-amarillo-rosa-celeste-gris-negro que, muy dispuesto él, recoge abajo el testigo y guiña el ojo al anterior corredor. El de azul, ya tirado en el suelo, anima y jalea al multicolor  para que llegue a la altura del equipo naranja, que hace rato le espera en la meta. 

La sesión plenaria de la moción de censura socialista ha dejado muchas lecturas. La más llamativa a mi juicio fue el acuerdo de voluntades entre censurante y censurado. ¿Acaso creían que la felicitación y amarga despedida de Rajoy era sincera? Pues no, como casi todo en PP y PSOE era más falsa que un billete de 300€.

Sí, lo confieso, he vuelto a ver las sesiones del Congreso en las que intervinieron todos los grupos y he confirmado la impresión que tuve en directo. Es cierto que me fijo especialmente en las intervenciones de Albert Rivera, y por ello lo que se sucedió aquel día tiene que ser subrayado y publicitado. Hablo del acuerdo de aplausos mutuos y conjuntos entre PP y PSOE en las intervenciones contra Ciudadanos. A diestra y siniestra se generaba algarabía reprobatoria cuando Albert exponía su visión constructiva de un país que necesita ya mismo de su proyecto. 

Todos contra Ciudadanos, ello visto lo visto otorga a los de Albert Rivera la legitimación necesaria para que los ciudadanos confíen en el único equipo que tiene como objetivo hacer un país cohesionado, coherente y de progreso.