Opinión

Sindicalismo a golpe de mamporro

Pablo Iglesias e Irene Montero durante el segundo congreso ciudadano de Podemos en Vistalegre II.

Pablo Iglesias e Irene Montero durante el segundo congreso ciudadano de Podemos en Vistalegre II.

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Pablo Iglesias ha ido a la cárcel a ver a su amigo Andrés Bódalo en la cárcel por pegar una paliza a una persona que no pensaba como piensa él. Podemos recordar también la hazaña de éste héroe sindicalista cuando agredió vilmente a una mujer embarazada y si hacemos memoria, nos toparemos con supermercados asaltados.

Nunca he sido de sindicatos a decir verdad, no es que crea que son el demonio pero tampoco son trigo limpio. Los dos sindicatos mayoritarios son un nido de corrupción y estafa, los minoritarios como el SAT no merecen ni ser llamados sindicatos. Es evidente que debemos separar sindicatos y sindicalistas porque entre los sindicatos como en todo lugar hay gente muy válida. Si hacemos un repaso a las hazañas del sindicato SAT poca atención y defensa de los trabajadores hacen, pero lo que de verdad defienden es la ley de la selva. Ocupaciones de fincas, asaltos a distintos supermercados y amenazas es el "modus operandi" de una banda llamada a sí misma "sindicato".

Pero lo que más llama la atención son las palabras del líder (más que nunca) defendiendo al delincuente como es habitual en él. Una persona que es capaz de pedir perdón a sus huestes por no partir la cara a los fachas con los que habla por tv, o defendiendo a etarras como Otegui no puede ser un ser humano decente. Los ciudadanos de a pie que trabajamos para poder sacar a flote éste país no podemos dejar de sentir cierto temor ante la preocupante escalada de violencia de la nueva izquierda. Esa nueva izquierda que pasa por denominarse comunista, anarquista, anticapitalista... anti todo.

La nueva casta de la nueva política que pretende que los demás hagan a su voluntad siguiendo al macho alfa mientras mantiene a sus mujeres cerca con un puesto más que envidiable. La violencia sube de tono día a día mientras practican la demagogia para con los más desfavorecidos prometiendo medidas que tardan pocos días en negar o ayudas que llegan a desmentir en poco tiempo.

La nueva casta que es capaz de defender a dictaduras como la de Venezuela no ya por dinero, si no por ideología y no hace nada por los presos opositores, es capaz de pedir la libertad de los asesinos sanguinarios de ETA.

La historia nos ha demostrado que el populismo y el comunismo no puede traer nada bueno a un país, a una nación. El comunismo ha tenido como práctica común la represión, la violencia y la miseria. Cuando los líderes de un partido que aspira a la presidencia del gobierno en España presume de pegar a gente de una clase social más baja que la suya, o defiende que hacer sindicalismo es agredir se deben de encender todas las alarmas.

Nunca en la historia de la democracia un partido radical, extremista y populista ha estado en las calles con un discurso tan cargado de odio, odio hacia el mismo país en el que pretenden convivir con aquellos fachas que no piensan como ellos; odio a sus instituciones, odio hacia sus símbolos.

Las diversas ideologías son la base de una gran nación, de una gran sociedad avanzada y moderna. Cuando por parte de los grupos más extremistas se ataca la forma de pensar de una parte de la población que no comulga con los postulados de la nueva izquierda nos hace retrotraernos a una etapa de la historia en la que se perdieron una elecciones y se tomó el poder en las calles.

Las instituciones debería de tener unos mecanismos para protegernos de los peligrosos extremismos como los que representan la nueva izquierda pero todo lo contrario. Con el macarrismo enquistado en parte de la población que defiende la violencia tanto verbal como física, poco podemos hacer los ciudadanos que no sentimos en nuestro fuero interno la necesidad de ser progre y demostrarlo a cada minuto de nuestra existencia. De ser una sociedad que ha ido modernizándose poco a poco, la involución es patente en el día a día en las calles. Los más jóvenes se van abandonando cada vez más a los discursos de odio más radicales. El odio a nuestro país, a nuestra patria va ganando adeptos entre las franjas de edades más jóvenes y nuestra historia además de olvidada, sigue siendo manipulada.

Aquellos jóvenes que no han crecido con las noticias frecuentes de atentados que de manera cruel y rastrera acababa con la vida de mujeres y niños, ahora se arriman a los planteamientos independentistas con la bandera de la libertad... cuando la libertad es todo lo contrario.

Pocas veces en la historia del ser humano ha habido una incongruencia tan grande como la que se está dando en éstos tiempos aquí mismo, en nuestras calles. Los que simplemente queremos vivir en libertad en una sociedad democrática, avanzada y solidaria nos vemos atacados por éstos individuos que jalean lo peor del ser humano. La historia nos ha dado lecciones recientes de cómo acaban los regímenes totalitarios y populistas tan de moda entre los jóvenes y no tanto.

Mañana seguirá saliendo el sol, y yo seguiré pidiendo que los delincuentes sigan en la cárcel, y evidentemente algunos que entren.