Zaragoza
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Cuando un comercio local baja la persiana la identidad de la ciudad se desvanece un poco.

Por ello, cuando un valiente ( o una valiente) la levanta hay que gritarlo a los cuatro vientos. Que se entere todo el mundo que el comercio local sigue vivo, que está presente en nuestras calles, en nuestros barrios, y que son parte fundamental de la personalidad de Zaragoza.

Es el caso de Grey Gardens, una tienda de ropa vintage que acaba de abrir sus puertas en la calle Méndez Núñez, en El Tubo.

Detrás del mostrador está Virginia Dolera, su propietaria. A sus pies, Enrique, un perro tranquilo y simpático, recibe a quienes entran mientras ella atiende a los clientes.

Virginia con su perro Enrique. E.E

La nueva tienda abrió el pasado 7 de septiembre, aunque Grey Gardens ya llevaba tres años formando parte del comercio zaragozano.

"Yo cogí el traspaso de la tienda de la Magdalena hace tres años", explica Virginia. Un año después llegó la segunda tienda, en la calle San Félix, que gestiona junto a su marido, Óscar.

Ahora han decidido trasladar el establecimiento de la Magdalena hasta Méndez Núñez.

"No lo teníamos pensado, pero los chicos que tenían la tienda aquí, Blue Velvet, son amigos. Cuando supimos que se iban les dijimos: 'Oye, pues entonces nos trasladamos aquí'", cuenta.

La elección del nuevo emplazamiento tampoco es casual. Estar junto a El Tubo supone más paso de gente y también más visitantes.

"Pensamos que esta zona está más cerca de la calle Alfonso, tiene más paso y más turismo", señala Virginia.

Prendas únicas

Entrar en Grey Gardens es hacerlo en un pequeño recorrido por distintas décadas de la moda.

La tienda reúne prendas desde los años 50 hasta los 2000, pero no se trata de comprar grandes lotes y seleccionar después.

"Nosotros seleccionamos todo pieza a pieza", explica. Para encontrar el género, Virginia y Óscar viajan a distintos puntos según lo que buscan. Francia, Italia o Madrid forman parte de sus rutas habituales.

"No compramos nunca ni lotes ni al peso. Todo lo que tienes en la tienda son piezas un poco más exclusivas", señala.

Hay vestidos, blusas, bolsos, zapatos y otras prendas de diferentes épocas. Algunas tienen precios muy asequibles y otras forman parte de lo que en la tienda denominan prendas de archivo. Entre ellas pueden encontrarse artículos de firmas premium y piezas especialmente singulares.

La diferencia está también en que no todo lo que parece antiguo es necesariamente vintage. "Vintage quiere decir que sea ropa que como mínimo tenga 20 años de antigüedad y que tenga unas características propias de la época", explica Virginia.

Unas hombreras pueden identificar los años 80 y determinados estampados o cuellos llevar directamente a los 70.

También hay espacio para prendas de segunda mano. Es el caso de algunos vaqueros Levi's 501, que pueden encontrarse por unos 40 euros o cazadoras por 30.

El mundo de la moda

La historia de Virginia detrás del mostrador tampoco empezó en una tienda de ropa. "Yo venía del mundo fitness y del mundo comercial. No tenía nada que ver", reconoce.

Después de varios años en ese sector, decidió que necesitaba un cambio de aires.

La oportunidad apareció con aquella primera tienda de la Magdalena. "Dije: 'Pues oye, voy a probar' y me metí en esto", recuerda.

Tres años después, la aventura continúa con dos establecimientos y un proyecto que comparte con su marido.

Ser autónomo, admite, implica asumir riesgos. "Para lanzarse con esto hay que ser un poco temerario", reconoce entre risas. Pero hay una parte del negocio que compensa la incertidumbre, pues le encanta el contacto directo con los clientes.

"Al final trabajo en lo que me gusta pues nos gusta también el trato con el público", explica.

Algunos clientes habituales han terminado convirtiéndose en amigos y Virginia incluso piensa en ellos cuando está buscando nuevas prendas.

"Muchas veces estoy comprando, cojo algún vestido y digo: 'Sé que esto le va a gustar a fulanita'. Antes de sacarlo a tienda le mando la foto: 'Tengo esto para ti'", cuenta.

Es, precisamente, una de las diferencias que encuentra en el pequeño comercio. "Ese trato no lo vas a tener nunca en una gran superficie ni comprando por internet", afirma.

Y mientras hablamos, la tienda sigue teniendo movimiento. Clientas que entran, salen, miran, preguntan... son atendidas por Virginia con calma y cercanía.

La escena resume bastante bien lo que busca Grey Gardens en su nueva ubicación: ropa con décadas de historia, piezas que no se repiten pero, sobre todo, una tienda en la que detrás de cada prenda sigue habiendo una persona.