Ahora que se termina el verano y comienzan las prisas de septiembre hay que tener en el calendario alguna escapada para recuperar la serenidad.
Panticosa es uno de esos pueblos en calma que invitan a pasear disfrutando de la paz que guardan.
En pleno Valle de Tena, en el Pirineo oscense, esta localidad combina calles de montaña, naturaleza, actividades al aire libre y uno de los balnearios más conocidos de Aragón.
Panticosa
Con alrededor de 800 habitantes, Panticosa mantiene el encanto de los pequeños pueblos pirenaicos, pero durante buena parte del año multiplica su actividad gracias al turismo. La nieve la convierte en un destino muy frecuentado en invierno, aunque sus atractivos van mucho más allá de la temporada de esquí.
El entorno es uno de sus grandes reclamos. Montañas, bosques, ríos e ibones forman un paisaje perfecto para quienes buscan una escapada en contacto con la naturaleza. Y buena parte de sus rincones pueden descubrirse caminando, tanto por el propio núcleo urbano como a través de las diferentes rutas que parten de la localidad.
Un balneario con siglos de historia
Uno de los grandes tesoros de Panticosa se encuentra a varios kilómetros del pueblo. Es el Balneario de Panticosa, situado a unos 1.600 metros de altitud y rodeado por las montañas del Pirineo.
El lugar cuenta con una tradición termal que se remonta a la época romana. Sin embargo, el primer edificio destinado a los baños se construyó en 1693 y las primeras referencias documentadas a la presencia de bañistas datan de 1766.
Durante el siglo XIX, el complejo fue creciendo y ganando importancia. Aparecieron diferentes edificios y hoteles, entre ellos la Casa Belío, la Casa Boreda y la Casa de la Fonda. Más tarde llegaron construcciones como el Hotel Victoria, el Hotel de Embajadores o la iglesia del Carmen, inaugurada en 1883.
El conjunto atravesó también momentos complicados. Después de décadas de actividad, cerró en 1979 como consecuencia de una crisis financiera. Tras un importante proceso de rehabilitación, volvió a abrir sus puertas en 2008.
Actualmente, todo el espacio está protegido como Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico. La declaración incluye el ibón de los Baños, las praderas y las construcciones del complejo, en una superficie que supera los 580.000 metros cuadrados.
Pasarelas, montañas y excursiones
Pero Panticosa no necesita únicamente su balneario para justificar una visita. El municipio ofrece numerosas posibilidades para disfrutar del paisaje pirenaico.
Una de las propuestas más llamativas son las pasarelas de Panticosa, un recorrido que permite avanzar sobre diferentes tramos del río Caldarés y contemplar el paisaje desde una perspectiva diferente.
Tren de panticosa.
El itinerario llega hasta el mirador O Calvé, desde donde se obtienen unas excelentes panorámicas de la localidad y las montañas que la rodean.
También está el Tren de Panticosa El Sarrio, una alternativa para adentrarse en el valle de La Ripera sin necesidad de afrontar una larga caminata. El recorrido parte del pueblo y alcanza en unos 45 minutos la Fuente de La Ripera, situada a 1.520 metros de altitud.
Y cuando llega el invierno, Panticosa cambia de escenario.
La estación de esquí de Aramón Formigal-Panticosa convierte la zona en uno de los destinos de referencia para los aficionados a los deportes de nieve.
Durante los meses de buen tiempo, en cambio, el telecabina permite disfrutar de las vistas y acceder a rutas de montaña y a algunos de los característicos ibones pirenaicos.
El pueblo oscense es un destino de montaña para cualquier época del año, donde un paseo por sus calles puede combinarse con una ruta, una jornada entre paisajes pirenaicos o una visita a un balneario con más de tres siglos de historia.
