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Ya lo dicen, tener hijos te cambia la vida. Las prioridades se modifican, aumenta la responsabilidad y, para los padres y madres que trabajan, aparece el reto de conciliar el tiempo dedicado al trabajo con el de la familia.

Por suerte, el sistema laboral español contempla diferentes permisos y medidas para facilitar esa conciliación. Una de ellas es la excedencia para el cuidado de hijos, recogida en el Estatuto de los Trabajadores.

En España, según los datos de 2025, se registraron 54.639 excedencias para el cuidado de familiares. De ellas, el 83,1 % fueron solicitadas por mujeres, un dato que pone de manifiesto la brecha de género que todavía existe en los cuidados.

Hasta 3 años de excedencia

Estadísticas aparte, "los trabajadores tendrán derecho a un periodo de excedencia de duración no superior a tres años para atender al cuidado de cada hijo", establece el artículo 46 del Estatuto de los Trabajadores.

En la práctica, esto significa que, cuando llega un nuevo miembro a la familia, puede solicitarse una excedencia de hasta 3 años sin perder tu puesto de trabajo.

Esta medida se aplica tanto en partos naturales, adopciones, guarda con fines de adopción o acogimiento permanente. Asimismo, el plazo de tres años comienza a contar desde la fecha del nacimiento o, cuando corresponda, desde la resolución judicial o administrativa que determine la adopción o la situación de guarda o acogimiento.

Además, se trata de un derecho individual de cada trabajador, por lo que cada padre puede solicitar su propia excedencia si cumple los requisitos. Eso sí, si ambos padres trabajan en la misma compañía, la empresa "podrá limitar su ejercicio simultáneo por razones fundadas y objetivas".

A diferencia de la excedencia común, que requiere un año de antigüedad para poder acceder a ella, este tipo de permiso destinado para el cuidado de hijos no requiere ninguna antigüedad en la empresa.

Aunque lo mejor es revisar siempre el convenio, ya que muchos pueden regular el preaviso y la forma de ejercicio.

Efectos de la excedencia

Durante el primer año, la ley garantiza la reserva del mismo puesto de trabajo. A partir del segundo, se mantiene el derecho a regresar a un puesto del mismo grupo profesional o categoría equivalente.

Además, el tiempo que dure la excedencia cuenta a efectos de antigüedad. Es decir, aunque estés fuera de la empresa, ese periodo sigue sumando como si efectivamente estuvieses trabajando.

En cuanto al dinero, durante la excedencia no se cobra salario. Sin embargo, en la excedencia por cuidado de hijos, los tres primeros años se consideran cotizados a la Seguridad Social.

Superado ese plazo, el resto del tiempo en excedencia no cotiza.

Al final, cuidar de un hijo también es trabajo, aunque no tenga nómina. La excedencia permite, al menos durante un tiempo, que la familia sea la prioridad sin perder del todo el vínculo con la empresa.