Pequeños hábitos, como dejar la luz del pasillo encendida por miedo a la oscuridad, mantener el cargador del móvil conectado continuamente a la corriente o abrir y cerrar el horno para comprobar cómo va la pizza, pueden hacer que se dispare la factura de la luz.
No lo digo yo. Iván Terrón, uno de los expertos energéticos más conocidos en redes sociales (@ivanterronasesor), lo explica en uno de sus últimos vídeos.
"El hecho de no abrir y cerrar el horno, te puede ahorrar hasta un 30 % de energía durante la cocción", explica el asesor.
En otras palabras, cada vez que abres la puerta del horno para echar un vistazo a la comida, estás perdiendo dinero. Y el motivo es mucho más sencillo de lo que podemos pensar.
"Cada vez que abres la puerta para mirar la comida el horno pierde calor y tiene que volver a calentarse", afirma, matizando que es "ese pequeño gesto repetido muchas veces es el que hace que consumas mucho más".
Por eso, si quieres evitar un consumo innecesario, hay un gesto tan sencillo como efectivo, y es dejar de abrir la puerta del horno cada pocos minutos para comprobar cómo va la comida.
Así que "por favor, usa la luz del horno, que está para eso", insta.
Horno abierto.
Dejar la puerta del horno abierta después de cocinar
Otro de los hábitos que pueden jugar en contra a la hora de reducir la factura de la luz es dejar la puerta del horno abierta una vez terminamos de cocinar.
Muchos lo hacen pensando que así el electrodoméstico se ventila mejor y consigue enfriarse más rápido.
Sin embargo, ocurre justo lo contrario y, además, puede afectar tanto a la seguridad como al rendimiento del horno.
Los principales fabricantes de hornos explican que estos electrodomésticos están diseñados para enfriarse con la puerta cerrada. De hecho, muchos modelos incorporan ventiladores que expulsan el calor y la humedad progresivamente.
Pero hay otro aspecto que conviene tener en cuenta, y es el consumo energético.
Del mismo modo que comentaba Terrón, al abrir la puerta el calor se pierde más rápidamente, lo que puede obligar al horno a trabajar más para recuperar la temperatura cuando vuelva a utilizarse.
El resultado es un mayor consumo de energía y una menor eficiencia del electrodoméstico.
A fin de cuentas, a veces dejar las cosas como están es más eficiente que intentar 'darle la vuelta a la tortilla' para reducir la factura de la luz. Y, en el caso del horno, dejarlo cerrado siempre será lo más eficiente.
