Las pasarelas de Alquézar o la zona de Fiscal, suelen ser destinos habituales entre los aragoneses para refrescarse en verano.
No obstante, hay pueblos menos conocidos que también están rodeados de naturaleza y surcados por un río que forma piscinas naturales increíbles.
En esta ocasión hablamos del Valle de la Garcipollera, con su pueblo Castiello de Jaca y sus pozas del Puente Viejo.
A menos de dos horas en coche desde Zaragoza podemos llegar a este rincón espectacular para disfrutar de un día de excursión o de una escapada con su noche incluida.
Castiello de Jaca es un pequeño pueblo que apenas cuenta con 300 habitantes, se puede pasar la noche en algún albergue de Jaca, e ir al pueblo vecino en coche para refrescarse en las piscinas naturales.
Pozas de la Garcipollera
A los pies del Pirineo aragonés se encuentra Castiello de Jaca, un pequeño municipio que actúa como puerta de entrada a uno de los valles más discretos y sorprendentes de la zona: la Garcipollera.
Pese a su cercanía a enclaves muy turísticos, este rincón de la Jacetania sigue conservando una tranquilidad casi intacta.
Pozas del Puente Viejo.
El valle de la Garcipollera se abre desde el propio Castiello de Jaca y se extiende siguiendo el curso del río Ijuez, un afluente del Aragón que ha modelado durante siglos este paisaje de suaves laderas, bosques repoblados y antiguos pueblos hoy deshabitados.
Su historia reciente está marcada por un proceso de expropiación y reforestación llevado a cabo a mediados del siglo XX, que dejó vacíos sus núcleos originales, hoy integrados en un entorno natural de gran valor ecológico.
Sin embargo, lejos de ser un territorio olvidado, la Garcipollera se ha convertido en un destino muy apreciado por senderistas y amantes del baño en plena naturaleza.
Entre sus atractivos más conocidos destacan las llamadas pozas del Puente Viejo de Castiello de Jaca, un conjunto de piscinas naturales formadas en el cauce del río Ijuez.
Valle de la Garcipollera.
Estas balsas se sitúan bajo un antiguo acueducto del Canal de Jaca, cuyos arcos de piedra enmarcan el agua cristalina creando una de las estampas más reconocibles del valle.
El acceso a este enclave es sencillo, aunque conserva ese punto de “descubrimiento” que tanto valoran quienes lo visitan. Desde el núcleo urbano de Castiello de Jaca, una breve caminata permite adentrarse en el valle y alcanzar las pozas en apenas unos minutos.
Allí, el río se divide en pequeñas balsas escalonadas, de aguas frías incluso en pleno verano, que invitan al baño y al descanso en sus orillas de piedra y vegetación.
El entorno es especialmente atractivo en los meses estivales, cuando el calor del Pirineo convierte estas pozas en un refugio natural muy demandado.
Pozas de la Garcipollera.
No obstante, el lugar mantiene un ambiente relativamente tranquilo en comparación con otros puntos más conocidos de la comarca, lo que contribuye a su encanto.
Más allá del baño, la Garcipollera ofrece una experiencia completa de naturaleza.
El valle está atravesado por pistas forestales y senderos que permiten recorrerlo a pie o en bicicleta, entre bosques de pino y robledales repoblados, donde no es raro avistar fauna como ciervos o jabalíes.
Todo ello en un entorno que combina patrimonio natural, historia reciente y la huella del antiguo Camino de Santiago, que también pasa por la zona.
