Zaragoza
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Lo que empezó como una conversación de pareja se acabó convirtiendo en un pequeño negocio sobre ruedas. O, más bien, un sueño hecho realidad. Luna, de 23 años, e Igor, de 31, son dos baristas que se conocieron hace unos años mientras trabajaban juntos en una cafetería de Zaragoza.

Lo que no sabían, por aquel entonces, es que acabarían creando su propio local. Aunque no uno cualquiera, sino una cafetería con la que pueden cumplir con otro de sus sueños: "Viajar por el mundo".

La idea inicial, cuentan, era abrir una cafetería física. Aunque conforme pasaba el tiempo y esas conversaciones se iban materializando, pronto se dieron cuenta de que no querían "estar atados a un local".

Buscaban un negocio que les permitiera seguir moviéndose, viajar y, además, "que fuera menos costoso", señala Luna. "Al principio siempre hay una inversión muy grande, pero se nos ocurrió esta idea que, además de resultarnos más económica, nos permitió centrar los gastos en los materiales para ofrecer un buen producto", explica. Y así surgió Thiberia coffee.

Ahora son trabajadores "nómadas". Con su carrito, que ellos mismos construyeron, han encontrado el vehículo perfecto para poder desempeñar su trabajo en bodas, eventos y todo tipo de celebraciones privadas.

Ambos aseguran que "ya desde hacía tiempo" querían emprender. Aunque fue al encontrarse cuando vieron "la oportunidad perfecta" y dar el paso. "A veces te da miedo hacerlo solo y, además, nos complementamos muy bien porque a uno se le da mejor una cosa y a otro otra. Somos un gran equipo", cuenta Igor.

De hecho, según Luna, esta experiencia les ha unido "incluso más". "Al final, acabas conociéndote mucho más y la comunicación se vuelve imprescindible", explica.

Un café "premium" sobre ruedas

Su propuesta gira alrededor del café de especialidad, aunque la carta va mucho más allá del expreso clásico. Además de distintas elaboraciones de café, ofrecen "matcha, chai latte, cold brew o café de filtro, todo preparado con maquinaria profesional", detalla Igor.

"Preferimos tardar tres minutos más y que el café salga perfecto", asegura Igor, pese a que dice que "hay mucha gente que no lo entiende, pero hay una gran diferencia".

La oferta gastronómica también sigue esa filosofía de 'hacer poco, pero hacerlo bien'. Entre sus productos destacan un bizcocho de lavanda y limón, una tarta argentina de coco y dulce de leche y alfajores de pistacho. Como opción salada, preparan un brioche de pollo con rúcula y especias.

Aunque el proyecto todavía está dando sus primeros pasos, ya han vivido situaciones de recuerdo. Una de las más complicadas les sucedió durante un evento en Urrea de Gaén, "cuando la furgoneta de alquiler para transportar el material no arrancó pocas horas antes del servicio", rememora Luna entre risas.

"Fue un show. Tuvimos que llamar a amigos y familiares para llevar el carro, la cafetera y toda la estructura en varios coches porque, claro, no cabía en un maletero normal", explica. Finalmente dice que, aunque llegaron con "un poco de retraso", consiguieron sacar adelante el evento "sin más incidentes".

El café como "pausa"

Más allá del negocio, ambos coinciden en que el café es una bebida muy especial para ellos. No solo porque ambos son baristas, sino porque para ellos significa "un momento de encuentro".

"Puedes tener un día caótico, pero siempre existe esa pausa para tomarte un café y desconectar", reflexiona Luna.

Esa idea es precisamente la que quieren trasladar a sus eventos: "Crear pequeños espacios de calma y cercanía alrededor de una taza", plantea la joven.