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A nadie le gusta comer pan del día anterior, eso es un hecho, sin embargo, tanto médicos como especialistas en nutrición tienen otro punto de vista.

Profesionales en nutrición y dietética como María Merino (@comiendoconmaria), o Bea Gonfer (@bea_gonfer), aseguran que un simple hábito como congelar el pan modifica la estructura del almidón y ayuda a reducir los picos de glucosa en sangre.

El pan es un alimento muy rico en almidón (aproximadamente 50 / 60 gr por cada 100 gr de pan, son almidón), y el hecho de congelar y descongelarlo convierte este elemento en "almidón resistente", un tipo de fibra que no se digiere en el intestino delgado, llegando directamente al colon.

Esta práctica ayuda a "alimentar de una manera sana las bacterias de tu intestino", explica la especialista Bea Gonfer en uno de sus vídeos.

"Se convierte en una especie de fibra que tu intestino no es capaz de absorber por completo. Y cuando llega al colon, las bacterias que viven ahí sí son capaces de digerirlo. Lo utilizan de alimento para fabricar butirato, un compuesto esencial para la salud digestiva", añade la profesional.

En otras palabras, ayuda a reducir los niveles de azúcar del cuerpo y a consumir menos calorías.

"El almidón resistente no es un hack metabólico"

Aunque una pequeña parte del alimento se convierte en resistente al enfriarse, esto no significa que el producto pierda calorías mágicamente.

"Mucha gente cree que es el truco para adelgazar, es la manera de comer hidratos sin que engorde, y esto tiene que quedar muy claro: el almidón resistente no adelgaza, no te ayuda a perder peso", afirma la especialista.

Además, reconoce que el almidón resistente puede reducir ligeramente los picos de glucosa, algo muy útil para personas con resistencia a la insulina, pero advierte que esto no convierte un plato insano en saludable.

De nada sirve congelar y descongelar una barra de pan si luego lo untas en mayonesa, de la misma manera que no sirve enfriar la pasta si le pones una salsa industrial llena de azúcar.

Aunque este almidón resistente sea asimilado por nuestro cuerpo como una fibra y no como un hidrato de carbono, siendo "positivo y probablemente ayude a generar mejor variabilidad y proliferación de la microbiota sana", señala, el hecho cierto es que "no es imprescindible".

"Si tengo una alimentación que tiene gran variedad de fibras, como frutas, verduras, legumbres, frutos secos, integrales, semillas, etc (..) Tengo microbiota más que sana y no necesito añadirle el almidón resistente", concluye la especialista.

En este sentido, la profesional recomienda que, si bien esta práctica es un plus, lo mejor será hacerlo cuando resulte cómodo y práctico para el día a día.