Aragón no se entiende sin sus pueblos. En total hay 731 municipios, eso sí, todos comparten una cosa en común, además de la bandera aragonesa, claro está, la atenta mirada de Valdelinares (Teruel).
Ubicado a unos vertiginosos 1.692 metros de altura, este encantador pueblo de aproximadamente 80 vecinos puede presumir no solo de ser el pueblo más alto de Aragón, sino también de España.
De hecho, quién diría que teniendo los Pirineos 'a tiro de piedra', como se dice popularmente, sería Teruel la comunidad que encabezase el ranking con nada menos que tres pueblos como los más altos de España.
Siguiendo a Valdelinares, tenemos en segunda posición a Griegos con 1.601 metros y, en tercer puesto, Gúdar con 1.588.
Así es vivir a casi 1.700 metros de altitud
A apenas unos cientos de metros del pueblo más alto de España, cuando se alcanzan en torno a los 2.400 metros de altitud, empiezan a hacerse notar los primeros síntomas del mal de altura.
La hipoxia (mal de altura) todavía no se siente en la localidad. Sin embargo, de lo que no se libra es del frío y la nieve, ya que debido a su altura cuenta con uno de los inviernos más gélidos de toda la comunidad (han llegado a marcar incluso los 24 grados bajo cero).
De hecho, en temporada alta de turistas, lo más recomendable es el uso de cadenas ya que pueden darse situaciones de peligro debido al estado de los accesos.
Este tiempo, en cualquier otro pueblo, podría ser visto como una desventaja, pero que en su caso, al tener las pistas de esquí de Javalambre - Valdelinares a escasos minutos en coche, supone todo lo contrario, siendo uno de los principales motores económicos del pueblo.
Valdelinares estación de esquí
En cambio, este frío es favorable en los meses de verano, ya que al estar tan alto se considera un refugio ideal para combatir el calor.
La altura a la que se sitúa un territorio no solo influye en el temporal; también determina cómo se trabaja el sector primario. A 1.692 metros, el campo no entiende de los mismos tiempos que en zonas más bajas y el año agrícola se acorta considerablemente.
En lo que a agricultura se refiere, el clima obliga a apostar por cultivos más resistentes, capaces de soportar heladas y temperaturas suaves incluso en primavera, como la patata o ciertos cereales.
La ganadería, en cambio, ha sabido adaptarse mejor a este entorno. El ovino encaja especialmente bien en estas condiciones, lo que ha consolidado la cría de ovejas como una actividad clave, tanto por la producción de lana como por la carne de cordero.
Lo que queda claro es que es uno de esos municipios aragoneses que no pasan desapercibidos. Eso sí, si tienes pensada una escapada, lo mejor es que lleves contigo ropa de abrigo y unas cadenas en el maletero por si acaso.
