En el Pirineo existen auténticos 'tótem' del turismo. Lugares como Aínsa, Torla, Jaca o Benasque reciben miles de visitantes cada año. No es casualidad, su belleza, historia y la cantidad de planes que ofrecen los convierten en apuestas seguras.
Pero más allá de estos destinos tan conocidos, el Pirineo esconde pequeños municipios que han pasado desapercibidos para la mayoría de los turistas.
Uno de ellos es Pueyo de Jaca, una localidad de menos de 100 habitantes perteneciente a Panticosa, en pleno Valle de Tena.
Ubicada a 1.091 metros de altura, cuando nieva en el valle, parece una postal que nada tiene que envidiar a los Alpes Suizos.
La zona es más que privilegiada. En apenas cinco minutos se llega a las pistas de Panticosa y, en unos quince, a Formigal, lo que lo convierte en un punto perfecto para disfrutar del valle y del esquí sin tener que soportar mucho los atascos habituales de la carretera A-136 que conduce a las pistas.
Así es la localidad
No solo tiene como principal fuerte su ubicación, entre Biescas y Panticosa, el municipio es perfecto para patearlo con tranquilidad y empaparse de la arquitectura típica del Pirineo.
El Pueyo de Jaca nevado
Calles y casas empedradas son una constante durante el paseo, dando pie a pequeñas plazas y a monumentos de gran valor arquitectónico y cultural como la Iglesia de San Miguel, del s. XVIII, dominando en lo alto el municipio y construida sobre una iglesia anterior (del siglo XVI).
Asimismo, en el paseo puedes encontrarte bellas fuentes como la de la calle Pozaleras o la fuente de la Plaza. También, a las afueras del municipio, merece una visita el puente del Concellar (1550), elaborado con piedra y madera por el que el Camino Real cruzaba el río Caldarés de camino hacia Escarrilla, Sallent de Gállego o la frontera.
Si hablamos de historia, bien merece una mención el Palacete de la Viñaza. Hoy reconvertido en un albergue juvenil y, en su día, residencia de vacaciones del Conde de la Viñaza y lugar de una misteriosa leyenda que ha ido pasando de generación en generación.
La leyenda de Celina
Cuenta la leyenda que a mediados del siglo XIX, los marqueses de Saint Lary pasaban largas temporadas en un pueblo junto a los ríos Gállego y Caldarés. Para cuidar de sus hijos, Úrbez y Victorián, contrataron a Celina, una joven culta, amante de la lectura y del piano.
El día de Todos los Santos, un descuido provocó que los niños cayeran al río y murieran ahogados junto a Celina al intentar salvarlos.
Desde entonces, la leyenda dice que su espíritu vaga por el albergue y el parque, vestida de blanco, tocando al piano su amada 'Pavana para una infanta difunta'.
Qué hacer
Leyendas y monumentos aparte, El Pueyo de Jaca es un destino perfecto para desconectar y empaparse de naturaleza.
No solo resulta especialmente atractivo para los amantes del esquí, también del senderismo. No es raro cruzarse con deportistas recorriendo la Avenida Mirador, una carretera que conecta con Hoz de Jaca dejando a la derecha el precioso embalse de Búbal.
Después de una buena caminata, nada mejor que reponer fuerzas. El Pueyo de Jaca cuenta con un único restaurante, el bar del pueblo, llamado 'El Embalse', donde prima la cocina tradicional.
En su carta destacan platos como el jarrete de cordero, las alubias, la paletilla o las migas.
Este municipio es la prueba viviente de que alejarse de las zonas más turísticas puede ser un gran acierto.
